Soy una g�minis de libro. So�adora, dispersa y disfrutona, la �nica manera que tengo de aterrizar y cumplir con todos los mandados de una rutina cotidiana marcada por horarios, obligaciones aburrid�simas y prisas es intentar buscarle el lado l�dico a (casi) todo..., por muy complicado que pueda parecer a simple vista. No me puede espantar m�s todo ese rollo de las vidas de alto rendimiento ligadas a la m�xima productividad en cada una de las facetas de nuestra existencia: el trabajo, el deporte..., hasta el amor. Lo m�o va m�s por la senda de las vidas de alto sentimiento, un concepto que no puedo amar m�s y que le brot� a Francisco G�mez Moreno -fisioterapeuta, oste�pata, dietista-nutricionista y mag�ster en Psiconeuroinmunolog�a- de forma espont�nea hace unos d�as mientras contempl�bamos un espectacular amanecer sobre el mar Mediterr�neo durante su 'Despertar Vital', la superrecomendable experiencia de la que es gu�a en Palasiet Thalasso Clinic-Hotel (Benic�ssim).
Pose�da por esa enajenadora inercia que nos empuja a todos a optimizar cada minuto de una forma cuantificable, he de confesar que sentarme sobre una roca con la �nica misi�n de ver c�mo sal�a el sol, as�, sin hacer nada m�s, me result� un pel�n complicado mentalmente. �Por qu�? Pues porque estamos adiestrados para ser eficientes hasta en vacaciones y, as� de primeras, limitarse a mirar al horizonte en lugar de aprovechar para correr, leer 20 p�ginas del �ltimo bestseller sobre los h�bitos at�micos que nos ayudar�n a triunfar en los negocios, escribir una p�gina de un diario, practicar la caminata japonesa, escuchar el p�dcast de moda sobre c�mo afrontar la menopausia o superar una ruptura amorosa, mirar de soslayo el correo del trabajo para que no reviente el buz�n o hacer un estudio de mercado sobre las actividades extraescolares a las que apuntar a los ni�os durante el curso nos parece una p�rdida de tiempo.En esta agotadora obsesi�n por exprimir cada instante, no hacer nada se ha convertido en uno de los mayores lujos de nuestro tiempo. Nos hemos acostumbrado a sentirnos culpables cuando simplemente descansamos, del mismo modo que comer por placer sin detenernos a contar las calor�as o a analizar la calidad de los nutrientes se ha convertido en una especie de acto de rebeld�a.A m�, personalmente, me encantar�a volver de las vacaciones este a�o y proclamar con orgullo que no he hecho ni el huevo. Que, como proclama el cantante Cristian Castro -el gur� que llevaba a�os necesitando-, me he esforzado en no hacer nada. Que me he levantado a la hora que me ha dado la gana, sin que me despierte una alarma -aunque, probablemente, abrir� el ojillo con los primeros rayos de sol, porque es lo que tiene ir cumpliendo a�os- y sin monitorizar la calidad de mi sue�o. Que he nadado sin contabilizar los metros completados y que me he pasado las horas a remojo con mis hijos, dej�ndome mecer por el suave vaiv�n de las olas. Que he conocido un rinc�n nuevo de mi querido Lanzarote que, ojal�, todav�a no se haya convertido en uno de esos odiosos spots instagrameables ante los que los turistas hacen cola durante horas para sacarse una foto, algo que, dicho sea de paso, me parece una de las formas m�s est�pidas que existen de invertir el tiempo. Que he re�do, charlado y achuchado por encima de mis posibilidades (que, advierto a los que vais a estar cerca de m� durante estas fechas, son much�simas). E, incluso, hasta me he aburrido. Vamos, que, como dice Fran, he podido disfrutar de esa vida de alto sentimiento que tan feliz me hace. Que para alto rendimiento ya tengo el resto del a�o. �Felices vacaciones!







