Nos enseñan a ser productivos, bajo esa creencia de ganarnos el pan con el sudor de la frente. Trabajar ennoblece, al igual que estar en el hacer. De alguna forma, es como si al estar activos, viviéramos. Cuando paramos, es como si perdiéramos el tiempo. Muchos hemos tenido abuelas aleccionadas con aquello de no poder estar mano sobre mano. Siempre hay que estar haciendo algo… Así, en ese permanente hacer nos perdemos el modo ser, porque cuando estamos activos o hiperactivos, la mente se ocupa. La espiral de la actividad se nos lleva y, finalmente, podemos perder la noción de quiénes somos.Ciertamente, trabajar es necesario y colma muchas de nuestras aspiraciones, ilusiones y motivaciones, pero qué importante es poder desconectar para ser productivos o cuán fundamental es permitirse pausas para comprender la realidad que nos rodea o aquello que somos internamente.Paul Lafarge no era ningún gurú, ni alguien preocupado por el bienestar emocional o psicológico, sino un disidente marxista en contra de la explotación del proletariado. Su libro El derecho a la pereza (1880), con su tono irónico y polémico, puede ser desde la biblia del primer anarquismo como el manifiesto del perfecto holgazán. No era el trabajo, sino el placer, el objetivo que debía perseguir la clase obrera.Para Lafargue no existe una diferencia entre un trabajo enajenado y liberado. A lo sumo, el trabajo es el condimento de los placeres de la pereza.El mal de la burguesía y de la revolución industrial había sido sofocar los gozos y pasiones del trabajador para convertirle en una máquina de la cual se exprime trabajo sin tregua ni discreción.La pasión por el trabajo puede llevarnos hasta el agotamiento de nuestras fuerzas vitales. El modelo a seguir era aquel que marcó la Grecia clásica, donde sólo los esclavos trabajaban y el hombre libre no hacía mas que ejercicios corporales y juegos de inteligencia.Del paro al ocioComo evidentemente, no podemos defender una sociedad esclavista, la solución es que trabajen las máquinas para así liberar al ser humano de sus tareas laborales. Si son las máquinas quienes trabajan, el hombre puede gozar de mayor tiempo libre. De una sociedad en el paro por falta de trabajo, podemos pasar al ocio mediante una regulación de éste con una jornada basada en menos horas laborales. De esta forma, la escisión entre meses productivos y mes vacacional, pasaría a equilibrar tiempo de trabajo y ocio de forma permanente, como por ejemplo defiende la Generación Z.“La solución consiste en que trabajen todas las personas menos horas, con lo cual o habrá parados, y que el producto producido por las máquinas se reparta eliminando plusvalías, de modo que todo el mundo cobre lo necesario para mantener su nivel de vida como cuando trabajaba 40 horas.”Luis Racionero defendía estas ideas en su libro de principios de los años ochenta. Hoy está claro que la cosa no ha ido por ahí. Ni la aparición de la IA está sirviendo para que trabajemos menos. Al contrario, parece que lo hagamos más, buscando ser más productivos y más competitivos. De otra parte, lo que se ha perseguido no es el equilibrio de salario sino el enriquecimiento de unas élites.Podríamos vivir en una civilización del ocio, estando casi permanente de vacaciones y esta vez a un nivel superior, sin esclavos, con las máquinas cumpliendo esa misión.La Generación Z y el tiempo libreEste es el anhelo de la Generación Z (nacidos entre 1997 y 2012) que priorizan el bienestar mental y la flexibilidad horaria al triunfo personal. Los hijos de los yuppies de los años noventa se han dado cuenta de que la ambición material y la cuenta de resultados pueden llevar a un estrés o ansiedad crónicas. El equilibrio entre trabajo y tiempo libre es fundamental para vivir en armonía. El dinero no lo es todo y el éxito tampoco.Para la mayoría de los miembros de esta generación trabajar es un medio para vivir y gozar de la vida. No vivimos para trabajar sino al contrario. La cuestión es buscar fórmulas que permitan armonizar esta dicotomía entre trabajo y ocio. La generación Z vive bajo una ambición tranquila, en la que la estabilidad emocional es más importante que un ascenso. Les gusta el teletrabajo y respetar la desconexión digital fuera del horario de trabajo. También saben poner límites y decir no o abandonar trabajos que les atrapan o les parecen tóxicos. Así mismo, practican la micro-jubilación, por ejemplo, durante la treintena para dedicarse a viajar durante todo un año o llevar a cabo actividades de bienestar.Para algunos estas posturas parecerán irresponsables, caprichosas o propia de hijos del bienestar, pero cuidado que estos jóvenes se han encontrado un mundo muy difícil. Igual la cuestión no es fomentar lo peor del individualismo y la competencia sino montar una economía basada en las cualidades humanas más hermosas.Suena utopía, pero ser perezoso puede dejar de ser una mala condición, sino un valor, si sabe llevarse con coherencia y una línea clara. El peligro reside en aprender a ser tan perezoso que ya no queramos trabajar nunca más. Ese tampoco es el camino.Lazy jobsExisten fórmulas intermedias como los lazy jobs que consisten en puestos de trabajo que no interfieren con la vida personal y no contemplan horas extras. Obviamente, puede ganarse menos dinero y requiere una serie de ajustes, pero aquí reside la fortaleza y disciplina de toda una decisión vital. El ideal es bajar el estrés, tener horarios flexibles y buenas dosis de teletrabajo, así como una relación equitativa entre la remuneración económica y el esfuerzo mental o físico requerido.Un lazy job no implica ser perezoso o no trabajar, sino evitar el exceso de trabajo, la hiperproductividad y un alto desgaste. Se trata de no llevar una alta carga laboral y vivir una soft life. Poder desconectar y llevar una buena higiene mental es fundamental en esta idea de trabajo en la que la salud se antepone a todo lo demás.Otras opciones consisten en trabajar tres años y descansar uno, evitando así el síndrome de burn out laboral. Todo esto nos lleva a una visión distinta, pero cada vez más contemporánea, de la relación entre tiempo libre y trabajo, en la que la realización personal y la salud se anteponen al éxito profesional o el beneficio económico.Algunos como Lafargue o Lessing llevaban sus posturas al extremo. El filósofo alemán decía “seamos perezosos en todo, excepto en amar y en beber, excepto en ser perezosos.” Hedonismo puro que nos retrae a periodos estivales y ociosos, pero haríamos bien, más allá del verano, de encontrar ese equilibrio entre ocio y trabajo. Sin duda, nuestra calidad de vida mejoraría…