La petanca es un juego supuestamente apacible entre dos o más personas que lanzan sus bolas por turnos con el objetivo de acercarlas más que sus rivales al boliche. No es una actividad especialmente ruidosa, ya que el repicar de las bolas no causa estruendos, ni suele generar grandes saraos, rivalidades a un lado. Un escenario tranquilo que se ha trastocado este agosto en Calafell (Baix Penedès), donde se recrudece el enfrentamiento público entre parte de los vecinos del edificio más cercano a las pistas municipales de petanca y los jugadores del club Mas Mel.El origen del conflicto vecinal hay que buscarlo cuatro años atrás, en el traslado de las pistas municipales de petanca desde la playa de Calafell, junto a los arenales, hasta una zona pública situada junto a un edificio de viviendas. El Ayuntamiento decidió la nueva ubicación y, según la versión de los vecinos, muchos de segunda residencia, aseguró que se trataba de un lugar provisional.Han pasado los años y las pistas de petanca siguen en el mismo lugar. Pero la paciencia de los vecinos se ha ido colmatando hasta que este verano una parte de los residentes ha decidido pasar a las acciones de protesta. Media docena de pancartas seguían luciendo ayer en los balcones, con mensajes explícitos: “Fuera petanca, ayuntamiento solución ya, el ayuntamiento nos engaña o aquí no se vive bien”.Los vecinos contrarios a la petanca aseguran que les molesta el ruido generado por los aficionados a este juego, muchos personas mayores, sobre los setenta e incluso los ochenta años. También denuncian que los jugadores se reúnen a la hora de la siesta en las pistas, antes de la cuatro de la tarde, y charlan antes de empezar lanzar bolas y boliches. “Solo faltaba que el señor alcalde diga que aquí no hacen ruido, usted no lo sabe porque no ha venido nunca a las pistas municipales, ni en el 2023, ni en el 2024, ni en el 2025, ni ahora”, expuso ayer Josep Maria Salvia, uno de los vecinos, en una entrevista en el Versió Estiu de RAC1.El cambio de ubicación de la pista municipal se hizo hace cuatro años pero el conflicto ha estallado este veranoLa que ya se conoce como la guerra de la petanca, avanzada por el Diari de Tarragona , se caldeó un poco más ayer después de trascender en varios medios de comunicación la pugna.Por la mañana, uno de los jugadores, Mariano Ramírez, del Club de Petanca Mas Mel, explicó que habían sido objeto de varios actos de sabotaje por parte de los vecinos. “Un par de señores nos meten silicona continuamente en el candado del armario donde guardamos el material para jugar y nos arrancaron el letrero del club en las pistas”, denunció Ramírez. “No molestamos a nadie, nos juntamos diez o doce personas de forma amistosa, para jugar de seis a ocho de la tarde. No jugamos de noche. Son ellos los que nos están provocando”, añadió Ramírez.Una versión que contradicen algunos de los vecinos, que además han denunciado la presunta actitud incívica de una parte de los jugadores de petanca. “Dos bolsas con caca de perro fueron a parar en la entrada de nuestro bloque, no sé quién las tiró... Y nos pintaron la pared del edificio con caca de perro”, explicó Salvia, indignado. Según la versión de los vecinos, la respuesta escatológica se produjo cuando un tiempo atrás la protesta vecinal logró parar la construcción de una tercera pista de petanca en el mismo lugar por iniciativa municipal.“Somos gente tranquila, pero no me gusta que me insulten y me critiquen”, apostilló el vecino, también jubilado. Salvia explicó que él mismo encargó las seis pancartas, todas con el mismo formato, y las repartió a los vecinos que quisieron sumarse a la causa. Sostiene que no se trata de ninguna rencilla política, a menos de un año de las elecciones municipales. “No sé ni quién es el alcalde”, asegura. La disputa no parece que vaya a resolverse, al menos a corto plazo, en pleno agosto y con los jugadores de petanca de Mas Mel con la voluntad de seguir con sus partidas de petanca. El Ayuntamiento tampoco piensa en un traslado; mantiene que la actividad no genera ruido ni molestias.Los jugadores dicen que respetan la siesta, pero los vecinos lo niegan y denuncian una actitud incívicaEn la tarde de ayer una docena de aficionados repitieron el mismo ritual a partir de las seis de la tarde. “Seguiremos jugando a petanca aquí”, dicen. Dentro de las casas, una parte de los vecinos indignados siguen exigiendo al Ayuntamiento el traslado de las pistas de la polémica.
Más pelea por la petanca
Cruce de acusaciones en Calafell entre un club de aficionados ya jubilados y los vecinos de la pista, hartos del “ruido” de las partidas








