Alemania amanece periódicamente con nuevos indicios sobre presuntas acciones hostiles de Rusia en su territorio. Injerencias en elecciones regionales, amenazas de drones en sus aeropuertos o investigaciones sobre espionaje. Mientras esto sucede, en el corazón de Berlín tiene el Kremlin su Casa de la Cultura, un gran centro de conciertos y conferencias para difundir la historia y la idiosincrasia de Rusia en la capital alemana. Pero su futuro pende ahora de un hilo.La Casa Rusa de la Cultura y la Ciencia fue inaugurada en 1984 en el barrio más emblemático de la Alemania Oriental (RDA), 10 minutos a pie de la Puerta de Brandeburgo. Su agenda de actividades es constante: conciertos, cursos de ruso, charlas sobre historia, visitas guiadas. Su librería es moderna y ofrece publicaciones variadas. Nada indica que sea propiedad del Gobierno ruso, no hay imágenes de su presidente, Vladímir Putin, ni lemas a favor de la invasión de Ucrania ni loas al imperio ruso.Berlín está en campaña electoral, en septiembre se celebran los comicios regionales, y el SPD ha reabierto el debate sobre el cierre de la Casa Rusa. El candidato socialdemócrata, Steffen Krach, se plantó el 8 de agosto ante al edificio con un cartel en la mano que exigía la confiscación del lugar. El mensaje iba dirigido a Die Linke, el partido de la izquierda radical que propone expropiar edificios en Berlín para construir vivienda pública.La acción de Krach tenía una doble intención: por un lado, criticar a Die Linke por la propuesta de las expropiaciones, algo que considera que es una medida populista; por otro lado, quería así presionar Krach a sus rivales para que se mojen sobre el futuro de la Casa Rusa. Die Linke es el heredero sociológico del SED, el partido que gobernó la dictadura de la RDA. El presidente de la formación en Berlín, Maximilian Schirmer, afirmó en 2025 al diario Berliner Zeitung que era legítimo plantear la supresión de la Casa Rusa si se demuestra que es una fuente de propaganda.Krach subrayó la acusación de propaganda y añadió que la Casa Rusa es también un potencial nido de espías. El candidato del SPD se refería con esto a un informe de los servicios secretos franceses filtrado a la prensa alemana el 6 de agosto. Este documento afirma que espías rusos se registran en Alemania con acreditaciones diplomáticas de la Casa Rusa. La presión para cerrar esa institución empezó en 2022, el primer año de la invasión rusa a gran escala sobre Ucrania. Lideraron la oposición Los Verdes, que llevaron el caso ante la justicia. Un tribunal sentenció en 2025 que esta institución debía ser sancionada, sus activos y cuentas congeladas, porque depende de una agencia del Ministerio de Exteriores ruso bajo sanciones de la Unión Europea, la Rossotrudnichestvo. El juez también concluyó que la Casa Rusa difunde propaganda del agresor. La decisión del juez fue recurrida y todavía no hay sentencia firme. La conservadora CDU, que gobierna en Berlín y en el Ejecutivo federal, ha sido menos beligerante que el socialdemócrata SPD pero también se ha mostrado partidario de proseguir la vía judicial para poner fin a la actividad de la Casa Rusa.Un grupo de seis activistas a favor de Ucrania se manifestaban el lunes por la tarde frente al edificio. Este centro no organiza actividades en agosto aunque cada poco tiempo salían de su interior jóvenes con instrumentos musicales. Uno de los manifestantes cargaba un altavoz por el que sonaban música ucrania y las alarmas antiaéreas que suenan periódicamente en las ciudades del país invadido. Un hombre, que los manifestantes identifican como alguien vinculado a la comunidad rusa, les recrimina la protesta y al poco rato aparece un furgón de la Policía. Los agentes piden que bajen el volumen del altavoz y se van.Burkhardt Erlhogen es de Berlín y tiene 61 años. En 2022 se implicó en la acogida de refugiados ucranios y desde entonces participa en actividades en defensa de los intereses de Ucrania. Protesta ante la Casa Rusa porque cree que es una institución que socava la estabilidad europea, no solo alemana, pero duda que el asunto sea decisivo en las elecciones de Berlín: “Hay una relación histórica con Rusia y la mayoría siente un respeto por este país, pero es un respeto que se acerca al miedo. Por eso prefieren evitar el asunto”.“La Casa Rusa es una institución puramente cultural. Sus actividades se basan en el acuerdo bilateral vigente entre el Gobierno de la Federación Rusa y el Gobierno Federal de la República Federal de Alemania”, explica una portavoz de la Casa Rusa. Ambos países sellaron en 2013 el documento de colaboración por el que el Ejecutivo alemán cofinancia y apoya la Casa Rusa durante 99 años. En 2026 recibió 70.000 euros del presupuesto federal alemán.En 2014, un año después de la firma del acuerdo, Rusia ocupaba militarmente la península ucrania de Crimea y apoyaba el levantamiento separatista en la región de Donbás.También han entrado en la batalla los partidos alemanes prorrusos: la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) y la izquierda nacionalista de BSW. Ambas formaciones consideran que boicotear la Casa Rusa es un acto de censura. Sobre todo es BSW quien está utilizando la polémica en la campaña ante la ambigüedad de su rival directo, Die Linke. El partido ha abierto una recogida de firmas a favor de proteger la Casa Rusa como un puente cultural entre Berlín y Moscú. De momento cuentan con más de 4.000 apoyos.Iris Berndt es una de las personas que defiende el papel cultural y diplomático de la Casa Rusa. Berndt es historiadora y exdirectora del Museo Käthe Kollwitz de Berlín. Codirige desde 2026 un club de historia que se reúne en la institución: “Nuestro club invita a descubrir los mil años de lazos culturales entre Alemania y Rusia y a conocer mejor su historia. Actuamos en consonancia con el mandato constitucional de entendimiento internacional y contribuimos a la paz”. Berndt prefiere no hacer pública su opinión sobre los partidos que reclaman el cierre de la Casa Rusa.La historiadora Irina Scherbakova advierte de la complejidad del debate. Scherbakova es una exiliada rusa en Berlín, y cofundadora de Memorial, una organización ilegalizada por Putin que en 2022 recibió el Premio Nobel de la Paz. Opina que “moralmente” es difícil justificar que la Casa Rusa continúe funcionando, pero añade que las consecuencias de ello podrían ser peores. La reacción de Moscú sería cerrar los Institutos Goethe (el equivalente al Instituto Cervantes de España) que continúan abiertos en Rusia, dice: “El Instituto Goethe es de las pocas ventanas al exterior que siguen funcionando en Rusia”.
Sanciones y sospechas de espionaje amenazan con cerrar la Casa Rusa de la Cultura en Berlín
El futuro de esta institución del Kremlin se cuela en la campaña electoral de la capital alemana, con el SPD y Los Verdes exigiendo su clausura












