Estamos asistiendo a un momento histórico donde ya ni siquiera es fácil entender quién pelea contra quién. Un escenario geopolítico con el sello característico del universo Trump, llevado a niveles de extravío y disparate difíciles de asimilar. Lo que sucede actualmente en la navegación marítima internacional es un caso de estudio. El Estrecho de Ormuz se encuentra completamente bloqueado por ambas partes. Tanto Estados Unidos como Irán atacan a los buques que pretenden circular por la zona, generando una coincidencia disparatada. Si no ataca uno, ataca el otro. Se suponía que la función de la flota estadounidense debía ser facilitar el paso seguro de los buques para evitar los drones y las minas iraníes. Sin embargo, la decisión de la Casa Blanca fue sumarse al bloqueo de la vía marítima. Mientras el régimen de Teherán exige levantar las sanciones navales para reabrir el paso, Washington asegura tener el control absoluto de la zona. Un delirio estratégico que oscila entre la gravedad y el ridículo.
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