Esta semana he tenido la suerte de charlar con Pepe Viyuela, que recibe el premio Corral de Comedias en el Festival de Teatro de Almagro. Creo que muchas personas tienen al actor en su imaginario por sus personajes en series como Aída o por su mítico número de la escalera que sigue compartiéndose. Pero Viyuela es un actor que debería ser ejemplo no solo para la profesión, sino para todos nosotros. Su carrera es de una coherencia tan complicada… No hay discursos vacíos para quedar bien, sino que cuando dice algo lo siente de verdad. Siempre ha sido una de las voces más comprometidas del sector, y lo sigue siendo.
Me gusta cómo sigue defendiendo, ahora incluso más que nunca, la palabra payaso. Nosotros la hemos usado siempre para insultar y, sin embargo, él encuentra en la fragilidad y la inocencia del payaso algo revolucionario. En un mundo cínico, de figuras mesiánicas y totalitarias, de masculinidades tóxicas e inquebrantables, el payaso es todo lo contrario. Quizás deberíamos ser todos más payasos, preocuparnos más los unos de los otros y olvidarnos de querer vender una imagen de nosotros mismos que siempre muestra la cara brillante en redes sociales.
Pepe Viyuela también hizo una defensa del teatro como sitio de resistencia y activismo, y de cómo los clásicos nos hablan del presente, aunque parece que la gente se olvida de ellos. Tengo la sensación de que el audiovisual español no se está acercando a sus clásicos literarios, cuando sus problemas nos atraviesan todavía. Mientras que en Latinoamérica se han visto recientemente adaptaciones de Pedro Páramo o incluso Cien años de soledad, aquí parece que solo el teatro se atreve a agarrarlos y revisarlos.









