A esta altura del partido, intentar interpretar la política exterior de Donald Trump requiere abandonar el terreno de la lógica tradicional. Uno puede comprender y analizar el error de política internacional, la equivocación estratégica, la mala medida e incluso un acto de corrupción; todos responden a una motivación o mecánica inteligible. Lo que resulta lisa y llanamente incomprensible es cuando la gestión pública se adentra directo en el terreno del delirio. La reciente decisión de declarar al Estrecho de Ormuz como "nuevo territorio estadounidense" no tiene antecedentes ni significado práctico. Es un acto demencial y una soberana tontería que hace que el mundo se le pida de risa. Ya lo intentó sin éxito en otras partes del planeta —con Panamá, con Groenlandia o con Canadá— y ahora pretende marcar un mapa en el Golfo Pérsico como si fuera propio. Además, afirma que el estrecho está "abierto y operativo", una falsedad absoluta. ¿El presidente de los Estados Unidos asume realmente que alguien con sentido común puede tomar en serio semejantes disparates? Este catálogo de decisiones desconectadas de la realidad tiene efectos geopolíticos inmediatos y devastadores. En un movimiento tan insólito como desprotector, Trump ha decidido presumir su "buena relación" con el dictador norcoreano Kim Jong-un, al mismo tiempo que mantiene abierta la tensión con Irán.
El catálogo de disparates de Donald Trump, del delirio en Ormuz a la fuga secreta con la "impresora humana"
La declaración del Estrecho de Ormuz como suelo estadounidense, el acercamiento a Corea del Norte y la insólita huida en un avión con Natalie Harp confirman el quiebre de toda lógica en la Casa Blanca.







