El casco antiguo de Palafrugell no huele a crema solar: la playa queda a cuatro kil�metros, lo suficiente para preservar del turismo masivo el pueblo de Josep Pla. Las casitas son bajas, algunas con fachadas de colores pastel y conservan una sobria arquitectura ampurdanesa con toques modernistas. "Palafrugell fue una peque�a, insignificante poblaci�n payesa enmurallada hasta que se inici� la industria del corcho", escribi� el propio Pla, que naci� en 1897 en la casa n�mero 49 del Carrer Nou, donde hoy se alza su Fundaci�n, en la que se puede consultar su biblioteca (con m�s de 5.000 vol�menes), sus manuscritos o curiosear entre algunos de sus enseres personales, como sus ajadas maletas de cuero o un elegante sombrero-bomb�n."Escribir consiste principalmente en encontrar los adjetivos, en adjetivar", sosten�a Pla. La cita est� inscrita en la pared junto a una constelaci�n de adjetivos (suspendido, inacabable, rosada...) que este verano ponen palabras a las fotograf�as de Txema Salvans en la deliciosa exposici�n Adjetivar el tiempo. Una muestra que forma parte de la Bienal de Fotograf�a Xavier Miserachs, una de las m�s antiguas del pa�s, que viene celebr�ndose desde 1999 y que se extender� hasta el 18 de octubre.Instant�nea de Txema Salvans en su serie 'Perfect Day' (2005-2020).A priori, las im�genes de colores saturados de Salvans de aparcamientos desiertos, gasolineras a mediod�a o lugares tur�sticos venidos a menos no encajan con la prosa de Pla. Solo a priori. Porque el resultado de este inesperado cara a cara resulta de lo m�s sugerente, como si Pla pusiera la poes�a a los no-lugares de hormig�n de Salvans. "Compartimos una misma actitud de observaci�n, que requiere mucho tiempo, paciencia y fijarse en los detalles", se�ala Salvans, cuyo estilo -tan ir�nico, por cierto, como la pluma de Pla- recuerda al deMartin Parr pero llevado a un terreno de pol�gono y carretera, de m�rgenes y periferias (a�n m�s).A dos calles de la Fundaci� Josep Pla (en el pueblo todo est� cerca), dominando la plaza Nova en su inconfundible esquina ocre, se erige con orgullo el Centre Fraternal, el "�gora de Palafrugell", fundada a finales del XIX como el casino de las clases populares. Aqu� se reun�an obreros del corcho, comerciantes, escritores y artistas como Modest Cuixart, de quien se celebra el centenario de su nacimiento.El joven Pla pas� largas tardes en el Fraternal y le dedic� estas l�neas en La calle estrecha: "Si alg�n d�a la carrera, las necesidades o lo que sea te llevan a vivir en un pueblo, no te mezcles con el ambiente de campanario (...) No vayas al caf�. No juegues a las cartas. No frecuentes tertulias est�pidas alimentadas con habladur�as pornogr�ficas e insignificantes tertulias pol�ticas". A�n hoy los jubilados juegan a las cartas sobre tapetes verdes, el men� con productos locales cuesta 16 euros entre semana y los participantes de la Bienal acaban pasando todos por este caf� como punto de encuentro."Fundamos la Bienal en 1999, un a�o despu�s de la muerte de Xavier Miserachs, con la idea de rendirle un homenaje. Todo era muy incierto entonces, no pens�bamos que llegar�amos hasta aqu�", recuerda en una de las mesas Maria Planas, directora del festival. Fot�grafo �nico, autor del m�tico y modern�simo fotolibro Costa Brava Show (1966), Miserachs tuvo una relaci�n muy intensa con Palafrugell y en los a�os 80 se instal� a las afueras, en Esclany�. Muri� de un c�ncer de pulm�n a los 61 a�os y sus amigos -fot�grafos como Colita o Leopoldo Pom�s- se volcaron en ese homenaje con peque�as exposiciones diseminadas en lugares emblem�ticos del pueblo. "La generaci�n de Miserachs fue enormemente prol�fica pero sigue siendo muy desconocida por el p�blico", lamenta Planas. Si en la primera edici�n unas 600 personas pasaron por la Bienal, en 2024 lo hicieron m�s de 8.000, una notable cifra teniendo en cuenta que a Palafrugell solo se puede llegar en coche o autob�s.Una visitante ante una de las im�genes en gran formato de Dorothea Lange, en La B�bila.Con un modesto presupuesto de 130.000 euros, la Bienal despliega once exposiciones de primer nivel en el Teatro Municipal, el Museo del Corcho, el centro cultural La B�bila... En este �ltimo, una antigua nave del gran complejo manufacturero de corcho en el que a�n se pueden ver los grandes hornos como legado industrial, destaca la antol�gica dedicada a Dorothea Lange (1895-1965), una de las mejores fotorreporteras americanas, con im�genes cedidas por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. "Fue una gran retratista, que ya hab�a trabajado con la jet set neoyorquina. En plena Gran Depresi�n, el gobierno de Roosevelt le encarg� documentar la precariedad y las condiciones de vida miserables en el centro del pa�s para que los ciudadanos apoyaran sus pol�ticas de rescate", cuenta Planas. Tras una pausa, a�ade: "Hoy, nos sorprende que un gobierno hiciera tal encargo".Con su pesada c�mara r�flex, Lange recorri� la Ruta 66 junto a cientos de migrantes que buscaban una nueva vida, trabajadores temporeros o familias reubicadas en infraviviendas que eran aut�nticas chabolas. Si las palabras de Josep Pla nos guiaban a trav�s de las fotos de Txema Salvans, con Lange las citas de su antol�gica titulada Un largo viaje son de Las uvas de la ira de John Steinbeck, escrita en la misma �poca. "La Ruta 66 es la carretera de quienes huyen, de quienes escapan del polvo y de una tierra que se agota, del estruendo de los tractores y de una propiedad cada vez m�s peque�a, del desierto que avanza lentamente", dice Steinbeck de esos mismos paisajes. Bajo las vigas de madera y el techo en forma de granero de la antigua f�brica -que le da un cierto aire americano-, contemplamos esa galer�a de rostros de quienes hu�an: madres exhaustas con un beb� en brazos (ya convertida en un icono de la fotograf�a: La madre migrante o Florence Owens Thompson con sus hijos), ni�os de mirada angelical que con 11 a�os se levantaban a las cinco de la ma�ana para recoger l�pulo en Oregon (donde las temperaturas alcanzaban los 40 grados), trabajadores afroamericanos fumando en un descanso... "Eran los a�os 30 y Lange ten�a un claro posicionamiento pol�tico. Hizo muchas fotos de afrodescendientes pero la mayor�a no fueron publicadas", se�ala Planas.Una de las fotos ic�nicas de Dorothea Lange: Florence Thompson y sus hijos en un campamento de recolectores de guisantes (1936).BIBLIOTECA DEL CONGRESO DE ESTADOS UNIDOSCon Dorothea Lange como figura internacional, la Bienal tambi�n redescubre nuestro patrimonio nacional: al valenciano Gabriel Cuallad� (1925-2003), uno de los grandes fot�grafos y coleccionistas espa�oles, que reuni� obras de Cartier-Bresson, Diane Arbus, August Sander o Man Ray. Aunque la primera fotograf�a que compr� en 1979 fue, precisamente, de Lange. Su magn�fica colecci�n ingres� en dep�sito en el IVAM de Valencia, que adquiri� tambi�n su magna biblioteca. "Como sucede a menudo, fue m�s conocido en el extranjero que en Espa�a. Y, sin embargo, fue el primero en ganar el Premio Nacional de Fotograf�a en 1994", suspira la directora de la Bienal.Al salir de la B�bila, solo hay que cruzar hasta la plaza de Can Mario, en la que se eleva la modernista Torre del Agua, para llegar a la Fundaci� Vila-Casas y descubrir esta la Po�tica de la sencillez de Cuallad�: una peque�a joya con algo m�s de 60 fotograf�as que llevan el claroscuro al l�mite. Esa es la se�a de identidad de Cuallad�: la profundidad de su negro, digno de Caravaggio; la delicadeza con la que ba�a los rostros, a menudo en semipenumbra. "Se compr� su primera c�mara en 1950, cuando nac� yo", recuerda su hijo, Gabriel Cuallad�, que lleva a�os tratando de difundir la obra de su padre y cuidando de su archivo.'Bodega de Sobrepiedra' (Asturias, 1958), una de las fotograf�as con marcado clarososcuro de Gabriel Cuallad�.Como muchos otros compa�eros de generaci�n, Cuallad� fue un autodid�ctica que aprendi� a base de pr�ctica "y de observar muchas revistas: Vogue, Paris Match, Life... estaba suscrito a todas", recuerda su hijo. Miembro del ef�mero pero tan fruct�fero Grupo AFAL, en pleno franquismo Cuallad� se dedic� a presentarse a premios internacionales, de �msterdam a Mosc�, con una obra que documentaba Espa�a desde su geograf�a m�s �ntima: su entorno familiar y sus vecinos en su Valencia natal, en el Madrid donde se mud� y en la Asturias donde veraneaba. "No intentaba reflejar una �poca sino al personaje que retrataba", matiza su hijo. Pero a ojos contempor�neos esos personajes s� sintetizan todo un pasado.'Bar de Valpara�so' (1963) de Sergio Larra�n.MAGNUM AGENCYEn la misma tradici�n documental, pero ampliando las fronteras, se inscriben las im�genes del chileno Sergio Larra�n (1931-2012). En el vecino Museo del Corcho, la agencia Magnum ha cedido una sesentena de im�genes del fotorreportero para la retrospectiva El vagabundo de Valpara�so, que arranca cuando Larra�n termin� la mili. Eran los a�os 50 y se march� a Chilo�, donde empez� a fotografiar a los ni�os que dorm�an en los porches o jugaban entre ruinas. Despu�s vendr�a Per�, Bolivia, Europa... Y aunque lleg� a cubrir la boda del Sha de Ir�n con Fara Dibah, a Larra�n le interesaban los bajos fondos y los m�rgenes, donde encontraba detalles que pasaban desapercibidos a la mirada convencional. Y esa es la verdadera identidad de la Bienal Miserachs: un festival de fotograf�a, s�, pero tambi�n una escuela de la mirada.