No olvidemos que el tedio es importante porque la mente se activa y busca nuevos retos, que pueden acabar en ideas brillantes

Vivimos en la era de la inmediatez y la velocidad. Lo que hoy es una grandiosa novedad, mañana está obsoleto. Y nuestros dispositivos electrónicos rezumban continuamente con avisos de mensajes, llamadas, etc. Buscamos la gratificación inmediata, el titular chocante. A mucha gente le cuesta ver una película sin consultar el móvil en repetidas veces.

No olvidemos que aburrirse es importante porque, para salir de ese aburrimiento, la mente se activa y busca nuevos retos, que pueden acabar en ideas brillantes. Si no nos aburrimos porque tenemos decenas de estímulos a mano, estamos cerrando la puerta a esa creatividad. Independientemente de cuánto haya de verdad en la historia de Newton y la manzana, que se asocia al descubrimiento de la Ley de Gravitación Universal por el propio Newton, cuesta creer que el gran genio estuviera estresado haciendo docenas de tareas banales simultáneamente cuando tuvo la idea. Al menos en matemáticas, según mi experiencia y la de compañeros de profesión con los que hablo, una considerable proporción de grandes descubrimientos son fruto de meses o años de meditar sobre problemas o teorías, en los cuales se han encontrado tramos de muchas horas de sosiego para pensar.