0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialCatorce días después de que 70.000 marroquíes se saltaran los pasos fronterizos próximos a Ceuta, todavía hay dudas sobre si es correcto utilizar la palabra invasión. Cuanto más de izquierda eres, menos te gusta, y si eres de derechas, más te parece que define perfectamente lo que pasó. En el diccionario, invasión nos remite a invadir, que significa entrar por la fuerza (en un territorio) para ocuparlo o saquearlo. Y, aunque lo que pasó fue muy grave, las intenciones de los movilizados no parecían tan violentas como las que recoge el diccionario. Se calcula que el 95% de los marroquíes que entraron ilegalmente en España han sido repatriados. Pero las autoridades de Ceuta afirman que quedan centenares –incluso miles–, sobre todo menores, que colapsan los servicios públicos actuales, amparados por una legislación inaplicable.La ministra, con una ceutí Reduan / EfeAnteayer, la ministra de Defensa, Margarita Robles, visitó Ceuta sabiendo que le esperaba el clásico recibimiento beligerante de ciudadanos, organizados o espontáneos, angustiados y/o indignados. A Robles le tocó soportar insultos y reproches y también momentos en los que, rompiendo el protocolo, intentó transmitir algo más que consignas y bla-bla-bla. El titular de la visita: cuando dijo “Ceuta no es española, es españolísima”. Es la clásica afirmación que, con la intención de controlar el relato, dispersa su eficacia. Podemos interpretar las palabras de Robles como un brindis al sol, una frase más en la escalada de mensajes de una guerra dialéctica entre los gobiernos de Marruecos y España.A la ministra Margarita Robles le tocó soportar insultos y reprochesDe hecho, en su primera visita, el presidente Pedro Sánchez no habló de invasión, pero sí de “agresión a la integridad de nuestro país”. Sin embargo, el Gobierno no reaccionó con la contundencia institucional –¿convocatoria de un pleno extraordinario del Congreso?– de un país teóricamente agredido (¿qué pasaría si 70.000 españoles se saltaran tumultuosamente los controles fronterizos de Marruecos?), sino que apeló a la diplomacia y a la solidaridad de los socios europeos. Nos queda esta división conceptual entre españoles y españolísimos. Yo, que por razones diversas he sido español toda mi vida, sospecho que la condición de españolísimo, en vez de reforzar los derechos de los españoles, los sitúa en una posición de incierta, discriminatoria y angustiante vulnerabilidad.