Se ha creado la imagen de una Espa�a como problema, aislada en la Uni�n Europea (ya lo estaba en la OTAN), disfuncional, vulnerable e inestable, y se ha derechizado la opini�n p�blica espa�ola y la europea; se ha reforzado el discurso populista, identitario y supremacista.El terremoto en Colombia el pasado lunes y el eclipse del sol el mi�rcoles han dominado los medios y, por consiguiente, la conversaci�n nacional. Las broncas sacudidas y las bellas sorpresas que propina la naturaleza dan para mucho y se habla de ellas a expensas del se�smo netamente humano y con muchos muertos por medio que ha supuesto la invasi�n de Ceuta a finales de julio.Desaparece de las pantallas al menos por un tiempo, no se sabe cu�nto, un grav�simo conflicto. De la beligerancia solamente dan cuenta las redes sociales y sus relatos pueden ser fake o no serlo.Sin embargo, se trata del conflicto m�s engorroso en estos pagos desde que hace medio siglo los reformistas de un r�gimen ya caduco idearon la reforma pol�tica y recuperaron para todos la democracia parlamentaria.A diferencia de la crisis del proc�s, la crisis de Ceuta no es el producto interno de la p�rdida pasajera del seny de unos pocos y de la indolencia manifiesta de otros tantos. La crisis ceut� pone a esta vieja naci�n ante el espejo de su papel en el mundo porque afecta a la seguridad del Estado y al acoplamiento de Espa�a con sus socios y aliados comerciales, pol�ticos y militares.Pero la capacidad de atenci�n es la que es. Prima la inmediatez, lo �ltimo que ha ocurrido, y la memoria es corta. Se pasa p�gina y la de los gent�os con gafas que se agrupan para ver a la luna oscurecer el sol sustituye a la de la masa de transgresores que hace quince d�as invadi� una pac�fica ciudad espa�ola.Las multitudes del eclipse puede que actuasen de acuerdo con un instinto primitivo como el de los lemmings, esos peque�os roedores del �rtico que subsisten en la tundra y que, dice el mito, se juntan para cometer un suicidio colectivo saltando todos juntos al abismo desde un alt�simo acantilado. O puede que sean v�ctimas del poderoso mass media de nuestro tiempo. Probablemente su conducta responda a ambas cosas a la vez.Por ello lo que cabe resaltar es que escasea el an�lisis de los hechos que realmente importan y que no abunda la valoraci�n de las emociones que provocan. Los hechos son tozudos y, a juzgar por lo que divulgan las redes, la situaci�n en Ceuta es ca�tica. Ah� peligra la convivencia porque las emociones est�n al rojo vivo.Los ochenta mil, seg�n el presidente de Ceuta, que el 30 y el 31 de julio entraron ilegalmente en el espacio reducido de una ciudad aut�noma que cuenta con setenta mil residentes, actuaron seg�n el sentido m�s b�sico de la persona humana que es el de mejorar sus condiciones de vida para �l y para los suyos. La posibilidad de tener un futuro digno para el nacido en el Magreb y en el �frica subsahariana se llama Ceuta, Espa�a y Europa.Se ha de tener muy en cuenta esto �ltimo. Los flujos inmigratorios han tallado la historia y en esta era de la informaci�n globalizada las mareas humanas son masivas y lo ser�n m�s. Cualquier valoraci�n de lo que supuso la ins�lita invasi�n de Ceuta hace quince d�as deber� tomar en consideraci�n los siguientes cuatro puntos de partida.En primer y segundo lugar se ha creado la imagen de una Espa�a como problema, aislada en la Uni�n Europea (ya lo estaba en la OTAN), disfuncional, vulnerable e inestable, y se ha derechizado la opini�n p�blica espa�ola y la europea; se ha reforzado el discurso populista, identitario y supremacista.Mala vecindadEn tercer lugar, la monarqu�a absolutista marroqu�, que reclama las plazas de Ceuta y de Melilla en aras de su integridad territorial, ha mostrado que con su mala vecindad es capaz de ejercer un considerable apalancamiento sobre el gobierno de Madrid. Y en cuarto lugar, la crisis en Ceuta ha debilitado seriamente la confianza en las instituciones espa�olas. Perjudica de manera muy especial la figura de la jefatura del Gobierno (Pedro S�nchez) y la figura de la jefatura del Estado (Felipe VI).El primer punto, el de Espa�a sanchista como "problema", no requiere demasiada explicaci�n. Ya era una inconveniencia en las pol�ticas de seguridad del bloque occidental cuando el gobierno sanchista sac� las patitas del tiesto a la hora de aumentar el presupuesto militar en l�nea con los dem�s miembros de la Alianza Atl�ntica. Es, adem�s, una contrariedad a�adida debido a las pol�ticas de inmigraci�n que el sanchismo asume, de nuevo, en solitario y que chocan con las consensuadas por la Uni�n Europea.Las v�as unilaterales decididas por Pedro S�nchez puede que consigan r�ditos internos. El "no a la guerra" y el gastar en educaci�n y sanidad en lugar de en defensa cae lo que se dice "bien", o eso se cree, en una mayor�a de la poblaci�n. Y por la misma regla el humanismo buenista, tambi�n el cristiano, que acoge al inmigrante sin papeles puede que sea, al menos mientras el PIB crezca por encima de la media europea, loable.Pero, tales pol�ticas van a contracorriente con las puestas en pr�ctica por el bloque occidental y esto tiene consecuencias. La secuela que ya est� sobre la mesa es la exclusi�n de Espa�a del espacio Schengen, que es el de la frontera com�n europea, porque a los dem�s socios no les hace ninguna gracia que lleguen a su pa�s una ola de no europeos que han regularizado su presencia en el viejo continente gracias a la generosa bienvenida que les ha dispensado S�nchez.Partidos "patri�ticos"Las pol�ticas de inmigraci�n de los gobiernos europeos se est�n endureciendo y esto no es m�s que el fiel reflejo del aumento en popularidad de los partidos pol�ticos nacionalistas e identitarios que dicen "primero" Alemania, Francia, Dinamarca, Italia y un largo etc�tera y que se autodenominan como "patri�ticos".La opini�n p�blica y la publicada del exterior puede por su parte concluir que la "espa�olidad" de Ceuta es insostenible a medio plazo. Y que Madrid no cuente con ellos. Por encima de todo lo que no quieren es que la pol�tica de inmigraci�n sanchista les "infecte". Los residentes de Ceuta dicen lo mismo que los "patriotas" europeos. Reclaman fronteras seguras y la inmediata expulsi�n de quienes las violan. Eso es lo que, entre abucheos, demandan de los ministros sanchistas que fugazmente han visitado la ciudad aut�noma en los �ltimos d�as.El tercer punto en cualquier valoraci�n de la ins�lita invasi�n de la ciudad aut�noma tiene que ver con las relaciones bilaterales entre Espa�a y Marruecos. El elefante en la habitaci�n que las �lites pol�ticas en Madrid no quieren ver y, si lo ven, del que no quieren hablar, es que Rabat considera que Ceuta y Melilla son "ciudades ocupadas" en suelo marroqu� y que su reivindicaci�n de ambas plazas se enmarca en el tan consabido lado correcto de la historia. Ante esto, que es una realidad como un templo, mejor dicho como una mezquita, solo cabe la firmeza que conduce a un eventual choque o el apaciguamiento que acaba en la claudicaci�n. Esto lo sabe Madrid como lo sabe Rabat y lo sabe Bruselas como lo sabe Washington.Tensi�n fronterizaLas mentes l�cidas en las cuatro capitales han de tener claro que se ha de explorar un punto intermedio entre la dureza y el ablandamiento. Pero lo que est� en el horizonte inmediato es un aumento en la tensi�n fronteriza. El 30 y el 31 de julio Mohamed VI ense�� sus cartas y es absurdo pensar que el gobierno de Espa�a no estaba al tanto de que las iba a mostrar. Con su capacidad de movilizar a una ingente masa de hombres en edad militar, el absolutista monarca alauita cree tener un p�ker de ases en la mano. Por �ltimo se ha de calibrar el impacto de la crisis en Ceuta sobre lo que grosso modo se puede llamar la confianza de la ciudadan�a en el correcto funcionamiento de las instituciones del Estado. Este es un asunto medular.El jefe del Gobierno que ha de velar por ello est� de vacaciones, lo cual no le impide recomendar m�sica y lectura a quienes le sigan en TikTok. Y el jefe del Estado que arbitra y modera el regular funcionamiento de las instituciones ha de servirse de filtraciones no atribuibles para que se conozca su "indignaci�n" por lo que ha ocurrido en Ceuta. La estrategia que ha elegido S�nchez por razones que hasta la fecha no ha querido explicar es la del apaciguamiento, la de "aqu� no pasa nada" porque Marruecos es el mejor vecino que uno podr�a tener. Esto resulta ininteligible para los ceut�es y para cuantos gracias a las redes sociales est�n al tanto de los apuros que padecen desde hace dos semanas.El rey Felipe VI quisiera visitar la "espa�ol�sima", dixit la ministra de Defensa, ciudad espa�ola para estar con sus ciudadanos en su hora de angustia. Esta es la obligaci�n de un monarca constitucional y Don Felipe la cumple a rajatabla cada vez que se produce un desastre que es lo que ha sucedido en Ceuta. Pero, al parecer, el jefe del Gobierno se lo proh�be y tiene facultad para ello. Pedro S�nchez pasa de cualquier gesto de firmeza. M�rese por donde se mire, la crisis desatada en Ceuta es muy grave y no hay terremoto en Colombia ni eclipse sobre la Espa�a vaciada que lo oculte.