La idea propuesta por el eslogan ‘Make America Great Again’ ha derivado en un oxímoron, una contradicción lógica sangrante
Alexis de Tocqueville escribió hace casi dos siglos que la migración contiene “el germen de una completa democracia”. El pensador francés detalló en su gran tratado, La democracia en América, las dos causas que sostienen esa premisa. “Se puede decir que, en general, a su partida de la madre patria, los emigrantes no tenían ninguna idea de superioridad de cualquier género, unos sobre otros. No son por cierto los más felices y poderosos quienes se destierran, y la pobreza, así como la desgracia, son las mejores garantías de igualdad que se conocen entre los hombres”. Sin embargo, la obviedad de que Estados Unidos se fundó a partir de uno de los flujos migratorios más importantes de la historia moderna y contemporánea choca con la negación del pasado que trasuda la agenda de Donald Trump y su guerra cultural, amplificada por las redes sociales.
La política antiinmigración del magnate republicano muestra probablemente la faceta más populista del proyecto político forjado por su antiguo asesor Steve Bannon. En 2025, primer año del segundo mandato de Trump, nieto de un inmigrante, hijo de una inmigrante y casado con una inmigrante, la tolerancia cero anunciada durante la campaña ha dado paso a un conjunto de medidas que hacen tambalear los principios de la convivencia. La actuación de los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) abraza la exhibición programada de la crueldad en televisión y en las plataformas de internet, la criminalización casi sistemática del extranjero sin papeles o, en el mejor de los casos, su ridiculización. El paroxismo, aunque esté calculado, domina el debate público y alimenta a los acólitos del movimiento MAGA.








