Los sabios no se ponen de acuerdo para decidir si el atleta que elige pruebas con vallas lo hace para imitar a la vida o si es la vida la que les imita y se transforma para ellos en una traidora carrera de obstáculos. ¿No querías vallas? Pues tropieza. Tampoco parece que Sara Gallego, una vida de vallista plena, en ambos sentidos, quiera conocer la respuesta. Para ella, reina de la paciencia a la fuerza que cuando se apresura tropieza, el peor pecado de una vallista, la vida, dice, es un pasito tras otro, y superarlo todo.Tiene 25 años solo, pero experiencia de una de 30, o más. Hasta los 20 años fue una de las mejores vallistas del mundo júnior; a los 21, cuarta en los Europeos de Múnich, y a los 22 se rompió cruelmente. Desde entonces, su vida atlética ha sido solo un deseo, el de regresar, y ningún obstáculo la parará, asegura. Ni siquiera la frustración de oír un crac en su pie derecho hace 10 días, justo después de haber alcanzado, tras un proceso que creía imparable, las marcas de tres años antes, cuando salía a correr y decía, mira, yo salgo a correr y me voy a comer el mundo. Su chip era ya otro. Ese feeling de libertad lo perdió en cierta forma. Necesitaba salir rápido del purgatorio de correr en 56s unas cuantas carreras, luego en 55s, hasta llegar a los 54,36s, rozando su récord de España desde 2022 (54,34s). Cambió de entrenador. Dejó a Àlex Codina y se fue con Pau Fradera. Otro método. Otra personalidad. Salió. Volvió a sufrir del Aquiles, el punto débil. Lloró un día, porque estaba en la forma de su vida, pero salió del bache entrenando en bicicleta para evitar los impactos en su pie, y en piscina. Compite el martes por la mañana en una Birmingham que se acerca a otra ola de calor –nubes altísimas, rasgones de blanco en un cielo azul azul. Son las semifinales, que no supera (55,24s). Sale a tutta y desfallece en la última recta, y reacciona sin buscar excusas en la lesión de última hora. “Siento rabia”, dice después de su primera competición oficial en cuatro años, “porque estaba convencida de que pasaría a la final. Rabia y ganas. He dado un pasito más. Este año se trataba de volver a ser la de antes. El año que viene seré mejor que nunca”.La fábula de Gallego puede que nunca se le pueda aplicar a Marta Mitjans, que no corre con vallas y a los 19 años se codea con lo mejor del mundo en los 800m, la prueba estrella en Birmingham, y pasa a semifinales (jueves 13, 13.10) corriendo en 1m 58,52s (récord de España sub-23 y tercera mejor marca española de todos los tiempos tras el récord de 38 años de Mayte Zúñiga, 1m 57,45s, y el 1m 57,62s de Mayte Martínez) en una serie supersónica liderada por el misil suizo Audrey Werro (1m 57,83s). “Me puse a cola del grupo y, simplemente se trataba de aguantar hasta el final y darlo todo en la última recta”, dice Mitjans, atleta se podría decir de cultivo ecológico, fortísima y diminuta (1,6m, 44 kilos), que se agiganta al lado de gigantes como Werro (1,73m, 57 kilos), una potencia y un estilo espectaculares que ha sido capaz de correr este verano, a los 22 años, los 800m en 1m53,80s (la primera atleta que bajaba de 1m 54s en 43 años). “Cuando lo he visto ahí en cámara de llamadas o en la salida, en la calle de al lado, la he visto enorme y me ha impresionado”, dice. “Pero correr con ella es lo mejor que me podía pasar, correr con ella. Una carrera limpia y rápida, sin especulación. Superbién para hacer marca”. Con Werro se espera en la final más deseada (viernes 14, 22.46) a la heroína inglesa, Keely Hodgkinson, quien en su serie, como la suiza, fue liebre y locomotora (1m 57,28s) de media docena de atletas que hicieron las mejores marcas de su vida, e incluso una, Eloísa Coiro, batió el récord de Italia (1m 57,56s) que tenía desde hace 46 años la legendaria Gabriella Dorio. “Son muy superiores”, reconoce Mitjans. “Tampoco creo que les suponga un esfuerzo enorme correr en uno 57 o 58. Han hecho lo que tenían que hacer y han sido liebres de lujo para el resto”. La otra española que pasó a semifinales, la complutense Rocío Arroyo (2m 0,62s), quedó tercera en la serie más lenta, la comandada por la tercera gran contendiente para el título, la holandesa Femke Bol (1m 59,66s), debutante en la distancia después de haber dejado las vallas y los 400m lisos, pruebas en las que fue la mejor de Europa y peleó con la mejor del mundo, Sydney McLaughlin.La estrella del mediofondo español es un calcetín blanco y otro negro, desparejados solo en carrera, y un estilo de vida único en la década de las redes, los datos, la tecnología. No se entrena en pista, sino en los parques y calles de Canovelles dos días a la semana a las órdenes de Alfonso Guillén, un técnico que no figura en los listados federativos porque no posee licencia. El resto de la semana, entrena a su aire en las calles de su pueblo, Arenys de Mar, o en la playa, donde le gusta ir con sus padres. “No, no entreno en pista ni con clavos, salvo en días puntuales, como el martes pasado”, dice de un entrenamiento cuyos cronómetros le envió al sabio del mediofondo español, Jorge González Amo, quien desde ese momento supo que Mitjans triunfaría en Birmingham, tan buenos eran. “Ni llevo pulsómetro ni atiendo mucho a los tiempos. Hay que entender que no a todos los atletas les va bien entrenar siempre en una pista y con todo supercalculado y que hay gente a las que les funciona improvisar un poco y cambiar mucho de aires. Yo creo que yo soy ese tipo de personas. Me gusta entrenar por sensaciones, según me encuentre el día que tenga ese entrenamiento. Es lo mejor para aprender a escuchar al cuerpo y a eso me ayuda mucho no entrenar siempre en pista”.
Marta Mitjans, la atleta de 19 años que escucha a su cuerpo y se instala en la elite mundial del mediofondo
La deportista de Arenys de Mar, que se entrena por sensaciones y sin clavos por calles y parques, logra en las series de los Europeos de Birmingham la tercera mejor marca española de la historia en los 800m












