En el corazón de la Costa Daurada, a medio camino entre el Parque Natural del Delta del Ebro y la ciudad de Tarragona, se encuentra L'Ametlla de Mar, un lugar conocido por su gran número de calas. Esta villa marinera combina la identidad pesquera tradicional, un extenso litoral de calas vírgenes, una gastronomía centrada en los productos que se extraen del mar y el legado histórico de la antigua Orden de San Jorge de Alfama.

La costa abarca un total de 20 kilómetros, con 30 calas y playas de aguas cristalinas. Algunas de ellas son de arena fina y blanca, aunque también existen opciones más rocosas. No todo son playas, ya que también destacan los acantilados, rodeados de pinos que, en muchos casos, llegan hasta el mar, especialmente en la zona sur del municipio. La calidad de sus playas y calas se refleja, por un lado, en las seis banderas azules —que se otorgan cuando una playa cumple con estrictos criterios de calidad del agua, seguridad, servicios y gestión ambiental—. Por otro lado, cuentan con ocho banderas verdes, lo que indica que se trata de lugares donde la intervención humana es mínima o casi inexistente y se prioriza su conservación.

Playas y calas

Dentro de las playas hay opciones para todo aquel que decida visitar la zona. Para quienes acuden con mascota está la cala Bon Caponet, pequeña y acogedora, un espacio rocoso y arbolado completamente virgen en el que los animales pueden correr y disfrutar con tranquilidad a lo largo de sus 50 metros de longitud y 15 de amplitud. Siguiendo con las calas de piedras hay más opciones, aunque estas no permiten el acceso a mascotas. Algunas de ellas son la cala Ambròsia, una pequeña cala de difícil acceso; la cala de les Ampolles, rodeada de naturaleza, con aguas cristalinas y un fondo marino repleto de biodiversidad; la cala del Torrent de Pi, un pequeño rincón nudista cuyo entorno destaca por las zonas húmedas y lagunas, además de por el cercano aparcamiento; y la cala Llobeta, donde el contraste entre el mar turquesa, la vegetación de pinos y el fondo marino lleno de vida convierte el lugar en una opción para disfrutar de una jornada de descanso, hacer esnórquel o incluso iniciarse en el submarinismo.