A todos se nos ha caído comida al suelo y hemos albergado la esperanza de que no se haya manchado para poder comérnosla. Al fin y al cabo, si solo ha tocado el suelo unos tres segundos -o el tiempo que hayamos tardado en recogerla-, ¿tanto ha podido pasar? Soplamos un poquito y… ¡a la boca! Aparentemente no tiene por qué ocurrir nada, pero la biquímica Patricia Senent alerta de que, en muchas ocasiones, esa comida se llena de bacterias.Para comprobar si el tiempo que permanece un alimento en el suelo influye realmente en su contaminación, Patricia Senent dejó caer varias magdalenas y las recogió tras uno, tres y cinco segundos. Después cultivó las muestras para observar el crecimiento de microorganismos. "Olvídate de la regla de los cinco segundos, de los tres y del uno. Una vez la comida toca el suelo, ya está llena de microorganismos", afirma. Las placas de cultivo mostraron un abundante crecimiento microbiológico apenas 48 horas después, independientemente del tiempo que la magdalena había permanecido en el suelo.¿Y si las bacterias ya estaban en la magdalena?Una duda habitual es si esos microorganismos podrían proceder del propio alimento y no del suelo. Para descartarlo, la bióloga cultivó también una magdalena recién sacada del envase, sin que hubiera entrado en contacto con ninguna superficie. "Cogí una recién salida del envase para ver si tenía bacterias ya de fábrica y este es su cultivo a las 48 horas", explica. Este resultado indica que el crecimiento observado en las demás muestras se debía al contacto con el suelo y no al producto en sí.El suelo nunca está limpio del todoAunque un suelo parezca limpio a simple vista, alberga multitud de microorganismos invisibles. En él pueden encontrarse bacterias, hongos, virus y restos de materia orgánica procedentes del calzado, de las mascotas, del polvo ambiental o de otras superficies. La cantidad de microorganismos dependerá del tipo de suelo, de la humedad, de la temperatura y del uso que tenga esa zona, pero ninguna superficie puede considerarse completamente estéril. Además, algunos alimentos son especialmente propensos a recoger microorganismos por su textura o humedad. Los alimentos blandos, húmedos o pegajosos suelen contaminarse con mayor facilidad que otros más secos.Soplar no es una buena ideaCuando el alimento cae al suelo, muchas personas intentan eliminar la suciedad soplando antes de comérselo. Sin embargo, esta práctica tampoco resulta eficaz. "Soplar puede empeorarlo porque añades tus bacterias de la boca", explica Patricia Senent. Al expulsar aire también se liberan pequeñas gotas de saliva que contienen parte de los microorganismos habituales de la cavidad oral. Aunque la mayoría forman parte de la microbiota normal y no representan un problema para la propia persona, soplar no elimina la contaminación previa y añade nuevos microorganismos al alimento.Otra estrategia habitual consiste en retirar con los dedos la parte que ha estado en contacto con el suelo. Pero, según muestra el experimento, "rascar tampoco ha ido muy bien". Los microorganismos pueden adherirse rápidamente a la superficie del alimento e incluso penetrar parcialmente en función de su textura, por lo que eliminar una pequeña capa no garantiza que desaparezca la contaminación.Un gesto cotidiano que conviene replantearseEn la mayoría de las personas sanas, ingerir de forma puntual un alimento que ha caído al suelo no provocará necesariamente una enfermedad. El riesgo dependerá del tipo de microorganismos presentes, del estado del suelo, del alimento y de la situación de salud de quien lo consume. No obstante, desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, la recomendación es clara: si un alimento cae al suelo, lo más prudente es no consumirlo. "A partir de ahora piensa en las velas de los cumpleaños y en las que estás soplando", recuerda la bioquímica, una acción aparentemente inofensiva que pueden favorecer la dispersión de microorganismos, especialmente cuando los alimentos van a ser compartidos con otras personas.
Patricia Senent, bioquímica: "Una vez la comida toca el suelo, se llena de microorganismos, así que olvídate de soplar"
Según explica la experta, soplar no elimina la contaminación previa y añade nuevos microorganismos al alimento.






