Martí Puig i Leonardi |

Barcelona (EFE).- En 2012 fue anunciado a bombo y platillo; en 2014 se le puso la alfombra roja; en 2016 se aprobó el necesario plan urbanístico, anulado parcialmente en 2020 y que debía reformularse en 2023; en 2024 precipitó un adelanto electoral y en 2025 vio cómo se le retiraba la alfombra.

El Hard Rock -un macrocomplejo de ocio inicialmente bautizado como BCN World- ha incidido de forma intermitente pero constante durante la última década y media en la política catalana, copando decenas de portadas en unos años prácticamente monopolizados por el ‘procés’.

Su futuro está hoy, sin embargo, en el aire: el plan urbanístico sigue pendiente de un informe ambiental olvidado en un cajón de la conselleria de Territorio y los inversores se mantienen en silencio.

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