Competencia ha tenido que intervenir en una de las tensiones más latentes de la liberalización ferroviaria: el acceso a los talleres necesarios para mantener los trenes. Unas instalaciones estratégicas dominadas por Renfe y sobre las que la normativa impone obligaciones de acceso cuando sus servicios se ofrecen al mercado. La empresa dependiente del Ministerio de Transportes trató hasta el último momento de justificar su negativa a Iryo con un amplio listado de alegaciones. Renfe recurrió al tren perdido en el accidente de Adamuz, a los problemas detectados en los nuevos Avril y a la saturación de sus talleres para explicar por qué, después de más de 18 meses de negociaciones, decidió no permitir el acceso del operador privado a sus instalaciones de mantenimiento pesado. La resolución de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) desmonta buena parte de esas razones. El regulador concluye que Renfe Mantenimiento denegó el acceso sin una "justificación objetiva suficiente" y apenas dos semanas antes de que comenzaran los trabajos, dejando a Iryo sin una alternativa viable para mantener a tiempo sus trenes. Uno de los argumentos más llamativos tiene que ver con Adamuz. Renfe alegó como una de las circunstancias sobrevenidas la baja del tren 120.061 tras el accidente. La CNMC rechaza que pueda justificar el portazo porque, nueve días después del siniestro, el 27 de enero, la propia Renfe Mantenimiento todavía propuso adaptar el contrato con Iryo de 20 a 19 trenes y continuó avanzando hacia su formalización. TE PUEDE INTERESAR Algo similar ocurre con las fisuras detectadas en los bogies de los S106, los Avril de Talgo que han provocado numerosos problemas a Renfe. Competencia recuerda que fueron detectadas en julio de 2025 y que, pese a conocerlas, Renfe continuó durante meses negociando el acceso de Iryo a La Sagra y Valladolid. La ferroviaria pública también alegó intervenciones extraordinarias derivadas de arrollamientos, incendios y otras incidencias. La CNMC considera que fueron planteadas de forma genérica, sin identificar los trenes afectados ni cuantificar su impacto real sobre la capacidad de La Sagra. Un taller abierto solo siete horas El choque más importante se produce, sin embargo, alrededor de la saturación. Renfe ha defendido durante todo el conflicto que necesita preservar capacidad para mantener su propia flota y garantizar tanto los servicios comerciales como aquellos sometidos a obligaciones de servicio público. Como ha publicado El Confidencial, la compañía llegó a cifrar en unos 60 millones de euros anuales el impacto de las medidas impuestas por Competencia y advirtió de posibles ajustes en servicios de AVE y Avant, incluidos Barcelona y Valladolid. Pero la CNMC considera que buena parte de las necesidades alegadas por Renfe ya eran conocidas cuando negociaba con Iryo. El mantenimiento programado de las series S103, S120 y S121 no apareció repentinamente. Renfe Mantenimiento conocía tanto las necesidades de esos trenes como la capacidad disponible en sus propias instalaciones. TE PUEDE INTERESAR Competencia señala además una alternativa que Renfe podía haber explorado antes de denegar el acceso: ampliar el horario de La Sagra. El taller funciona, según su ficha, de lunes a viernes entre las 7:00 y las 14:13 horas. Otras instalaciones de Renfe, como Cerro Negro, Santa Catalina, Fuencarral o Can Tunis, funcionan las 24 horas durante los siete días de la semana. El razonamiento de Competencia va incluso más lejos. Sostiene que Renfe conocía simultáneamente las necesidades de su flota y la capacidad de sus talleres, por lo que entiende que consideraba compatible atender también a Iryo. Pensar lo contrario y asumir que, aun así, negoció durante 18 meses hasta dejar el acuerdo pendiente de firma supondría, según recoge la resolución, "asumir mala fe por parte de Renfe Mantenimiento". La CNMC califica además de "inverosímil" que Renfe Mantenimiento alegue desconocer las necesidades de mantenimiento de la flota de Renfe Viajeros cuando es precisamente la entidad encargada de mantenerla. TE PUEDE INTERESAR Iryo ha declinado hacer comentarios. Renfe asegura que está analizando la resolución y subraya que Competencia ha rechazado buena parte de las pretensiones de su rival, como el acceso a Valladolid y la autoprestación de toda la revisión R2. La compañía insiste en que La Sagra no se abre de forma general ni permanente y sostiene que ceder capacidad puede restar recursos necesarios para mantener su propia flota. Puente quiere cambiar las reglas El conflicto está directamente ligado a las obligaciones derivadas de la liberalización ferroviaria. Renfe no está obligada a ofrecer al mercado cualquier servicio auxiliar de mantenimiento, pero, una vez que lo hace, la Ley del Sector Ferroviario exige que se preste de forma transparente y no discriminatoria. Además, ante solicitudes incompatibles, la normativa europea obliga a intentar coordinarlas y buscar alternativas para acomodarlas antes de aplicar criterios objetivos de priorización. El pronunciamiento llega en un momento especialmente sensible. Como adelantó este medio, el Ministerio de Transportes prepara una regulación específica sobre el acceso a los talleres después del enfrentamiento abierto entre Renfe y Competencia. TE PUEDE INTERESAR El departamento de Óscar Puente llegó a cuestionar la actuación de la CNMC en una respuesta parlamentaria, mientras el regulador ha vuelto a dirigirse a Renfe por los conflictos abiertos con Iryo y Ouigo. La resolución introduce ahora un elemento nuevo en esa batalla. Competencia no solo obliga a Renfe a abrir La Sagra a los 19 trenes de Iryo afectados. También concluye que las razones utilizadas por la compañía para justificar su cambio de posición no explican suficientemente por qué negoció durante año y medio un acuerdo que terminó retirando cuando quedaban menos de dos semanas para empezar los trabajos.
Renfe alegó el tren perdido en Adamuz y la saturación de sus talleres para cerrar la puerta a Iryo
La empresa pública exploró diferentes vías para evitar abrir sus talleres a sus competidores pese a las obligaciones que impone la liberalización. Un terreno cuyas reglas Óscar Puente quiere ahora cambiar








