En una servilleta se pueden firmar contratos, tomar notas o hacer garabatos. Pueden hacer de balón en el fútbol de chapas y con ellas se puede calzar una mesa. Las adaptaciones funcionales de esta pieza de papel son múltiples ya que su cometido, el de limpiarse la boca o las manos, puede resultar inútil. Pero, ¿puede una simple servilleta ser reflejo de la historia y de la cultura? ¿Y de la memoria?

El fotógrafo Felipe Hernández comenzó a coleccionar servilletas en 2014 sin ninguna intención sino por el mero interés por todo objeto con soporte gráfico: flyers, servilletas, carteles, posavasos, azucarillos…. Lo que empezó como una cuenta de Instagram se ha convertido en un libro que aglutina 600 diseños de toda la geografía española. “A la gente le estaba haciendo gracia y ahí ya fue cuando me di cuenta que a lo mejor esta frikada podía ir a algo más”, declara.

Servilletas, publicado por Ojos de Buey, es un archivo de la hostelería del país. El fotógrafo ha dado relevancia a algo que suele acabar en la basura. Ha resignificado un objeto ordinario cuya utilidad sigue en entredicho: ni limpia, ni seca ni es agradable al tacto de los labios. “Ya no era solo hablar de algo gráfico y estético sino que vi que era una cosa como muy propia de España. Era algo típico y que hablaba realmente de nuestra gastronomía, de nuestra cultura y de nosotros”, explica.