Aunque a menudo los relegamos a un papel de simple guarnición, los espárragos tienen el potencial suficiente para convertirse en las verdaderas estrellas de la mesa. La delicadeza y suavidad del espárrago blanco contrasta a la perfección con la intensidad silvestre del verde, ofreciendo un abanico infinito de texturas y sabores en la cocina. Para huir de las presentaciones tradicionales, reunimos cuatro recetas saludables, completas y muy nutritivas que demuestran que comer sano también puede ser una experiencia verdaderamente interesante.

Según los datos de la Fundación Española de la Nutrición (FEN), el espárrago es un alimento con un bajísimo aporte energético y un elevado contenido en agua. Más allá de su ligereza, destaca como una excelente fuente de proteínas vegetales, vitaminas C y E. El espárrago posee, además, una potente acción antioxidante, especialmente en su variedad verde, gracias a la presencia de beta-carotenos y luteína, así como de folatos, compuestos bioactivos como los flavonoides y lignanos, e hidratos de carbono como la inulina y la oligofructosa. Aunque hoy en día podemos encontrarlos durante todo el año, la FEN señala que su momento óptimo de consumo se concentra en los meses de abril y mayo, siendo los espárragos verdes más ricos en minerales que los blancos.