Actualizado a las 01:43h.
Marruecos demostró ayer que, cuando quiere, puede controlar su frontera con España. El despliegue de sus fuerzas de seguridad en Castillejos logró contener a cientos de subsaharianos que pretendían alcanzar Ceuta en una convocatoria conocida desde hacía días. La imagen fue radicalmente distinta a la del pasado 30 de julio, cuando decenas de miles de ciudadanos marroquíes cruzaron irregularmente la frontera española sin que Rabat desplegara una capacidad de contención comparable. No es una diferencia menor. Acredita que Marruecos dispone de medios para impedir estas situaciones y que su eficacia depende, en buena medida, de su voluntad de emplearlos. España necesita una relación estable, pragmática y mutuamente beneficiosa con Marruecos. El Gobierno debe reconocer la colaboración marroquí cuando se produce y exigirla cuando falta. Lo que resulta inadmisible es aceptar como inevitable una vulnerabilidad que los propios acontecimientos prueban que puede ser contenida.
La actuación de ayer tuvo, además, un episodio censurable. Las autoridades marroquíes obligaron a periodistas españoles de TVE y EFE a abandonar Castillejos mientras cubrían los acontecimientos y les impidieron desarrollar con normalidad su trabajo. La cooperación con Rabat no exige silencio ante estos excesos. España debe defender también la libertad de información de sus profesionales y reclamar explicaciones por una actuación incompatible con la relación de confianza que ambos países dicen querer construir. La estabilidad diplomática nunca puede obtenerse a costa de renunciar a principios elementales.












