España está viviendo demasiadas situaciones de urgencia en poco tiempo. Solo en el último mes, hemos debido afrontar la invasión de Ceuta e incendios muy graves. Son hechos que políticamente se mueven en dos velocidades: en primera instancia, se activan los mecanismos de respuesta de las instituciones para solucionar el problema lo antes posible. Pueden existir roces o discusiones políticas, pero quedan sofocados por la gravedad de los acontecimientos. Pero una vez que la situación se estabiliza, afloran las preguntas sobre sus causas, la adecuación de la respuesta y los errores de los responsables. Y eso sí puede generar consecuencias a medio plazo. El telón de fondo no varía: en una sociedad polarizada, cada parte reprocha a la otra las insuficiencias o las equivocaciones cometidas, ya sea por no ejercer las competencias de manera razonable, por reaccionar tarde o por no proporcionar los medios suficientes. En esa partida, afirman los expertos electorales, no suelen darse grandes movimientos, porque el anclaje del voto es grande. A estas alturas, y con la fecha de las elecciones todavía lejana (o eso parece), la diferencia entre el bloque de izquierda y de derecha no es concluyente. Podría bastar con que 10 u 11 diputados varíen de bloque para que el resultado tenga un cariz distinto del pronosticado. El 2-0 a favor de la derecha que señala el marcador al descanso muestra una ventaja clara, pero remontable. Es lógico pensar que, vista la primera parte, será difícil que en la segunda se produzca un cambio significativo, pero en ocasiones anteriores ha ocurrido. Sánchez se ha especializado en dar la vuelta al marcador en los últimos minutos, como el Madrid de la Champions. Los ceutíes insisten en que continúan sin disponer de la ayuda necesaria para normalizar la vida cotidiana En este escenario, incluso pequeños desplazamientos electorales son relevantes. Hasta ahora, cada parte ha jugado sus bazas. Desde el Gobierno se insiste en que la crisis ha sido resuelta con rapidez y sin emplear la violencia; que es uno más de los muchos acontecimientos complicados que Sánchez ha tenido que afrontar en sus legislaturas y que ha gestionado correctamente. Además, el fondo ideológico que se atisba, con Trump como líder de la reacción contra España, ayuda al relato del presidente socialista como principal resistente frente a las extremas derechas. Las críticas europeas, que fueron significativas en el inicio de la crisis, se volvieron mucho más moderadas después; otra baza favorable a Sánchez. Por el otro lado, se subraya el error de un ejecutivo que pensó que podía apaciguar a Marruecos y asentar buenas relaciones con Rabat y que ha conseguido a cambio un pulso de gran magnitud. Se cuestiona si los servicios de seguridad españoles estaban alertados de lo que podía ocurrir o si lo ocultaron. Se recuerda que Ceuta continúa sin disponer de la ayuda necesaria para normalizar la vida cotidiana. Se señalan los costes de la actual política exterior española. Cada uno de estos puntos funciona para los convencidos de cada bloque. Para unos, cuando vienen mal dadas, el Gobierno responde; para los otros, Sánchez es la causa última de los problemas y esta es una prueba más de su incompetencia. Transferencias entre partidos La crisis de Ceuta deja consecuencias que tendrán un recorrido mayor que el de una crisis puntual. Si bien subrayan los expertos consultados que en periodo estival los efectos electorales se atenúan mucho, lo cierto es que la inmigración se ha colocado en el foco, y ese es un marco que beneficia a las derechas. Sánchez es un presidente proinmigración, el más activo en ese sentido en la UE, y en prácticamente todo Occidente, lo que le deja en un espacio muy expuesto, ya que pocas posiciones oficiales vendrán a respaldarle y muchas a criticarle. Eso supone una ayuda para los rivales. Las transferencias del PSOE a Vox estaban en mínimos después de meses en torno al 5%. La inmigración las reactiva Los efectos en las encuestas de la invasión de Ceuta son de dos órdenes. En primera instancia, beneficia a Vox respecto del PP, ya que aumentará la transferencia de intención de voto de los populares a los de Abascal. A pesar de que los intentos de ponerse en el foco en Ceuta no han sido particularmente provechosos para el líder de Vox, o de que los influencers y activistas de la extrema derecha hayan obtenido resultados muy dudosos con su presencia en la ciudad autónoma, Vox ha sido el partido que con más insistencia ha señalado a la inmigración como un problema serio. Momentos como estos les benefician aunque solo sea por lo acumulado: advirtieron de los riesgos inmigratorios y tienen una posición clara y dura frente a ellos, de modo que poner este asunto en el primer plano les genera recorrido de por sí. Así lo ven también en entornos cercanos al partido socialista, "lo que gana uno (Vox), lo pierde el otro (PP). En temas de inmigración, sabemos que la derecha nunca va a poder superar a la extrema derecha". Hay que recordar que en marzo y abril los de Abascal estaban sufriendo por primera vez en su pulso con los populares, pero ya parecen haber estabilizado ese frenazo y Ceuta les ayuda a ganar terreno. Las transferencias del PSOE a Vox estaban en mínimos después de meses en torno al 5% (tras la entrada en los gobiernos autonómicos), pero dado que la inmigración era la principal causa de esa fuga, pueden verse reactivadas. El desgaste sistémico Existe un segundo asunto que puede perjudicar al PSOE: Ceuta ha dejado una sensación de vulnerabilidad del Estado frente a las amenazas exteriores de la que el principal partido de oposición puede obtener cierta ventaja. La falta de firmeza pasa factura. La contestación progresista pasa por poner el foco en los menores y en la nula solidaridad y responsabilidad de los gobiernos del PP, pero ese es un asunto secundario para buena parte de los españoles frente a la sensación de inseguridad permanente. No se trata de cómo responder ante una crisis migratoria, sino de lo sencillo que es vulnerar la frontera y lo expuesta que está España. Son cuestiones de índole diferente, y la segunda es una debilidad que permanece en la memoria colectiva durante mucho tiempo. Se extiende la sensación de abandono y soledad: las instituciones siempre están ahí salvo cuando de verdad hacen falta Sin embargo, el problema más significativo para el Gobierno está en la distancia entre los grandes asuntos y los pequeños. El Ejecutivo puede argumentar que la crisis se ha resuelto rápido, y es cierto, pero lo que permanece es un sentimiento de desprotección y desamparo que han expresado repetidamente los ceutíes. Si fuera una visión que pudiera circunscribirse a una ciudad o una determinada región, los efectos serían menores. Pero se trata de una sensación cada vez más común en España. En muchos de los problemas graves que ha debido afrontar nuestro país, a pesar de que hayan podido resolverse con presteza, esos sentimientos han quedado como fondo colectivo. Los españoles se sienten vulnerables porque no encuentran el respaldo que esperaban y necesitaban. En su peor versión, se extiende la sensación de abandono: las instituciones están ahí salvo cuando hacen falta; en ese momento, todas sus deficiencias afloran, y cada cual debe arreglárselas en solitario. Este no es un problema español, sino una constante de las democracias occidentales, pero que pasa más factura al partido en el Gobierno que al de oposición. Es una cuestión sistémica que recorre las elecciones de muchos países, pero el descontento con el sistema o la oposición a él suele derribar a muchos ejecutivos. España está viviendo demasiadas situaciones de urgencia en poco tiempo. Solo en el último mes, hemos debido afrontar la invasión de Ceuta e incendios muy graves. Son hechos que políticamente se mueven en dos velocidades: en primera instancia, se activan los mecanismos de respuesta de las instituciones para solucionar el problema lo antes posible. Pueden existir roces o discusiones políticas, pero quedan sofocados por la gravedad de los acontecimientos. Pero una vez que la situación se estabiliza, afloran las preguntas sobre sus causas, la adecuación de la respuesta y los errores de los responsables. Y eso sí puede generar consecuencias a medio plazo. El telón de fondo no varía: en una sociedad polarizada, cada parte reprocha a la otra las insuficiencias o las equivocaciones cometidas, ya sea por no ejercer las competencias de manera razonable, por reaccionar tarde o por no proporcionar los medios suficientes. En esa partida, afirman los expertos electorales, no suelen darse grandes movimientos, porque el anclaje del voto es grande.
Ceuta acorta las posibilidades electorales de Sánchez y refuerza a Vox
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