NoticiaLa Bienal de Venecia 2026 materializa el legado póstumo de la curadora camerunesa Koyo Kouoh a través de In Minor KeysPúblico en la bienal de arte de Venecia Foto: La Biennale di Venezia21.08.2026 14:16 Actualizado: 21.08.2026 14:16

Cuando recorrí los Giardini y el Arsenale durante los días de apertura de la Bienal de Venecia 2026, tuve la sensación de que la exposición más importante no estaba contenida en ninguno de los pabellones. Habitaba la tensión entre la propuesta curatorial y el mundo que la rodeaba.Más de Economía & CulturaEl principal activo estratégico de ColombiaLo que César Borgia entendió antes que nosotrosRothko en Florencia: cuando el color volvió a ser sagrado y la cultura volvió a producir ciudadLa arquitectura que produce valor - aunque no aparezca en el mercadoLucrecia Piedrahita Foto:CortesíaLa Bienal permanecerá abierta hasta noviembre. Concebida por la curadora camerunesa Koyo Kouoh bajo el título In Minor Keys, propone una invitación poco frecuente en nuestra época: desacelerar, escuchar, atender los matices y percibir aquello que suele quedar oculto bajo el estruendo permanente de la actualidad.La metáfora musical es central. Las tonalidades menores no expresan debilidad; exigen una escucha más atenta. Invitan a otra relación con el tiempo, con la percepción y con aquello que apenas se insinúa. Desde esa frecuencia, Kouoh imaginó una Bienal dedicada a las voces bajas, los silencios, las historias periféricas y las formas de conocimiento que suelen quedar eclipsadas por los grandes relatos. Más que amplificar el ruido del mundo, su propuesta buscaba crear las condiciones para escucharlo de otra manera.El legadoKoyo Kouoh (Douala, Camerún, 1967–2025) fue una de las figuras más influyentes del arte contemporáneo internacional. Directora del Zeitz MOCAA de Ciudad del Cabo y fundadora de Raw Material Company en Dakar, dedicó su trayectoria a ampliar los relatos de la contemporaneidad desde África y sus diásporas. En 2024 fue nombrada curadora de la Bienal de Venecia 2026, convirtiéndose en la primera mujer africana en asumir esa responsabilidad en la historia de la institución.Existe, además, una dimensión profundamente conmovedora en esta edición. Koyo Kouoh murió en mayo de 2025 antes de ver inaugurado el proyecto que había concebido. La Bienal decidió realizar íntegramente su visión curatorial y el equipo que trabajó junto a ella asumió la tarea de llevarla a cabo. Mientras recorría la muestra, era imposible no percibir esa presencia ausente. La exposición se despliega como una conversación que continúa más allá de la vida de quien la imaginó.Koyo Kouoh Foto:La Biennale di VeneziaQuizás por eso adquiere una resonancia particular. En una época obsesionada con la velocidad, la productividad y la reacción inmediata, una curadora que ya no está nos invita precisamente a detenernos.La paradoja atraviesa toda la Bienal. In Minor Keys propone escucha en un mundo organizado alrededor del ruido; propone matices en un ecosistema que premia las posiciones extremas; propone atención en una economía diseñada para fragmentarla; propone lentitud en una cultura que ha convertido la velocidad en valor.Resulta inevitable pensar en las reflexiones de Byung-Chul Han sobre la sociedad contemporánea. Han describe una época saturada de estímulos, información y exigencias de rendimiento. Una época donde la atención profunda se vuelve cada vez más difícil y, precisamente por ello, más valiosa. El problema de nuestro tiempo no parece ser la escasez de información, sino la dificultad para construir espacios de contemplación, escucha y comprensión.La calmaLa Bienal formula esa misma inquietud desde el lenguaje del arte. ¿Qué ocurre cuando una sociedad pierde la capacidad de escuchar? Escuchar es mucho más que un acto sensorial. Es una forma de conocimiento. Implica suspender por un momento la urgencia de responder, aceptar la complejidad y reconocer que algunas preguntas requieren tiempo para ser comprendidas. La escucha introduce una temporalidad distinta, una pausa que nuestra cultura parece haber olvidado.Existe además una decisión museográfica que merece atención. La desaceleración que propone Kouoh no aparece únicamente en los textos curatoriales; se materializa en el recorrido mismo del Arsenale. La penumbra ralentiza el paso. Obliga al ojo a adaptarse. Invita a permanecer más tiempo frente a las obras. Allí comprendí que In Minor Keys no era solamente una exposición sobre la escucha; era también una exposición sobre el tiempo.Pensé entonces en Junichirō Tanizaki y en su célebre Elogio de la sombra. Para el escritor japonés, la belleza no habita necesariamente en aquello que la luz revela por completo, sino en aquello que las sombras permiten intuir. La sombra no es ausencia de visión; es profundidad de percepción.Quizás la mayor virtud curatorial de Koyo Kouoh haya sido precisamente esa. Haber entendido que, en una época obsesionada con la iluminación permanente, todavía existen formas de conocimiento que solo aparecen cuando aprendemos a caminar entre las sombras.La exhibición además explora el océano desde el punto científco y de la memoria cultural. Foto:La Biennale di VeneziaPor eso la discusión más interesante de esta Bienal trasciende las obras, los pabellones nacionales o las controversias geopolíticas que inevitablemente acompañan un evento de esta escala. La pregunta que atraviesa la exposición es más profunda: ¿qué formas de atención estamos cultivando como sociedad?La cuestión adquiere una relevancia especial en plena era de la inteligencia artificial. Nunca habíamos tenido acceso a tanta información. Nunca habíamos estado tan conectados. Nunca habíamos producido tantas imágenes, opiniones y datos. Sin embargo, la abundancia de información no garantiza comprensión. Saber más y comprender mejor son cosas distintas.Mientras caminaba por Venecia pensé que la propuesta de Koyo Kouoh podía leerse como una forma de resistencia cultural. Una resistencia fundada en la atención, en la observación y en la capacidad de permanecer el tiempo suficiente ante una pregunta antes de apresurarnos a formular una respuesta.Quizás ahí resida la actualidad de esta Bienal. No en ofrecernos respuestas sobre el mundo contemporáneo, sino en recordarnos una capacidad que parece debilitarse con cada nueva aceleración tecnológica: la capacidad de detenernos, de observar y de escuchar.La Bienal de Venecia seguirá abierta hasta noviembre. Miles de personas recorrerán sus pabellones y construirán interpretaciones distintas de la exposición. Pero la pregunta más importante ya está planteada.Quizás el desafío cultural más importante del siglo XXI no sea aprender a producir más información, sino recuperar la capacidad de escuchar aquello que solo puede comprenderse lentamente.Lucrecia Piedrahita (*)Arquitecta. Curadora de Arte Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.