Del Estado que registra al Estado que anticipa. Cada época transforma la manera en que el Estado conoce a la sociedad. Esa transformación suele pasar inadvertida hasta que modifica, también, la forma de ejercer el poder. A lo largo de siglos, los gobiernos administraron sus territorios a partir de censos, registros civiles, catastros y estadísticas. Esos instrumentos permitieron contar personas, medir recursos, identificar problemas y planificar políticas públicas. La burocracia moderna, que Max Weber describió como uno de los pilares del Estado contemporáneo, no fue únicamente una forma de organización administrativa: fue, sobre todo, una tecnología para producir conocimiento sobre la sociedad. Hoy asistimos a una transformación comparable. La incorporación de inteligencia artificial a la gestión pública no supone simplemente una nueva herramienta informática. Introduce un cambio en la manera en que el Estado observa la realidad, procesa información y construye las condiciones sobre las cuales decide.

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