IntemperieCuando los ciudadanos -radicales aparte- no se sienten protegidos ni ven una buena gesti�n de los servicios b�sicos, acaban por sentirse no representados. Y entonces es cuando deciden votar a las serpientesLa ministra de Defensa Margarita Robles, ayer, en Ceuta.EFEActualizado Mi�rcoles,

agosto

23:08Audio generado con IARecuerda el historiador brit�nico Richard Vinen en su l�cido ensayo Churchill y De Gaulle. Los �ltimos titanes (Cr�tica) que �el Estado franc�s que sobrevive hasta nuestros d�as� fue creado por el general que encarn� la resistencia en los escasos 18 meses en los que gobern� despu�s de la liberaci�n. Impulsor de una profunda reforma de la funci�n p�blica, De Gaulle cre� la �cole nationale d'administration (ENA), cantera inagotable de dirigentes, y refund� el Instituto de Estudios Pol�ticos, una escuela destinada a preparar a los estudiantes, precisamente, para ingresar en la ENA. Quiz� estas bases permiten hoy que el Estado franc�s, con todas sus contradicciones, permanezca inmutable pese a la destrucci�n del sistema tradicional de partidos. En Espa�a algo as� ser�a impensable. La partitocracia impregna un Estado d�bil y expuesto al manoseo de las dos grandes corrientes, que cada vez que ganan las elecciones no es que nombren al presidente del CIS o de Renfe, sino a los miembros del �ltimo consejo comarcal. No es un vicio acu�ado por el PSOE ni por el PP; se remonta a un pasado por el que asoman el caciquismo, el turnismo y las perennes oligarqu�as del pa�s del mundo en el que m�s importa heredar un buen apellido.El desprestigio del Estado -ojo, no s�lo de la Administraci�n General, sino de las autonom�as- y la falta de una �lite funcionarial capaz de superar la divisi�n entre la gesti�n p�blica y la privada explican en gran medida por qu� el Estado espa�ol siempre est� ausente en cuanto sobreviene una cat�strofe natural o una crisis de la envergadura geopol�tica de la desatada en Ceuta. El esfuerzo de los servidores p�blicos no solapa el hecho de que haya ministros ech�ndose los trastos a la cabeza a cuenta de una Inteligencia que supon�amos incrustada en la c�pula estatal. El Jefe de Gobierno, inhibido, mientras la titular de Defensa da la cara casi 15 d�as despu�s. Y la Corona, amputada de sus funciones simb�licas y diplom�ticas. Nadie parece respetar la dignidad de un Estado en cuyo presupuesto -ya lo dijo Gald�s- pasta un establishment de mascarillas y �ticos fraudulentos. Tras cinco d�cadas de una transformaci�n sin precedentes, Espa�a es un pa�s eclipsado por las divisiones y con una estructura territorial que s�lo ser�a eficaz con una lealtad federal a la alemana.El deterioro de lo p�blico no sale gratis. Cuando los ciudadanos -radicales aparte- no se sienten protegidos ni ven una buena gesti�n de los servicios b�sicos, acaban por sentirse no representados. Y entonces es cuando deciden votar a las serpientes.