Björk reunió este miércoles a 7.000 personas en un parque a las afueras de Reikiavik, para celebrar el eclipse total de sol con Echolalia, un evento de varios días que culminaba en una rave de casi ocho horas en la que compartió cartel con Arca y varios nombres de la escena electrónica islandesa.

El festival era también una versión a gran escala de los Mánakvöld, las fiestas de baile que Björk y Smekkleysa llevan años celebrando alrededor de la luna llena y en las que la islandesa invita a otros artistas a compartir mesa de mezclas. Esta vez cambiaron la luna llena por una bastante más excepcional: la que durante poco más de un minuto ocultaría por completo el sol sobre su país y parte del nuestro.

Habíamos reservado plaza en uno de los dos aparcamientos habilitados para el evento. Desde allí quedaban 26 minutos andando o la posibilidad de coger una lanzadera gratuita que, viendo cómo avanzaban los coches por la carretera principal, no parecía necesariamente la opción más rápida.

El camino atravesaba parte de la ciudad de Hafnarfjörður, que a ojos de un español acostumbrado al concepto de barrio, podía confundirse con un polígono industrial salpicado de algunas casas sin negocios en los bajos. Después de cruzar un enorme colegio, el paisaje se abría finalmente al gran campo de césped de Víðistaðatún. Tampoco hacía falta mirar demasiado el mapa para saber que íbamos en la dirección correcta, bastaba con seguir a los pequeños grupos que caminaban a no más de medio kilómetro de nosotros, donde de uno o de otro destacaba alguna vestimenta, cada cual más creativa que la anterior.