Mick Jagger ha confesado en más de una ocasión lo adictivo que le resulta el rock and roll, el escenario y los focos. Algo así le pasó a la Barcelona olímpica: se dio a conocer al mundo, le gustó la imagen que proyectaba y los halagos que recibía. Y quiso más. Pasqual Maragall, el alcalde olímpico, lanzó en 1996 la idea de organizar un nuevo evento que volviera a poner a la capital catalana en el mapa e impulsara la recuperación urbanística del Besòs para abrir la ciudad entera al mar. Se pensó en una Exposición Universal, pero con el apoyo de Federico Mayor Zaragoza, entonces director general de la Unesco, se acabó optando por idear un encuentro universal de culturas, artes y religiones que, bajo el nombre de Fórum Universal de las Culturas, se celebraría en 2004.Barcelona puso la ciudad de nuevo patas arriba para cubrir el Besòs, hasta entonces su gran patio trasero e incluso cubrir una planta depuradora para dar a luz una de las mayores plazas urbanas del mundo. De día, el día que este periodista revisita el recinto hay gente corriendo y paseando entre las vallas y los camiones que preparan un nuevo evento. De noche, es el escenario del Primavera Sound, el Cruïlla o la Feria de Abril. Hace 26 años, en esa gran plaza se desplegaban espacios de exposiciones, charlas y debates, salpimentados por puestos de restauración y mesas donde comer y observar espectáculos como el de los Voladores de Papantla o Moure el Món. Esos fueron los principales elementos de un evento que, desde el primer día, estuvo marcado por la polémica. “Nos avanzamos demasiado al tiempo”, opina Joan Clos, alcalde de Barcelona durante el Fórum de les Cultures, quien asumió la idea de Maragall.El Fórum de las Culturas fue un evento en el que durante 141 días se sucedieron conferencias, charlas, exposiciones y espectáculos. Ideado como un gran evento llamado a suceder los Juegos Olímpicos, se constituyó un consorcio formado por el Ayuntamiento, del PSC; la Generalitat, de CiU hasta 2003, y el Gobierno central, del PP hasta 2004. “Me encontré en lucha constante ideológica con la cúpula política del Fórum”, afirma Joan Clos, quien dice que incluso hubo quien le dijo que no siguiese adelante con el Fórum. Pero lo hizo. “Vinieron todos los que quisimos que estuvieran”, sostiene antes de repasar la retahíla de nombres que atrajo: Joseph Stiglitz o Paul Krugman, Susan George, Mikhail Gorbachov, Isabel Allende, Angelina Jolie, Salman Rushdie… En una Barcelona que venía de vivir a lo grande, se proyectaron unas elevadas expectativas de asistencia. Se fantaseó con los siete millones de visitantes, que se acabaron por rebajar a una cifra más razonable de cinco. Al final, fueron 3,2. “Fue un éxito”, resume Clos. Entre el 9 de mayo y el 26 de septiembre, Barcelona fue una de las ciudades de Europa con una mayor oferta cultural. Pero llovieron las críticas. Muchos de sus promotores incluso luego dijeron que fue un error. Los cuestionamientos llegaban de quienes lamentaban que esos espectáculos se celebrasen lejos del centro de la ciudad, en un espacio cerrado, casi amurallado y con un precio de 21 euros por cabeza. También se afeó la falta de participación ciudadana. O el patrocinio de empresas vinculadas con la defensa en un evento que decía buscar la paz. “Hubo una campaña. Se puso de moda criticar el Fórum”, asegura Clos. Tal vez no hubo una campaña como tal, pero en un evento tan largo, las crónicas fueron más allá de lo estrictamente intelectual y hablaban de la llegada de las medusas, la inundación de una exposición o la mala calidad que los asistentes atribuían a la comida.El exalcalde dice estar satisfecho. “La prueba es que se siguió haciendo. Le tomó el relevo Monterrey. Y los mexicanos quieren recuperarlo”, apunta. Sobre eso habla extensamente Mireia Belil, que dirigió las conferencias ―se llamaban diálogos― del Fórum y atesora mil anécdotas de sus ilustres participantes. También estuvo al frente de la fundación cuando el evento se desarrolló en Monterrey (México), Valparaíso (Chile) y Nápoles (Italia). Y también cuando el Ayuntamiento de Barcelona, bajo el mandato de Ada Colau, decidió liquidar la fundación. Belil, como Clos, reivindica el legado del Fórum: desde la reunión de los 17 mejores economistas del momento hasta llamamientos entonces inéditos como el de la renta básica universal o el del agua como derecho fundamental. “Logramos unir por primera vez en el mismo espacio a Davos y Porto Alegre”, recuerda.El reciente espectáculo de la Sagrada Família con motivo de la visita del papa ha devuelto a la ciudad ese orgullo que lució cuando se encendió el pebetero del Estadi Olímpic Lluís Companys. Sin embargo, no parece que las ganas de otro sarao pasen por otro Fórum. Clos dice que otras ciudades sí lo tienen, que en México hay apetito para resucitarlo. Y Belil lo confirma. Un grupo de políticos y empresarios mexicanos ya ha registrado una fundación con ese nombre en Ginebra, a cuyo patronato se ha invitado a las cuatro ciudades que lo han organizado. Por ahora, Belil no puede dar más detalles, más allá de que tienen la vista puesta en 2030 para un evento mucho más modesto, de entre dos y cuatro semanas. Si el Fórum no puede moure el món, al menos que no sea por no haberlo intentado.