El retraso en el cierre de Almaraz hasta junio de 2030 prueba que las dudas sobre el abandono de la energía nuclear han llegado a España. En los últimos años, pero especialmente desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, se ha hecho más evidente la dependencia energética europea del exterior y la necesidad de incrementar, en pro de la "autonomía estratégica", las fuentes sobre las que se tiene soberanía nacional frente a las importaciones de gas y de petróleo. En esa ecuación destacan las renovables, pero también las nucleares. El precedente de España es Bélgica, que en 2022 decidió retrasar diez años, hasta 2035, el cierre de su parque nuclear. Otros estados, como Francia, Suecia, Finlandia o Países Bajos, han prorrogado el funcionamiento de determinadas centrales, mientras que Hungría y Eslovaquia ya están construyendo nuevos reactores. La tendencia es clara y, aunque cada país es el competente sobre su política energética, desde Bruselas se respalda. Según explica el Gobierno en la orden publicada en el BOE, alargar la vida de los dos reactores de Almaraz contribuirá a contener los incrementos del precio de la electricidad mientras dure el conflicto en Oriente Medio. El gas, que ronda los 60,7 euros el MWh en España, el doble que antes del inicio de la guerra, continuará caro durante el invierno y el Gobierno señala que "el contexto geopolítico y los daños en la infraestructura de producción y exportación de combustibles fósiles extienden el riesgo y la incertidumbre a los próximos años". TE PUEDE INTERESAR El Ejecutivo defiende la decisión como coyuntural porque se mantiene para 2035 el cierre definitivo de los siete reactores actuales, pero apunta a algo más estructural al reconocer que la nuclear protege en un momento de crisis internacional, un escenario cada vez menos extraordinario y más frecuente dada la fragmentación geopolítica. Además, la UE ha decidido eliminar definitivamente las importaciones energéticas rusas en 2027, lo que abre escenarios más inciertos sobre la seguridad de suministro y aumenta la dependencia de otros proveedores. Un golpe al plan La extensión de Almaraz provoca un incumplimiento parcial de la hoja de ruta energética del Gobierno (el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2023-2030) en lo relativo al calendario de cierre, previsto inicialmente para los dos reactores de Cáceres en noviembre de 2027 y en octubre de 2028. No obstante, por el momento se mantiene inalterado el objetivo final de cuatro cierres de reactores durante la vigencia del PNIEC. Tras Almaraz, Ascó I y Cofrentes cerrarían en 2030; Ascó II en 2032 y Vandellós II y Trillo en 2035. La decisión, sin embargo, obliga a revisar parte de la planificación construida alrededor de ese calendario. El Plan General de Residuos Radiactivos y los acuerdos entre Enresa y las eléctricas tomaban como referencia que Almaraz comenzaría a cerrar en 2027. Llevar sus dos reactores hasta 2030 concentra ahora varios cierres en un periodo mucho más reducido y obliga a reorganizar los trabajos de desmantelamiento, las necesidades de personal y la gestión de los residuos previstos para los próximos años. El PNIEC establece la reducción de potencia nuclear instalada de 7,4 GW a 3,2 en 2030 para dar espacio a más renovables. Según las cuentas del Ejecutivo, esto se mantiene, pero para 2030 habría un 1,4% menos de generación renovable respecto al escenario teórico inicial y una reducción de la generación procedente del gas natural del 7% como consecuencia de la prórroga del cierre de Almaraz. El Gobierno asegura que dicho impacto es "acotado y poco significativo" y que "no compromete la contribución de España al objetivo de renovables en el marco europeo, al mantenerse el objetivo de renovables sobre el uso final de energía por encima de los umbrales fijados por la UE". El Gobierno liga el cierre nuclear al desarrollo renovable Sin embargo, el retraso en el cierre de Almaraz puede desincentivar la inversión en renovables y afectar a la rentabilidad de los inversores 'verdes', lo cual puede llevar a una reducción adicional por esa vía en el despliegue de las tecnologías verdes. Además, todo son, por el momento, previsiones teóricas a cuatro años vista que dependen de muchos más factores, como son los problemas de saturación de la red y de falta de almacenamiento, y de las decisiones que tome el próximo ejecutivo. Fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica señalan que hablarán con el sector renovable tras esta decisión para que "la señal sea clara" respecto a que "la apuesta sigue siendo más fotovoltaica y más eólica, aunque, durante estos años, algo más de nuclear de lo que estaba previsto". Inciden en que el problema es que los precios energéticos y gasistas son "muy superiores a los previstos", por lo que la coyuntura aconseja esperar para el cierre. TE PUEDE INTERESAR No obstante, el ministerio cree que la prórroga no perjudicará sustancialmente a la inversión renovable porque depende más de otros factores, como las cadenas de suministro, los programas de capacidad o la aceptación local. "Nuestro objetivo es que en 2030 no vuelva a darse este mismo debate porque hayamos conseguido suficiente autonomía gracias a las renovables y al almacenamiento", explica el ministerio. Sin embargo, también reconoce que, actualmente, "no se podían cerrar todas las centrales. Ningún gobierno responsable plantearía hacerlo. Pero tampoco estamos planteando que se queden todas abiertas indefinidamente". En consecuencia, el Gobierno liga el calendario de cierre de 2030-35 al despliegue de renovables, almacenamiento y gestión de la energía: "Una cosa tiene que acompasarse con la otra, tanto desde la perspectiva de la suficiencia del sistema como desde otras perspectivas". Menos dependencia del exterior Desde la invasión rusa de Ucrania y la intención de desconexión del gas ruso, la Unión Europea se ha enmendado a sí misma. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión, calificó la salida de la nuclear de Alemania (completada en 2023) de "error estratégico" en la última cumbre de energía nuclear en Francia. El actual canciller, Friedrich Merz, comparte esa postura. Alemania se ha enfrentado a una crisis energética (e industrial) sin precedentes tras el fin del gas ruso y de la nuclear prácticamente al mismo tiempo, lo cual deja un precedente incómodo para el resto. En general, la política de competencia europea está alineada con la idea de que la energía nuclear es una ayuda más para que la UE dependa menos del exterior a la vez que se descarboniza la economía. Los datos lo corroboran. España generó el 55,8% de su electricidad en 2025 con renovables, según los datos de Eurostat, por encima de la media de la UE (el 47,6%). Sin embargo, su menor disponibilidad de nucleares le hizo recurrir más al gas: la generación con ciclos combinados ascendió al 20,4% en España frente al 16,7% en el promedio comunitario, mientras que la generación con nucleares alcanzó el 18,8% frente al 23,2% en la media de los 27. Otro indicador revelador es la tasa de dependencia energética del exterior, medida como la proporción de las compras netas en el consumo interno bruto de energía. Con datos disponibles hasta 2024, España cubrió algo más de dos tercios de sus necesidades energéticas (el 68,9%) con importaciones netas, por encima del 57% de la media de la UE. La diferencia es clara con Francia, líder nuclear en la Unión, con una tasa de dependencia del 41,7% (aunque flaquea en la generación eléctrica renovable con tan solo un 27,3%). En este contexto, la UE vive un claro giro hacia la energía nuclear, ya sea mediante prórroga de las instalaciones ya existentes o construcción de nuevas. De hecho, la Comisión Europea prevé que la capacidad nuclear instalada en la UE aumente de 98 gigavatios (GW) en 2025 a alrededor de 109 GW en 2050, según detalla en su último programa nuclear (PINC), publicado en 2026. Según World Nuclear Association, asociación internacional del sector nuclear, Hungría y Eslovaquia están construyendo, a fecha de agosto de 2026, dos reactores nuevos, pero en la UE hay 26 reactores más planificados. Los planificados cuentan con aprobaciones y financiación y se espera que entren en funcionamiento en, aproximadamente, 15 años. El líder actual es Francia, con 57 reactores en funcionamiento de un total de 98 operativos en la UE. Fuera de la UE, la mayor apuesta por la nuclear procede de China, a través de construcciones aceleradas y a menor precio que aspiran a competir con EEUU. En España, se descarta ahora mismo nueva instalación, pero lo que ya es seguro es que sus siete reactores estarán operativos hasta 2030.
La prórroga de Almaraz hasta 2030 abre una grieta en la hoja de ruta energética del Gobierno
La extensión de la central provoca un incumplimiento parcial del famoso PNIEC, el plan energético español comprometido con Bruselas. En paralelo, el giro nuclear de la UE es cada vez más evidente y dos países construyen ya nuevos reactores












