Un mar de gorras rojas corea al presidente del mundo libre. En su frustración con un sistema que les tiene contra las cuerdas, endeudados, bajo una élite política que no les ha dado soluciones, gritan una y otra vez "Make America Great Again", si bien a cuándo se refiere esa grandeza pasada nunca queda explicitado. Preguntando a los presentes, alguno nos hace referencia a generaciones más que a fechas, o a imágenes como los cuadros de Norman Rockwell, y su representación de la suburbia americana. Imágenes que hemos visto en cientos de series y películas. Un supuesto bienestar materializado en casas unifamiliares alejadas del bullicio de una ciudad corrupta. Jardines. Un cherry pie en el alféizar. Vallas blancas y familias aún más blancas.PublicidadNo obstante, esta imagen de prosperidad es una impostada, una que se construyó sobre temas que ahora serían anatema para el movimiento MAGA (como el intervencionismo, la construcción de vivienda pública, o la subvención de hipotecas), y otras que no lo son tanto (como la segregación racial y la discriminación). Porque los momentos de crisis pueden aprovecharse para tomar medidas que, aun postulándose como benéficas o progresistas, perpetúen la desigualdad.Un par de décadas antes de esas imágenes suburbanas de los 50, una de las mayores crisis financieras que se recuerdan sacudió EEUU. Los Felices años 20 se saldaron en la resaca de la Gran Depresión y la salida se auguraba complicada. El crac de la bolsa había iniciado un círculo vicioso de quiebras, despidos masivos, falta de gasto ante la falta de sueldos, más quiebras, más despidos… La crisis fue también de hambre y de vivienda. La mitad de las hipotecas del país entraron en impagos. La miseria se extendía entre la clase trabajadora y con ella el riesgo a que, sin nada que perder, se diesen cuenta que tenían todo que ganar.Este riesgo llevó al conocido como New Deal (Nuevo Acuerdo) iniciado por el demócrata F.D. Roosevelt, que proponía un mayor intervencionismo del Estado federal para aliviar los efectos más graves de la crisis. Muchas medidas fueron beneficiosas: se implementó una seguridad social similar a la que otros países en Europa estaban iniciando, se garantizó el derecho a establecer sindicatos, se restringió la explotación infantil o se estableció un salario mínimo. Otras se dirigieron a mantener el sistema, garantizando que alguien quedase por debajo. Cambiarlo todo para que nada cambie.Una de las primeras medidas del New Deal fue la creación de la Home Owners Loan Corporation (HOLC), agencia federal destinada a dar préstamos públicos para evitar la incautación de sus casas o incluso recuperarlas, y que institucionalizaría la hipoteca a plazo fijo y de larga duración. De esta forma, la HOLC acababa de crear una de las principales formas de generar riqueza intergeneracional. Pero esta riqueza sólo podía sostenerse sobre un acceso limitado y privilegiado. La HOLC también llevaría a cabo lo que se conocería como redlining: la elaboración de mapas de las grandes ciudades estadounidenses en los que se marcaba, barrio a barrio, el riesgo de un préstamo hipotecario.PublicidadEn una sociedad racista, fundada sobre una esclavitud abolida hacía 60 años, podemos imaginar los criterios. Aquellos barrios con una mayoría migrante o, sobre todo, negra, tenían asegurada la nota más baja, marcada en el mapa con un acusador color rojo. La raza y el riesgo se confundían, y la vivienda quedaba consagrada como un bien de mercado, donde los criterios empleados para el acceso a la misma hacían necesaria la discriminación. Una vivienda en un barrio negro era un bien de riesgo que no merecía atención ni ayudas.El redlining hizo que la tímida e incipiente integración que se estaba viendo en algunas ciudades en los años anteriores desapareciese por completo. Las propias familias blancas elegían segregarse, siendo que comprar en un barrio blanco les garantizaba un préstamo federal que haría posible salir del atolladero de la crisis, mientras los barrios negros eran olvidados. En algunos casos esta re-segregación de los barrios se materializó en muros que separaban el suburbio blanco del vecindario negro colindante. El gobierno había puesto una zanahoria, y lejos de preguntarse quién podía acceder a esas viviendas y quién no, las familias blancas tomaron la oferta. Entre la solidaridad para salir todos juntos de la crisis, o salvar al propio grupo, entre la solidaridad de clase o el engaño de la raza, ganó la segunda.Estas prácticas serían continuadas por nuevos programas federales como la Federal Housing Administration (FHA), o en la década siguiente, la GI Bill. Las inversiones fueron millonarias. HOLC dio tres mil millones de dólares en préstamos; en los 50 y 60 un tercio de las casas en propiedad recibían financiación de la FHA o la GI Bill y para 1972 la FHA financiaba 11 millones de compras de vivienda. Parecía que las ayudas gubernamentales sobraban. Con la condición, eso sí, de que no comprases tu vivienda en un barrio negro.PublicidadAsí, las ayudas permitieron crear un país de propietarios. Esto es, de propietarios blancos. Los barrios marcados en rojo, como la letra escarlata, parecían relegados al abandono en infraestructuras, a la depreciación de sus casas y a la falta de movilidad. El valor de las casas blancas o de las deudas negras, se traspasaba de padres a hijos e incluso cuando oficialmente se abandonase el redlining, la disparidad quedaría marcada en las calles, los servicios públicos, o los muros de las casas para las siguientes generaciones.Una sacudida nos devuelve al presente. Salimos de esas imágenes estereotipadas de los suburbios yankees que tantas veces hemos visto en cine y televisión, una imagen que ahora entendemos parcial y falsa. Lejos quedaron las ayudas gubernamentales, la Seguridad Social ha desaparecido, y los derechos a sindicarse están cada vez más perseguidos. Volvemos la mirada alrededor. Aún está la marea de gorras rojas, pero ahora tal vez nos extrañamos un poco menos aún de que la mayoría de caras coreando bajo esas gorras sean blancas. Sólo ellos pueden añorar un pasado que nunca conocieron, pero que se les dice que les perteneció.
Casas blancas, deudas negras y gorras rojas: el color de la vivienda de la Gran América que añora Trump
La América de casas unifamiliares, jardines y prosperidad que hoy se añora nació de una enorme intervención pública durante la Gran Depresión, que convirtió la vivienda en una de las principales ví...








