La reapertura del estrecho de Ormuz, la espada de Damocles de Donald Trump, se ha convertido en el principal objetivo de Estados Unidos en su guerra en Irán, que ya se alarga cinco meses y medio. Cuando ordenó el inicio de la ofensiva conjunta con Israel el 28 de febrero, el presidente fijó unas metas optimistas y poco realistas: prometió al pueblo que lograría un cambio de régimen en dos semanas, en las que terminaría con el programa nuclear de Teherán y eliminaría la amenaza de sus milicias aliadas en la región. Sin embargo, desde antes del lanzamiento del primer misil, la inteligencia estadounidense ya había determinado que esos objetivos eran inasumibles tan solo desde la acción militar.La ofensiva dio paso a la diplomacia y ambos países firmaron en junio un memorándum de entendimiento por el que se comprometían a un alto el fuego de 60 días y al levantamiento de sus respectivos bloqueos navales. Pero el acuerdo saltó por los aires con sucesivos ataques de Teherán a buques en Ormuz y en bases estadounidenses en la región, así como de Washington contra infraestructura energética y civil en Irán. Progresivamente, Trump ha ido abandonando sus objetivos maximalistas y ahora busca una salida digna de la guerra, a ser posible, antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato, el próximo 3 de noviembre.Trump planteó en privado a sus asesores la posibilidad de firmar un alto el fuego indefinido bajo la amenaza de nuevos ataques si Irán enriquece uranioSegún informó este fin de semana el periódico The Wall Street Journal, el presidente ha planteado en privado a sus principales asesores la posibilidad de declarar la victoria y poner fin al conflicto aunque no se haya alcanzado un acuerdo nuclear integral, que prohíba por completo el enriquecimiento de uranio por parte de Teherán. Según revelaron al periódico fuentes de la Administración Trump, el mandatario considera que Irán “probablemente no pueda reanudar su actividad nuclear” después de que la operación Martillo de Medianoche, los bombardeos a instalaciones nucleares iraníes en junio del 2025, causara graves daños a su infraestructura.Además, Trump entiende que la inteligencia estadounidense detectaría cualquier intento de reconstruir esas instalaciones o producir de forma clandestina una bomba nuclear, y que cualquier amenaza de nuevos ataques “serviría como un elemento disuasorio duradero”, informó The Wall Street Journal. De este modo, el presidente estaría abierto a la idea de un alto el fuego “indefinido” bajo la amenaza permanente de reiniciar la ofensiva si Teherán da pasos hacia el arma atómica.Este fin de semana, Irán envió a EE.UU. una serie de exigencias para reabrir el estrecho de Ormuz, un cuello de botella crucial para el comercio internacional, por donde antes de la guerra pasaba una quinta parte del crudo mundial. El listado incluye el levantamiento del bloqueo naval estadounidense, así como de las sanciones contra Teherán, la retirada de las fuerzas estadounidenses alrededor del país, el pago de reparaciones de guerra, la liberación de los activos iraníes congelados y el fin de los ataques contra los aliados de Irán en la región.Lee tambiénLa mayoría de esas demandas ya figuraban el memorándum de entendimiento firmado en junio. Sin embargo, en ese acuerdo se establecía que Washington solo levantaría sus sanciones por completo si se alcanzaba un pacto definitivo sobre el programa nuclear iraní. La nueva posición de Teherán reafirma su estrategia de seguir erosionando a Trump, que cada vez siente una urgencia mayor por terminar el conflicto: el apoyo popular a la guerra está en declive, alrededor del 30% según las encuestas recientes, y el enorme gasto de misiles está llevando a su agotamiento, según informaron la semana pasada medios estadounidenses, aunque Trump lo negó a través de sus redes sociales.Por su parte, el presidente también confía en que su estrategia de desgaste dé sus frutos. En una entrevista con el portal Axios, declaró este fin de semana que las dificultades económicas y la elevada inflación en Irán acabarán obligando al régimen islamista a aceptar un nuevo acuerdo. “Estamos bajando el tono”, añadió, descartando nuevas acciones militares en el futuro inmediato. La proximidad de las elecciones de mitad de mandato, dentro de tres meses, ha puesto a Trump en una situación vulnerable, que ya se compara a la crisis de los rehenes de 1979, que frustró la reelección de Jimmy Carter. Al igual que entonces, la República Islámica está ejerciendo una gran presión política, que en esta ocasión va de la mano de la presión económica, pues el incremento de los precios de la energía está empeorando aún más la percepción de los votantes sobre la economía.El asesor del presidente del parlamento iraní, Majid Shakeri, ha dejado clara esta estrategia en una publicación a través de sus redes sociales. “Trump no llegará a un acuerdo con nosotros. Lo acompañaremos hasta que termine su mandato”, ha afirmado, en referencia al 20 de enero del 2029. “El camino hacia la victoria no es ni la lucha ni un acuerdo — es gestionar el proceso de ni guerra ni paz, hasta el punto de la victoria. Confirmar públicamente negociaciones con EE.UU. es una completa locura. El enfoque ganador es la negación, la ambigüedad y la paciencia estratégica”, ha concluido Shakeri.
Trump sopesa declarar la victoria en Irán sin alcanzar un acuerdo nuclear integral
El presidente prioriza el levantamiento del bloqueo en Ormuz y busca una salida a la impopular guerra a tres meses de las elecciones legislativas









