Dos hermanos juegan a fútbol en la gigantesca acera que sirve de acceso al Coliseu Balear, la plaza de toros de Palma. Por un momento, el niño pisa la pelota –la niña protesta, quiere que se la vuelva a pasar– y se queda mirando a cuatro mujeres que forman una piña. Se acercan para sacarse una foto: antes de que el fotógrafo apriete el botón, despliegan un cartel de fondo rojo donde se lee una sentencia en mayúsculas blancas:

“El ruido es tortura”. Debajo hay un hashtag que entrelaza tres palabras: silencio, respeto, civismo.

A María, Ana, Begonya y Cecilia las unió la lucha contra los decibelios. Hace unas semanas, supieron que acababan de ganarle a Cort –el nombre popular que recibe entre los mallorquines el ayuntamiento de la capital– un juicio. La sentencia, en teoría, evitará que vuelva a encenderse la música en el recinto que tienen a su espalda. Ellas son vecinas de este coso taurino y casi centenario. Una joya de la arquitectura neomudéjar donde en las últimas décadas –y, sobre todo, en los últimos años– se han celebrado más conciertos que corridas. También, otros eventos –tardeos, fiestas privadas o, incluso, espectáculos acrobáticos de motos– donde el ruido era la norma.

“A mi marido y a mí nos hizo vivir en un estado de ira constante”, explica Vanessa por teléfono. No ha podido sumarse a la foto con sus vecinas porque se encuentra mal. Sufre fibromialgia –síndrome crónico del sistema nervioso– y lupus –una enfermedad autoinmunitaria crónica en la que el sistema inmunológico ataca por error los tejidos y órganos sanos–, dos patologías “que ha agravado no poder dormir”. Ella vive en un piso situado en Arxiduc, una de las principales calles del ensanche palmesano, y disfruta de una terraza con vistas a la plaza de toros. Luz, aire fresco y, al alcance de la mano, los ornamentados arcos que diseñó Gaspar Bennàssar i Moner a finales de los años veinte del siglo pasado. Estar tan cerca de una de las obras más brillantes del tótem del modernismo mallorquín fue uno de los atractivos que llevaron a Vanessa y a su marido a comprar aquel piso en 2012.