No soy muy dado a quitarme toda la ropa cuando voy a la playa. Pero reconozco que en la costa de Catalunya hay lugares que lo merecen: pequeñas calas o largos arenales que, ya sea por su belleza, su idiosincrasia o su historia, consiguen que deje el bañador en la mochila, me quede tal y como mi madre me trajo al mundo y disfrute sin más.Porque una cosa es desnudarse y otra, bastante distinta, sentirse fuera de lugar. En una playa naturista, la desnudez deja de ser una declaración de intenciones al cabo de unos minutos. Uno llega, extiende la toalla, mira el mar y descubre que nadie parece demasiado interesado en el cuerpo de los demás. Probablemente esa sea una de las principales virtudes del nudismo: convertir en irrelevante aquello que, antes de quitarse la ropa, parecía tan importante.El litoral catalán ofrece escenarios muy distintos para comprobarlo. Hay playas urbanas a las que se llega en metro, calas escondidas al final de un camino entre pinos mediterraneos y grandes arenales protegidos donde resulta fácil pasar indvertido el día entero. En algunas predominan claramente los naturistas; en otras conviven “textiles” y cuerpos desnudos con mayor o menor naturalidad.Esta no pretende ser una clasificación exhaustiva ni de “las mejres”. Es, sencillamente, una selección de playas que me justifican el pequeño esfuerzo -mental, logístico o ambas cosas- de dejar la ropa a un lado.Illa Roja: desnudarse en una postal de la Costa BravaPocas playas nudistas resultan tan reconocibles como la Illa Roja. Está situada en el término municipal de Begur (Costa Brava), entre la playa del Racó y Sa Riera, y debe su nombre a la gran roca de color rojizo que emerge junto a la orilla y divide visualmente la cala.Vista panorámica de la Illa Roja de Begur.Josep SoldevilaLa primera impresión se produce antes incluso de pisar la arena. El camino de ronda avanza entre pinos y acantilados hasta abrirse sobre una cala de agua transparente, paredes rocosas y arena gruesa. Illa Roja es una cala de tradición nudista y de renombre internacional. La oficina de turismo de Begur la presenta, además, como una de las mayores del municipio después de Sa Riera. Se accede a pie desde las playas vecinas a través del camino de ronda, circunstancia que contribuye a conservar cierta sensación de aislamiento pese a su popularidad.Es también uno de los lugares más adecuados para estrenarse. El nudismo forma parte de la identidad de la cala y, por tanto, quitarse el bañador no llama la atención. Lo verdaderamente difícil aquí no es desnudarse, sino encontrar una postura digna cuando la arena gruesa empieza a clavarse donde antes había tela.Cala del Senyor Ramon: la recompensa después de las curvasLa carretera que une Sant Feliu de Guíxols con Tossa de Mar concentra algunos de los paisajes más espectaculares de la Costa Brava. También unas cuantas curvas capaces de poner a prueba a quienes todavía creen que mirar el móvil en el coche no tiene consecuencias.Cala del Senyor RamonTercerosEntre acantilados, pinares y urbanizaciones aparece la cala del Senyor Ramon, situada a unos once kilómetros del núcleo de Santa Cristina d’Aro. Es una playa amplia, tradicionalmente frecuentada por nudistas y rodeada de un paisaje abrupto que ayuda a desconectar del exterior.Su arena es gruesa y el mar gana profundidad con rapidez, de modo que no es la típica playa en la que uno puede caminar eternamente con el agua por las rodillas. Llegar requiere prestar atención a los accesos y asumir que habrá que andar un trecho, pero esa dificultad forma parte de su atractivo. La cala no aparece por casualidad ante el visitante: hay que ir a buscarla. Y cuando finalmente se llega, quitarse la ropa parece la continuación lógica de haberse alejado de todo lo demás.Sa Boadella, la tranquilidad del bullicio de LloretCuando asociamos “Lloret de Mar” suele ser con imágenes de hoteles, discotecas, grupos de guiris y noches que terminan cuando empieza el servicio de desayunos. Sa Boadella viene a contradecir este tópico y compruebo que el municipio tiene también tiene una cara mucho más apacible y amable.Cala Sa Boadella.Miguel Torres / @maikelEsta cala de unos 250 metros combina la vegetación y las aguas transparentes características de la Costa Brava con un espacio suficientemente amplio para no sentirse atrapado entre dos toallas. La web turística de Lloret la define como un paraje casi virgen y recuerda que se trata de una playa de tradición nudista donde esta práctica está permitida.El acceso se realiza a pie por un camino de tierra, después de dejar el vehículo en estacionado en la carretera de los Jardines de Santa Clotilde o la ermita de Santa Cristina. No es una expedición, pero sí la distancia suficiente para filtrar a quienes consideran que caminar doscientos metros con una sombrilla constituye una forma de montañismo.En Sa Boadella conviven naturistas y textiles. Eso puede hacer que el recién llegado dude durante unos segundos acerca de qué protocolo seguir. La respuesta es bastante simple: escoger un lugar, mirar alrededor y actuar con naturalidad. En una playa así, tan correcto es conservar el bañador como guardarlo.La Musclera: nudismo sin alejarse demasiado de BarcelonaNo todas las playas nudistas necesitan acantilados cinematográficos ni carreteras imposibles. La Musclera, entre Arenys de Mar y Caldes d’Estrac, es una opción muy práctica para quienes viven en Barcelona o en el Maresme y no quieren dedicar medio día al desplazamiento.Playa de la Musclera en Arenys de MarTercerosLa playa tiene alrededor de 700 metros de longitud, de los cuales unos 240 corresponden al sector nudista, situado entre el rial del Canyadell y el paso inferior. Es una franja de costa abierta, con el ferrocarril y la carretera relativamente cerca, alejada de la imagen de cala completamente aislada.Y, sin embargo, funciona. Quizá precisamente porque no necesita presentarse como un paraíso secreto. La Musclera es una playa para ir a bañarse, tomar el sol, leer unas páginas y volver a casa sin haber organizado una expedición.El ambiente suele ser menos solemne que en algunos templos históricos del naturismo. Aquí desnudarse puede formar parte de un día corriente, que quizá sea la mejor manera de normalizarlo. Mar Bella: el nudismo también llega en metroLa Mar Bella rompe con casi todos los tópicos asociados a una playa nudista. No está escondida entre acantilados, no exige caminar por un bosque ni obliga a cargar con provisiones para sobrevivir hasta la puesta de sol. Está en Barcelona y se puede llegar en metro.La playa de la Nova Mar Bella de Barcelona. Llibert Teixidó / PropiasNació de la transformación del litoral de la ciudad vinculada a los Juegos Olímpicos de 1992 y actualmente dispone de un espacio naturista consolidado. También es conocida por su ambiente inclusivo y por ser un punto de encuentro de la comunidad LGBTQIA+. La estación de Poblenou, de la línea 4, es una de las opciones para acceder a la playa.La experiencia tiene poco que ver con la soledad de Cala Fonda o con el paisaje agreste del Senyor Ramon. Al otro lado de la arena siguen estando el paseo marítimo, los edificios y la actividad constante de la ciudad.Pero ahí reside precisamente su singularidad. La Mar Bella demuestra que el nudismo no necesita esconderse para existir. Se puede estar desnudo frente al mar mientras pasan runners, ciclistas y personas que pasean al perro a pocos metros. Barcelona continúa haciendo ruido, pero durante un rato parece importar bastante poco.Cala de l’Home Mort: una playa con memoriaAl sur de Sitges, la cala de l’Home Mort reúne naturismo, paisaje e historia. Solo se puede acceder a pie y su entorno, rodeado por los relieves del Garraf, conserva una apariencia mucho menos urbanizada que las playas próximas al centro de la población.Cala de l'Home Mort, Sitges, BarcelonaTercerosSu relevancia, sin embargo, va más allá de la geografía. Turismo de Sitges la presenta como una de las primeras playas del mundo reconocidas como espacio *gay friendly*, con una tradición que se remonta a 1930. El acceso habitual parte de la zona donde se encontraba la antigua discoteca Atlàntida y continúa por un sendero hasta la cala.Durante décadas, este lugar ha funcionado como espacio de libertad para personas que no siempre podían expresarse con la misma tranquilidad en otros ámbitos. Su carácter nudista y su vinculación con la comunidad gay forman parte de una misma historia de búsqueda de espacios propios, alejados de miradas hostiles.No es la playa más cómoda de la lista ni la más sencilla para llegar cargado. Pero pocas tienen una personalidad tan marcada. Aquí uno no solo se quita la ropa: entra, aunque sea durante unas horas, en un lugar que conserva la memoria de quienes encontraron junto al mar una libertad que la sociedad todavía les negaba.Cala Fonda o Waikiki: el pequeño viaje necesarioCala Fonda, conocida popularmente como Waikiki, está situada al norte de Tarragona, protegida por el bosque de la Marquesa. Llegar hasta ella obliga a caminar, y eso es casi todo lo que necesita para diferenciarse de las playas urbanizadas de la Costa Daurada.Cala Fonda, también conocida como playa WaikikiJorge Franganillo / Flickr (CC BY 2.0)Tiene unos 200 metros de longitud, arena fina y dorada y una entrada al agua de pendiente suave. Es una playa natural donde se practica el nudismo y a la que solo se puede acceder a pie.No hay paseo marítimo ni una sucesión de restaurantes detrás de la arena. Conviene llevar agua, comida, protección solar y calzado adecuado para el camino. También conviene recordar que todo lo que se lleva debe regresar con nosotros, especialmente los residuos.Su nombre popular promete una especie de Hawái tarraconense, aunque el parecido probablemente dependa de la imaginación y de la cantidad de sol recibida. Aquí no cuesta demasiado quedarse desnudo. Después de caminar bajo el sol cargando la mochila, lo difícil es encontrar un motivo para conservar una sola prenda encima.El Torn: la gran capital del naturismo catalánEl Torn juega en otra categoría. No es una cala pequeña ni un rincón tolerado en un extremo de la playa. Es un gran arenal naturista situado en l’Hospitalet de l’Infant, integrado en el espacio natural protegido de la Rojala–Platja del Torn.Imatge de la platja nudista del Torn (Tarragona)Xavi JurioLa promoción turística municipal la define como una playa naturista de renombre internacional y como uno de los tramos de mayor interés paisajístico del litoral meridional catalán. El entorno combina playa, dunas, vegetación mediterránea, acantilados y el característico islote del Torn.Su amplitud permite pasar el día con comodidad y encontrar sitio incluso cuando hay bastante gente. También reúne públicos muy diversos: naturistas veteranos, parejas, familias y personas que han decidido probar por primera vez.Esa variedad ayuda a eliminar algunos prejuicios. El naturismo de El Torn no responde a una edad, un físico ni una estética determinados. Hay cuerpos que han vivido mucho, cuerpos que todavía están creciendo, cicatrices, barrigas, arrugas y pieles que reaccionan al sol de maneras muy distintas. En otras palabras, hay cuerpos normales.Después de un rato, el único elemento verdaderamente extraño parece ser el bañador.18-08-2009 PLAYA NUDISTA DE LA ROCA PLANA TARRAGONA. FOTO:XAVI JURIOXavi Jurio / ColaboradoresQuitarse la ropa y, de paso, algún complejoVisitar una playa nudista por primera vez genera más dudas antes de llegar que una vez sobre la arena. ¿Dónde miro? ¿Qué hago con la toalla? ¿Se notará demasiado que soy nuevo? ¿Hay que desnudarse nada más llegar?No existe una ceremonia de iniciación al nudismo. Basta con comportarse como en cualquier otra playa, respetar el espacio de los demás y no fotografiar a personas sin su consentimiento. Una toalla resulta útil no solo para tumbarse, sino también para sentarse en espacios compartidos. Y la crema solar adquiere una importancia especial en zonas del cuerpo que habitualmente solo conocen la luz artificial.Las playas naturistas tampoco son espacios sexuales. La desnudez no equivale a disponibilidad ni convierte el cuerpo ajeno en un espectáculo. Precisamente su valor se encuentra en lo contrario: poder estar desnudo sin que eso tenga que significar nada más.Quizá uno llegue, como yo, pensando que la experiencia consiste en mostrar el cuerpo. Pero, cuando encuentras la cala adecuada, descubres que consiste sobre todo en dejar de esconderlo. Y eso, con el Mediterráneo delante, puede llegar a ser sorprendentemente liberador.
Ocho playas nudistas de Catalunya por las que merece la pena quitarse el bañador
De la icónica Illa Roja a los grandes arenales de El Torn, recorremos algunas de las playas naturistas más singulares del litoral catalán. Lugares que destacan por su belleza, pero también por su historia, su ambiente o su particular manera de entender la libertad.









