Pepe Viyuela (Logroño, 1963) es un filósofo optimista y un payaso pesimista, o viceversa. Se le ve contento, que no es cosa tan habitual en un payaso. El Festival de Almagro le acaba de conceder el premio Corral de Comedias por su vida en las tablas. En julio ha estrenado un Shakespeare (Timón de Atenas) y un montaje músico/teatral junto a Rosa León, con textos del siglo de oro y mucha actualidad (A quién contaré yo mis quejas). Payaso, actor y poeta, político solo cuando se le necesita y sin pistola, repite con voz pesimista que aun conserva la esperanza,Publicidad Tristes tiempos para los payasos. En vez de preguntarte por la risa, te voy a preguntar por política. ¿Te vuelves a presentar de número 13 en las listas de Izquierda Independiente de Sanse, San Sebastián de los Reyes, donde vives?No, no, no, no, no. Aquello fue una petición que me hicieron en su momento para un par de elecciones. No recuerdo ahora en qué años. Yo dije claramente que no tenía ninguna intención de participar activamente en política institucional. Mi presencia en esas listas era de carácter testimonial. De apoyo a un proyecto muy concreto, municipal, como vecino, con amigos en esa formación.Cuando estuviste, hace ya casi diez años, en el Consejo Ciudadano Estatal de Podemos, también remarcaste que tenías una posición testimonial. Aquellos fueron tiempos de esperanza para la izquierda española. De aquel cenit hemos pasado a este nadir. ¿Dónde se han escondido aquella ilusión, aquellas ganas de asaltar cielos y calles, y aquellos votos? Sobre todo aquellos votos.Pues yo la sigo teniendo. No pierdo la esperanza.Pero, ¿dónde está la gente? ¿Dónde está aquella gente, Pepe?Yo creo que la gente está en su casa. Intentando buscarse la vida. La situación es complicada. Los sueldos son muy bajos, los pisos y las casas son carísimos. La gente tiene que estar en el día a día, en el complicado día a día.Ya, pero eso tendría que movilizar, ¿no? Sin embargo, parece que la adversidad está desmovilizando al trabajador. O se lo llevan sus enemigos de siempre: las derechas.Probablemente, pero quizá lo que hay es un cansancio también, un hastío, y una involución en mucha gente. Personas que antes estaban muy cerca de las posiciones de Podemos, y que ahora mismo probablemente están en el otro extremo. Esto es pendular. Por una cuestión no sé si de despecho, de sentimiento de agravio, o muchas veces quizás de ignorancia, la gente se va hacia el otro lado. Hay una involución, eso es innegable. Es cierto que es un momento muy duro y muy triste, pero no pierdo la esperanza ni las ganas de trabajar.PublicidadLos artistas, y la gente de teatro en particular, vivís muy dependientes, muy al albur del signo político de instituciones como los ayuntamientos. Si el concejal de festejos no quiere contratar teatro y contrata toros, vosotros os jodéis. ¿Sobrevivirá el teatro español independiente a un gobierno de PP y Vox con tanto poder como se les anuncia?Yo estoy seguro de que sí. El teatro es inextinguible. Son miles de años de historia acompañando al ser humano. Obedece a una necesidad de comunicar, a una necesidad de reflexionar y de compartir experiencias, ya sea intelectuales o emocionales, políticas, de todo tipo. No se puede acabar con el teatro. De hecho, pese a la aparición de la televisión o el cine, el teatro no solamente no ha perdido fuerza, sino que mantiene viva sobre todo su llama de presencialidad.¿Tú crees que no va a afectar ese cambio?Afectar sí. Indudablemente. Claro que afecta. Hay un deseo de acabar con esa llama, con ese espacio de libertad. Otra cosa es que se extinga.Se pueden perder mucha pujanza, mucha capacidad, muchos bolos, que se cierren muchos teatros...Pero es posible que, como en una olla, si cierran por un lado, la presión estallará por otro sitio. En tiempos difíciles es cuando se demuestra la fuerza de los fenómenos, ya sean culturales o de cualquier tipo. El deseo de libertad, de contar y de escribir, no va a desaparecer. Claro que va a afectar seguramente en la contratación y en la censura de determinadas obras, y viviremos momentos esperpénticos. Pero eso probablemente dé todavía más alimento al espíritu crítico, porque tendremos que responder de otra manera.PublicidadEstoy pensando que sería la hostia una huelga de actores, pero una huelga total que paralizase la televisión, la producción de series, los teatros... Sería increíble, un sueño.O quizá una de hiperactividad, ¿no? Una huelga a la inversa: producir de manera que se ocuparan las calles y se trabajara todavía más. Sí. Recuerdo concretamente que en Guadalajara estaban intentando cerrar, remodelar y reconvertir un teatro precioso, el Teatro Moderno [en 2012, el gobierno regional de María Dolores de Cospedal (PP) anuncia su cierre y privatización]. De pronto, desde la calle se produjo una respuesta muy interesante: "No tenemos abierto el teatro, pero podemos actuar en la puerta". Ese movimiento consiguió finalmente que el teatro no cerrara. Ese teatro existe.Ya, pero hay que darle de comer.Hay muchas maneras inteligentes, humorísticas e ingeniosas para responder a la intolerancia y a las ganas de censurarlo todo. Yo soy optimista. Va a ser muy duro que esta corriente de derecha y de ultraderecha consiga gobernar más todavía, pero no pierdo la esperanza. Es una cuestión de ciclos y, sobre todo, de no tirar nunca la toalla, de no perder la compostura, de saber estar en tu sitio y no arredrarte ni tener miedo.Hablando de miedo, está de moda amenazar a personas populares que se declaran de izquierdas. Sobre todo a mujeres. Se están centrando muy bestialmente en mujeres, pero no solo. ¿Tú te has sentido amenazado?No, salvo momentos a lo mejor puntuales en los que alguien me ha podido insultar en la calle. Han sido momentos muy concretos y contados con los dedos de una mano. Tuve la intuición de que debía dejar las redes sociales hace ya un tiempo. Precisamente, porque a través de las redes sociales llegaban insultos muy desagradables e incluso amenazas que me quitaban el sueño. Yo pensaba: "Pero es que no voy a poder decir absolutamente nada, voy a tener que callarme, voy a tener que renunciar a mi derecho a opinar". Vivir con esa angustia...Me estás confesando que sí pasaste miedo, o por lo menos angustia.Angustia. Lo que pasa es que el miedo se combate mirándole de frente. Y quizás riéndote. Pero no enfrentándote directamente a aquellas personas que te amenazan. Eso enciende más el enfrentamiento. Es mejor hacer oídos sordos. Sabes que existen y que están ladrando ahí fuera. Pero, si escucho demasiado esos ladridos, probablemente vaya a atemorizarme. Prefiero, sabiendo que existen, seguir haciendo lo que debo hacer. Las redes sociales se han convertido en un espacio para el odio, fundamentalmente, y no para el diálogo, como parecía que iba a ser en un primer principio. Entonces, abandono ese espacio y me voy a otro sitio donde sí puedo opinar, que hasta ahora es el teatro.Eres un payaso filósofo. Estudiaste la carrera de Filosofía. Te licenciaste.Compatibilicé los estudios de filosofía con los de arte dramático y, cuando terminé ambos, empecé a buscar trabajo. Y en el teatro lo encontré.Leyendo tu biografía, pensé: ¡joder, suena paradójico!, ¿no? Filósofo y payaso. Parecen incompatibles. Pero si te paras a pensarlo, hay mucha filosofía en las payasadas.Yo lo creo, yo lo creo. Llevo cuarenta años haciendo el payaso y cada día me doy más cuenta de la profundidad que encierra cada uno de los gestos de un payaso. El payaso que yo represento es un torpe, se equivoca pero no se rinde. Y, sobre su aparente fracaso, construye una fiesta, alegría, y en el fondo la alegría no es otra cosa que esperanza. El humor es un revulsivo contra la pasividad. Un antídoto contra la desesperanza. Yo he defendido siempre el humor no como elemento narcótico, sino como instrumento para sobrevolar la realidad, mirarla desde arriba y decir: "Bueno, esto es lo que está pasando. No vamos a cerrar los ojos, pero eso no significa que nos vayamos a hundir". El humor es el gran acompañante del ser humano cuando desea construir realidades más esperanzadoras y más libres. Por eso creo que sí, que el payaso encierra un filósofo.Chaplin volvió bastante legendario el momento en que descubre a Charlot, al vagabundo, The Tramp. ¿Dónde sitúas el momento, el recuerdo de la primera vez que fuiste payaso?Pues mira, con cuatro o cinco años, con mi hermano pequeño. Lo movía por la casa en una caja de cartón, lo hacía viajar por debajo de las mesas, por entre las sillas. Y recuerdo, en esa nebulosa de la infancia, sus carcajadas conmigo. Se quedó grabada en mí aquella carcajada. Aquello despertó en mí, por primera vez en mi vida, el deseo de hacer reír, el placer de sentir que alguien se ríe con lo que haces. Eso se debió quedar ahí dormido. Luego, cuando ya estudié teatro, me di cuenta de que la comedia era un lugar especial, mi lugar. Quizá porque soy impaciente. Cuando sales a escena y haces comedia, inmediatamente obtienes el resultado de tu trabajo: la gente se ríe. En la tragedia cuesta un poco más percibirlo. Tienes que esperar al final de la función, a la reflexión, a lo que la gente te esté diciendo que ha sentido o que no ha sentido, si ha llorado o no. Con la risa y la carcajada el retorno es inmediato; la ola de vitalidad que viene del patio de butacas crea adicción. El payaso me permitía ser muy libre. No tenía necesidad de compañías ni de que otra gente dependiera de mí. Podía ir yo solo con mis objetos por el mundo haciendo los números. No necesitaba grandes espacios ni grandes medios, lo hacía en la calle, en una sala pequeña, en un bar de noche. Encontré muchas cosas en el payaso, pero esa primera semilla quizá se remonte a aquellos cuatro o cinco años míos en los que descubrí que la risa era un motor de ilusión y que me hacía muy feliz ver reír a mí hermano, a la gente. A carcajadas, si es posible.PublicidadTe acaban de dar el premio Corral de Comedias en el Festival de Teatro Clásico de Almagro. Es emocionante ese festival. Ya no solo por la historia del corral, que ya es la hostia, sino por cómo es ese festival. Para mí es uno de los más bellos del mundo. No sé si mi ignorancia está siendo demasiado osada.Estoy de acuerdo. De los premios que he recibido, este quizás sea el que más sentido tiene. Además, me lo dieron en una ceremonia en la que lo institucional estuvo en un segundo plano. Hubo algo muy bonito con la familia. Habían escrito unos textos, los habían ensayado y, sin que yo supiera nada, ahí en escena estaban mi mujer, mis hijos, una compañera que toca el arpa... Fue, de alguna manera, una fusión entre lo profesional, lo afectivo, lo familiar y luego, por qué no decirlo, también lo institucional. Había alcaldes, políticos, un ministro… Fue una fusión bella. El teatro, al final, es parte de la vida, no es algo intelectualoide que se aleja. Es algo perfectamente incardinado en nuestro ser. Fue muy bonito.Y además el nombre del premio, Corral de Comedias de Almagro. La historia del corral es preciosa. Que lo cierran en el siglo XVIII y luego lo abren como taberna, que es muy poético. Era un mesón.Sí. Se abre en su día como mesón, el Mesón del Toro. Sufrió las consecuencias de la represión, del deseo de acabar con el teatro y con esos espacios en la época de Felipe V, y aquello desaparece. Pero permanece dentro de los muros una baraja de cartas que habría pertenecido a unos cómicos. Y esa baraja de cartas inicia el camino del redescubrimiento del corral, que permanecía oculto entre capas de yeso y de muros. El escenario estaba allí. Permaneció durante siglos esperando el momento de volver a la vida. Tiene algo de Ave Fénix esa historia, y por eso también, simbólicamente, este premio significa mucho para mí.Le da una especial belleza al festival la propia historia del Corral. También eso ayuda a decir que es el más bello del mundo.Sí, efectivamente. Nace como un espacio muy particular y ha sido capaz de sobrevivir a innumerables avatares. Ahí está ahora mismo brillando. Haciendo las delicias del pueblo de Almagro y de los actores y actrices que vamos a trabajar allí.Publicidad¿Cuál fue el gran error de tu vida?He cometido tantos... Quizá el gran error es el que todavía está por cometer. Para que se lleven una alegría aquellos que se consideran mis enemigos, les diría que quizá mi mayor error ha sido nacer. Probablemente el más garrafal. Sin embargo, incordiar a aquellos a quienes no gusta que yo esté aquí, quizá convierte también en un acierto el haber nacido. Parafraseando a Calderón: el mayor error del hombre, o de este hombre, es haber nacido. Mi gran error es haber nacido, pero quizá también ha sido mi gran acierto.
Pepe Viyuela: "Mi gran error es haber nacido, pero quizá también mi gran acierto"
Aníbal Malvar habla con Pepe Viyuela sobre política y comedia.






