La entidad azulgrana ha atravesado conflictos políticos y de comunicación al acelerar el regreso a un estadio aún en construcción que paliará sus dificultades financieras

El Camp Nou pasó de ser un desafío político a convertirse en un reto comunicativo para la directiva de Joan Laporta. Sin embargo, por encima de todo, fue (y seguirá siendo) un desafío económico. “El Espai Barça puede tener el mismo impacto en la ciudad que tuvieron los Juegos Olímpicos de Barcelona”, expuso el presidente azulgrana cuando decidió impulsar el proyecto del nuevo estadio en 2021. Dos años más tarde, cuando comen...

zaron las obras, resaltó que su junta “había demostrado valentía con el proyecto”. Y, una vez abierto el campo, en la prueba que se realizó el pasado 7 de noviembre en el entrenamiento a puertas abiertas, el máximo directivo azulgrana destacó: “Mantiene los momentos míticos del pasado, pero con un alma nueva. Es como regresar al futuro”.

Resulta complejo, por ahora, saber si Laporta vendió eslóganes de optimismo al barcelonismo o simplemente fue realista al destacar la valentía de una junta que comenzó el proyecto más ambicioso de la historia del club (1.450 millones de euros) en un momento en el que la deuda pisaba los 1.350 millones. No hay dudas, en cambio, de que el nuevo Camp Nou acarreó duelos políticos para el presidente.