“Nada sabe mejor que sentirse delgada” era el lema de la supermodelo Kate Moss, después de soltarlo en una entrevista en 2009. Una frase que, contó, mantenía escrita en una nota encima de la nevera de la casa que compartía con su amigo, el peluquero James Brown, como motivación para resistir la tentación de comer galletas. También fue un eslogan que varias marcas, incluyendo una de niños y adolescentes, intentaron mercantilizar en camisetas. Ocurrió algo similar en la semana de la moda de Berlín en 2024, cuando la marca de ropa Namilia lanzó una polémica camiseta con la frase “I love Ozempic”. La delgadez extrema vuelve a estar de moda, algo que, gracias al uso de este medicamento autorizado para tratar adultos con diabetes tipo 2, es más fácil de lograr y también más accesible. Y aunque hay quien asegura que estos fármacos funcionan mejor que la frase de Moss para frenar “el ruido de comida” ―la presencia de pensamientos repetitivos que hace que una persona piense en su siguiente comida sin parar―, a muchos les ha quitado el placer de cualquier otra cosa. Lo llaman la personalidad Ozempic —no confundir con la cara Ozempic, que tiene el mismo origen, pero resultados más visibles—. “¿El sol? Me daba igual. Los atardeceres se volvieron indiferentes. Incluso admirar mi cuerpo recién delgado en el espejo resultaba un poco aburrido. Me arrebató mi habitual optimismo”, escribió la periodista Katie Glass contando su experiencia con Ozempic en abril para The Times. “Sí, perdí un par de kilos en pocos meses, pero también perdí mi vida social”, aseguraba en el artículo, en el que también explicaba que para ella el 90% de la socialización se basaba en comer. “¿Qué atractivo tiene salir a ver a otros disfrutar de una cena de tres tiempos cuando uno ya está lleno después del entrante? Al final, uno empieza a preguntarse si merece la pena salir de casa”, reflexionaba.La personalidad Ozempic no se trata de una depresión, aseguran varios testimonios; al contrario, es como si quienes la tienen no experimentaran ninguna emoción. Sufren de anhedonia, la incapacidad de sentir placer o interesarse por las actividades que antes resultaban gratificantes y que está asociada a alteraciones en el sistema de recompensa del cerebro. “Es como sentirse meh”, aseguraba la dietista Summer Kessel en su cuenta de TikTok sobre su experiencia con un medicamento GLP-1. “Pierdes un poco la chispa de la vida. No sientes emoción por nada. Pierdes la emoción que da comer saludable, ir al gym, hacer las actividades que amas”, explicaba sobre la anhedonia. “Siento que me siento meh respecto al ejercicio y es mi pasión más grande en el mundo. Me estoy saltando mis entrenamientos por la mañana más de lo usual”, decía, añadiendo que sí, come poco, pero ahora se conforma con un plato pequeño de cereal con leche, cuando antes disfrutaba comer su porción de pollo y verduras.En plataformas como Reddit cientos de personas han comentado sobre este efecto. “Tengo poca pasión por todo, soy muy monótona y no tengo entusiasmo. Si me dan buenas noticias, respondo con okey. Las cosas que disfrutaba ahora parecen una tarea, incluyendo relaciones, deportes, trabajo, tiempo en familia, etc. ¿A alguien le cambió la personalidad?“, pregunta un usuario en la red social. Entre los comentarios hay cientos de historias de personas que han dejado a sus parejas, otras que dejaron de frecuentar a sus amistades, que dejaron de leer y de ver su serie favorita, o que incluso ya no pueden ni quedar con una amiga a tomar un café porque después de un sorbo no quieren más. “Me siento como un zombie, estoy irritada, triste, como si me hubiera quitado toda la dopamina o serotonina. Sigo buscando información y creo que no hay suficientes estudios, o encuentro cosas que dicen que aumenta la dopamina y otras que dicen que no. No tengo motivación para nada, tengo que obligarme hasta para cocinar. Después del trabajo me quedo en la cama y me está afectando la vida. Además, no tengo ganas de ver a nadie. Ugh”, comenta otra persona.“Las actividades y experiencias que antes tenían sentido y me llenaban ahora me parecen inútiles”, escribe alguien más en Reddit. “Ahora, ni siquiera las actividades que antes me daban un feedback positivo y me gustaban —comida, ejercicio, quedar con gente, sexo, hobbies, videojuegos— me dan la recompensa suficiente para seguir haciéndolas. El problema no es solo que la comida ya no nos dé gusto; afecta al gusto por casi todo. No es alarmismo ni una crítica al medicamento en general; yo he perdido un montón de peso con pocos efectos secundarios, solo acidez. Pero el coste psicológico, la ‘grisura’ o la falta de satisfacción emocional, es fuerte y real. Hay que reconocerlo y hablarlo abiertamente”, detalla.Una teoría de este efecto secundario del medicamento que se sigue estudiando es que, así como ayuda a reducir el “ruido de comida”, también reduce las ganas de hacer otras actividades que despertaban el mismo placer que la comida. Incluso hay personas que aseguran que fármacos como el Mounjaro, por el mismo motivo, sorpresivamente les han ayudado a frenar adicciones con el alcohol, las drogas, el porno o la ludopatía. “Podemos dividir a las personas en dos grupos muy simples: unos comen para vivir —la comida no les importa tanto, pero saben que necesitan calorías para llegar al final del día—; y otros viven para comer, porque comer es algo social, placentero, les entusiasma. Y muchos estamos en medio”, explicaba Daniel Drucker, padre del Ozempic, en una entrevista con EL PAÍS el año pasado. Y añadía: “Si tienes diez amigos y vais a cenar un viernes, habrá quien diga: ‘No tengo mucha hambre, pero voy porque salimos’, y otros dirán: ‘¡Ese restaurante tiene mi paella favorita, no puedo esperar a probarla otra vez!’. Entonces, claramente, hay un placer hedónico en la comida. Todos tenemos comidas favoritas que nos emocionan. Y las adicciones también tienen ese componente de placer. ¿Por qué fumamos, por qué consumimos cannabis, alcohol o narcóticos? Porque el uso de esas sustancias activa un sistema de recompensa en el cerebro”. “Lo que parece hacer el GLP-1, tanto si se trata de esa persona que adora la paella como de quien fuma o consume alcohol o cannabis, es que reduce el nivel de placer que se obtiene. Hace que la gente diga ‘ya no me interesa tanto el postre’, o ‘no necesito ese cigarro extra ni esa cerveza más’. Como que ya no hay nada emocionante en ello. Antes había entusiasmo, activación cerebral, ganas... Y ahora, no tanto”, detallaba el endocrinólogo canadiense, quien afirmaba que aún no hay suficiente evidencia científica. Mientras algunas personas aseguran que no vale la pena sentirse así por estar muy delgadas y han abandonado el medicamento, otras se conforman con tal de seguir bajando de talla. Pero sociólogas y autoras feministas consideran que esta obsesión por el físico no responde a un deseo meramente personal. Como escribe la autora estadounidense Naomi Wolf en su libro El mito de la belleza: “Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionada con la belleza de las mujeres, está obsesionada con la obediencia de estas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres: una población tranquilamente loca es una población dócil”.
La personalidad Ozempic o cómo la delgadez extrema acaba con el placer: “Me arrebató mi habitual optimismo”
Usuarios de medicamentos GLP-1 se sinceran en las redes sobre su anhedonia, un efecto secundario que les impide disfrutar o interesarse por las actividades que antes les resultaban gratificantes






