Viviana Dionicio sintió el lunes por la mañana un leve temblor en su casa de Bogotá. Cuando vio que una de sus lámparas empezaba a agitarse, reaccionó rápidamente gracias a su experiencia: cogió a su hijo y junto a su esposo se refugiaron todos bajo la gran mesa de su salón. En cuanto se detuvo el seísmo, comprobó su móvil y leyó el informe preliminar de su trabajo: el Servicio Geológico Colombiano. "Vi que había sucedido a una profundidad considerable pero la magnitud había sido grande, según recogían varias estaciones sísmicas", relata la sismóloga a El Confidencial. Aunque no estaba de servicio, acudió a las oficinas centrales, al igual que todos sus compañeros: "Sabía que había pasado algo grave". Al llegar al centro en apenas media hora, los directores ya se habían reunido, los analistas habían revisado informes y parte del equipo partía hacia la sala de crisis de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo. "No había tiempo para pensar, sólo para reaccionar. Fuimos todos a apoyar, incluso los que estábamos de descanso", recuerda Dionicio. Se repartieron tareas: unos atendían a medios de comunicación, otros registraban las réplicas de terremoto. Algunos, aprovechan los breves descansos para preguntar por sus familiares en las zonas más cercanas al epicentro, en el departamento del Chocó. Aunque habían deducido que era una situación excepcional y crítica, estaban centrados en identificar los parámetros del seísmo, no el alcance de la destrucción. "Nosotros no nos encargamos de hacer valoración de daños", explica Dionicio, siendo esta una de las labores de los distintos organismos que se estaban activando en paralelo. Cuando publicaron uno de los primeros informes, que iba acompañado de un enlace con una pequeña encuesta para los afectados, los temores se confirmaron: "Recibimos más de 19.000 respuestas", resalta la sismóloga, determinando que el temblor había golpeado con intensidad también los departamentos del Valle del Cauca, Antioquia y el Eje Cafetero, extendiéndose por casi todo el país. Las imágenes en redes sociales de edificios derrumbándose reavivaron el terrible recuerdo del reciente seísmo de Venezuela. Unas 6.000 personas perdieron la vida en cuestión de minutos ese 24 de junio. Ambos tuvieron un movimiento telúrico de unos dos minutos y una magnitud de un 7,4 de media. Pero aunque los equipos de rescate aún están trabajando y las estimaciones de daños y víctimas siguen abiertas, con unos 240 fallecidos, todo apunta a que la devastación ha sido mucho menor en el episodio que sufrió Colombia este lunes. Y la clave estaría en unas pocas diferencias, pero muy decisivas en el poder de destrucción de un terremoto. Dos placas, dos procesos distintos Los expertos destacan que los movimientos geológicos que causaron ambos terremotos fueron diferentes. En el caso de Venezuela, fue la placa del Caribe chocando con la placa Sudamericana, en un movimiento horizontal o "falla transcurrente", según explica Raúl Pérez, investigador del Instituto Geológico y Minero de España. El de Colombia ocurrió en el límite con la placa de Nazca, que se sumerge debajo de la placa Sudamericana, en lo que se denomina 'proceso de subducción'. "Responden a sistemas de fallas distintos en el mismo contexto tectónico", detalla Pérez. Los procesos de subducción, como el que causó el terremoto de este lunes, "suelen ocurrir a mayor profundidad, por debajo de 60 kilómetros que es donde se sumerge la placa desplazada", añade Emilio Trigueros, profesor de Geotecnia de la Universidad Politécnica de Cartagena. Esto se vio claramente al comparar ambos casos: los dos temblores sucesivos de La Guaira venezolana ocurrieron entre 10 y 25 kilómetros de la superficie. El que se produjo en el departamento colombiano del Chocó, a unos 100 kilómetros de profundidad. "Un terremoto profundo se siente en más zonas, pero el daño es menor porque la energía se dispersa por una mayor amplitud”, explica Pedro Espósito, experto en la Red Sísmica Nacional española. Por ello, aunque el terremoto de Colombia haya liberado una fuerza "de unos 11.200 millones de megajulios, lo equivalente a 170 bombas de Hiroshima", concreta Trigueros, "no ha tenido el mismo poder destructivo", concluye el profesor. Distinto suelo, distinta intensidad Otra de las grandes diferencias que remarcan los expertos es la composición del suelo en el que se desarrolla el seísmo. En el caso de Venezuela, el epicentro golpeó una zona poblada con edificaciones sobre una capa sedimentaria de cientos de metros. "Los valles son depósitos de sedimentos y no tienen una gran cohesión, son más blandos. Hay un cambio de onda y una amplificación brutal", describe Trigueros. TE PUEDE INTERESAR La propia ciudad de Caracas se extiende a lo largo de 100 kilómetros cuadrados del valle de la Cordillera de la Costa, y esto fue el escenario perfecto para que se produjera el 'efecto sitio'. "El efecto sitio genera una amplificación de la señal sísmica que aumenta el daño en edificios e infraestructuras", añade Pérez. En Colombia, en cambio, Dionicio explica que los lugares por los que se extendió el temblor "disponen de una variedad de suelos muy compleja", lo que hizo que la gravedad fuera muy distinta de una población a otra. "Los suelos son cosas que precisamente se están evaluando a posteriori", comenta la sismóloga. Una hora oportuna Otra de las claves que habría reducido el número de víctimas habría sido la hora a la que se produjo el seísmo. El terremoto de Colombia de este lunes ocurrió a las 7.34 de la mañana de Colombia (14.34, hora peninsular). Un momento en que muchas familias ya habían salido de sus casas en dirección al trabajo o las escuelas. TE PUEDE INTERESAR En cambio, el caso de Venezuela sucedió a las 18:04 de hora local (00:04 en Madrid). Era un día, además, que contaba con las festividades de la conmemoración de la Batalla de Carabobo y las fiestas de San Juan, por lo que muchos comercios estaban cerrados y una parte de la población disfrutaba del día libre en sus casas. En una evaluación del posible alcance de la destrucción, Pérez remarca que, según la escala Mercalli de doce grados de intensidad sísmica, en Colombia "los modelos indican una intensidad de grado VII en la zona de máxima intensidad". Este grado, considerado como 'muy fuerte', correspondería a daños moderados en estructuras resistentes y graves en edificios vulnerables o mal construidos. Por el contrario, "en Venezuela estamos hablando de un grado IX o X", catalogados como un nivel 'desastroso', correspondiente a la destrucción total de infraestructuras sólidas y daños masivos. "Hay que recordar que las escalas de daño son logarítmicas, lo que indica que hay un incremento exponencial entre cada grado de intensidad sísmica", destaca Pérez. Mientras continúan las labores de rescate a lo largo de Colombia y el gabinete de De la Espriella recopila informes del terremoto más devastador del país en la última década, los expertos intentan concienciar de los riesgos de vivir en zonas geográficas propicias a los seísmos. "Toda la costa oeste de Sudamérica es muy peligrosa en este aspecto, los seísmos son continuos", recuerda Espósito. "En esa zona hay uno cada dos horas", advierte Trigueros, quien también matiza que, por el proceso de subducción, suelen ser demasiado profundos como para afectar a la superficie. Dionicio lo confirma: su equipo ha registrado diversas réplicas en las últimas horas, una de ellas de hasta 4,8 de magnitud, pero demasiado alejado como para golpear la superficie significativamente. "Lo que nos tiene que quedar claro es que son un fenómeno natural. Eliminar el riesgo de que ocurran es imposible, pero podemos mejorar, convivir con ellos, aprender de ellos y reducir su impacto. Todo es cuestión de prioridades", concluye Trigueros.