Nos hemos feudalizado bajo una democracia de taifas partidistas que guerrean entre sí sin concederse la menor tregua
Ojalá me equivoque, pero creo que nos asomamos a un abismo de decepción colectiva que va camino de traducirse en un estallido electoral o, incluso, en un estallido social. La causa está en la indignación que mucha gente siente hacia una política que está en sus cosas y no en la de todos. Eso hace que España vaya justa en todo lo que tiene que ver con el desarrollo de la vida material de sus ciudadanos; un dato que va de la mano del creciente malestar que sienten los es...
pañoles hacia los políticos en general y hacia los compatriotas en particular que no piensan como ellos.
La responsabilidad de ello descansa en los dos grandes partidos nacionales: el Partido Popular y el Partido Socialista. Ambos han desatendido una exigencia de responsabilidad sistémica hacia la democracia y, sobre todo, han olvidado que la prioridad de la política está en la gestión ordinaria de las cosas, en sentido orteguiano. Un fenómeno que ha coincidido con una normalización de la mala educación y de la intolerancia hacia el adversario, que ha quebrantado la idea del bien común. Así, con el tiempo, las cosas descuidadas han acabado pesando sobre las espaldas de una sociedad que pierde bienestar a borbotones. Y la mala educación y la intolerancia han calado entre la gente y han intoxicado la convivencia de forma generalizada.






