0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialCatalunya todavía se puede salvar. Esto no va de Catalunya-España (sic). Va de Civilización-barbarie. ¿Y tú? ¿Qué escoges?”. El tuit del 1 de agosto de Sílvia Orriols es una muestra de cómo la entrada de inmigrantes marroquíes en Ceuta vuelve a plantear cómo se mira Marruecos desde Catalunya.Durante la primera mitad del siglo XX, el catalanismo tuvo un interés relativo por la lucha independentista de Marruecos contra España y Francia. Amplios sectores de la sociedad y de las élites catalanas compartían los intereses coloniales, con un trasfondo racista. El hecho de no querer que los soldados de leva catalanes combatieran en el protectorado no significaba apoyar la liberación nacional marroquí.El acercamiento más significativo con Marruecos fue el de 1926 cuando Francesc Macià quiso aprovechar el desgaste español en la guerra del Rif para sus planes insurreccionales de Prats de Molló. El alejamiento más claro fue el rechazo a las temidas tropas “moras” del ejército rebelde durante la Guerra Civil.Migrantes y menores en las naves del Tarajal a la espera de ser realojados.Reduan Dris Regragui / EFEEn 1975, la ocupación marroquí del Sáhara Occidental transformó el mapa. Durante el pujolismo, la Generalitat condicionó su posicionamiento a la visión de su presidente. Jordi Pujol sostenía: “En el partido estoy en minoría, el único pro marroquí soy yo”. Convergència estaba a favor de la autodeterminación saharaui, pero para el presidente la política hacia Marruecos pasaba porque España y Europa contribuyeran a su desarrollo, tanto por interés económico, como para reducir el incipiente flujo migratorio.La posición de las izquierdas era otra. El año 1998 después de que Pujol se negara a recibir una delegación del Frente Polisario, Josep-Lluís Carod-Rovira le preguntó de qué lado estaba. ERC y el PSC apoyaban a los saharauis. En el año 2008, José Montilla recordó a Abas el Fasi “la obligación” de resolver el conflicto del Sáhara. El año 2014, el PSC incluso avaló una resolución parlamentaría a favor de la autodeterminación del territorio saharaui.Cuando en el 2022 Pedro Sánchez adoptó una posición pro marroquí en el conflicto del Sáhara, sin embargo, el PSC pasó a ver a Marruecos como “socio estratégico”. Una decisión con trasfondo económico real, por el alto grado de exportaciones y de comercio bilateral, y sin coste político. Desde que no hay memoria de reclutas haciendo la mili, el Sáhara se ha ido olvidando.Para unos Marruecos es un destino turístico exótico próximo. Para el independentismo, un país antipático contrario a un estado catalán. Para otros, el exportador de una inmigración muy visible, que les muestra a diario los profundos e indeseados cambios de su sociedad. En el año 2003, cuando Pujol dejó la presidencia, en Catalunya había, según el Idescat, 128.000 ciudadanos marroquíes (23,7% de los extranjeros). En veinte años, la cifra se ha duplicado, pero diluido. En enero del 2025 eran 252.000 (16,6%). En un siglo, el catalanismo ha pasado de mirar de lejos a Marruecos a tenerlo en casa. Mientras tanto, en las escuelas cada vez se oye más la palabra “moro”, como marcador y como insulto. Y eso sí que hace pensar.
Nuestros amigos “moros”, por Joan Esculies
Catalunya todavía se puede salvar. Esto no va de Catalunya-España (sic). Va de Civilización-barbarie. ¿Y tú? ¿Qué escoges?”. El tuit del 1 de agosto de Sílvia Orriols es una muestra de cómo la entrada de inmigrantes marroquíes en Ceuta vuelve a plantear cómo se mira Marruecos...










