A veces una empresa puede resumir sus valores en una sola imagen. En el caso de Sillería Vergés, esa estampa llegó hace unas semanas con la visita de algunos clientes a su sede en Tortellà (Girona). “Nos contaron que tenían sillas fabricadas por mi padre hace 50 años y que están igual que el primer día”, rememora Esteve Vergés, consejero delegado de la compañía. El simbolismo de la escena es evidente para una firma que nació en un modesto taller familiar y ha llegado a convertirse en un fabricante de referencia internacional en mobiliario de diseño para el sector contract (enfocado a espacios colectivos). “Nos confirmó que el esfuerzo por hacer un buen producto ha sido el camino correcto”, apunta. Aunque Vergés fabrica muebles como mesas y taburetes, su especialidad son las sillas. “Nuestro mobiliario tiene el valor añadido que aporta el diseño unido a la artesanía”, resume el empresario. Con estas piezas como enseña, la empresa catalana facturó 11,1 millones de euros en 2025 y prevé alcanzar los 11,5 millones este año. Entre sus clientes figuran cadenas hoteleras internacionales como Hilton, Marriott, Novotel, Ibis, Meliá o Princess, principalmente en Europa y con creciente implantación en Estados Unidos. Además, sus colecciones se exhiben desde hace cinco años en el Salone del Mobile de Milán, uno de los grandes escaparates mundiales del diseño.Ese crecimiento pasa por un destinatario poco visible para el gran público. “Nuestros clientes son arquitectos y decoradores, que ven nuestros catálogos y nos prescriben en sus proyectos”, explica. Cada encargo se adapta a las necesidades del espacio, con precios de entre 300 y 700 euros por pieza. “No hacemos ningún proyecto igual, solo hay dos puntos en común: la madera y el tapizado”, señala.Un oficio desde el inicioLa personalización que caracteriza a Vergés hunde sus raíces en su origen artesanal. Joan Vergés, abuelo del actual consejero delegado, recorría los pueblos de Girona reparando sillas antes de que su hijo Silvestre aprendiera el oficio. “Mi padre decidió dar un paso más y empezar a fabricar, primero a mano y después con máquinas”, recuerda. En 1970, el matrimonio Silvestre Vergés y Palmira Picart inauguró un pequeño taller de sillas artesanales de boga, germen de la compañía actual. La mecanización permitió aumentar la producción y la competitividad. “Dejamos de vender en España y se destinaba casi todo a Francia y Alemania; nacimos exportando”, añade. Aunque la empresa ha incorporado maquinaria especializada, sigue reivindicando el valor del oficio. Las estructuras se fabrican mediante procesos industriales, pero los acabados continúan haciéndose a mano, “desde la tapicería hasta el barnizado o los encordados”, indica. “Aportamos tecnología para que el producto sea competitivo, sin perder este punto artesanal”, recalca. La gran transformación llegó tras la crisis de 2008. “Las ventas cayeron un 50% y entraron muchos competidores externos”, aclara el CEO. La presión internacional llevó a la compañía, ya dirigida por los hermanos Esteve y Joan Vergés, a replantear su estrategia. “Países como China competían por precio, así que empezamos a competir por calidad y a apostar por el diseño como elemento diferencial”, cuenta Vergés.A partir de entonces, la empresa comenzó a desarrollar colecciones propias. El objetivo era, según Vergés, “hacer un producto auténtico y depender menos de terceros”. Hoy colabora con diseñadores como Estudi Manel Molina, Lagranja Design, Julien Renault o Jonas Wagell. “El estudio Emiliana Design también nos ayuda con la dirección artística para que todo respire el mismo estilo”, anota.Plan de crecimientoEsta apuesta por el diseño ha impulsado la expansión internacional de la sillería. Vergés exporta el 56% de su producción a Europa, con Francia, Reino Unido y los países nórdicos como principales mercados, y mantiene una presencia todavía reducida en EE UU. “Estamos en plena fase de expansión en EE UU y en el Caribe”, afirma.Además, explora nuevas oportunidades para centros asistenciales, un mercado que considera estratégico. “Queremos especializarnos en la geriatría o, como preferimos llamarlo, el diseño para todos”, avanza Vergés. El objetivo es contribuir a crear espacios adaptados para una población cada vez más longeva. “La tendencia será vivir con más calidad, en entornos mejor diseñados y cómodos. Es ahí donde queremos aportar nuestra experiencia”, concluye. Piezas que cuidan a los más mayoresVergés explora vías de innovación vinculadas al envejecimiento de la población con un proyecto de mobiliario adaptado a centros residenciales. “La gente mayor pasa muchas horas en una butaca y nos planteamos si el diseño podía ayudar a mejorar su bienestar y seguridad”, apunta su consejero delegado, Esteve Vergés. Esta idea dio origen a una primera fase, financiada por el Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (CDTI) con cerca de 638.000 euros, centrada en nuevos tejidos impresos en 3D, adhesivos sostenibles y sistemas de unión seguros para fabricar asientos más cómodos, duraderos y reciclables.La segunda etapa, llamada Esencor y dotada con más de 666.000 euros, ha permitido integrar sensórica avanzada en asientos para monitorizar de forma no invasiva a personas dependientes. “Permite diseñar sillas que, gracias a la ergonomía, eviten que las personas se tambaleen sin necesidad de inmovilización”, explica Vergés.Ahora la compañía trabaja en una tercera fase basada en inteligencia artificial para identificar patrones sanitarios y posibles riesgos a partir de los datos recogidos por los sensores. “Una silla está en contacto con gran parte de los órganos vitales. ¿Por qué no aprovecharlo para detectar incidencias?”, resume el CEO. El objetivo es que el mobiliario registre variables como el pulso o la presión y genere alertas ante cambios anómalos.El valor de fabricar en origenProducción. Toda la actividad de Sillería Vergés se concentra en Tortellà, un pueblo de 849 habitantes en la comarca de La Garrotxa (Girona), donde la empresa ha crecido y mantiene su sede. Para Esteve Vergés, CEO de la compañía, mantener la producción en origen forma parte de la identidad corporativa. “Seguir fabricando aquí es un valor de marca”, afirma, en referencia a un modelo que combina industria y entorno rural.Fábrica integral. Tapicería, pintura y montaje conviven bajo el mismo techo. “Tenemos diferentes secciones en la misma sede y externalizamos lo mínimo posible, como los curvados de la madera”, dice el empresario. Esta organización permite controlar la mayor parte del proceso productivo y responder a proyectos personalizados. La empresa emplea a 52 personas, de las que casi la mitad trabajan en la fabricación de sillas.
Sillería Vergés, el taller de Girona que transforma el mobiliario en diseño y se exhibe en Milán
La firma catalana, que factura 11,1 millones de euros al año, amuebla grandes cadenas hoteleras y espacios colectivos en la UE y Estados Unidos









