El acuerdo de paz negociado en las últimas semanas por Estados Unidos e Irán deja muchas dudas en el aire y no será, cuando se firme, una victoria para el presidente Donald Trump en una guerra que, desde el 28 de febrero, ha dañado gravemente la economía mundial por el cierre del estrecho de Ormuz y el bloqueo del Golfo Pérsico, lugar de tránsito de buena parte del petróleo y el gas que alimentan al planeta. Pese a sus pérdidas militares y en infraestructuras, es Irán quien ha marcado los tiempos de la negociación y quien, con una estrategia bélica asimétrica, ha dejado a Washington empantanado militarmente y con su imagen internacional vapuleada.PublicidadLa cadena de amenazas, ultimátums, anuncios, desmentidos, treguas sucesivas y proclamaciones de dudosas victorias en el campo de batalla lanzada por Trump no solo no descolocó al régimen iraní, sino que este respondió con tácticas similares y una resiliencia que no esperaban los mandos del Pentágono. Teherán supo ganar la contienda de la diplomacia, movilizando finalmente a buena parte de los aliados musulmanes de EEUU para buscar un acuerdo, que en realidad dejó en evidencia a una Casa Blanca acorralada, sin otra salida si no quería retirarse con el rabo entre las piernas o desatar una guerra total que podría llevar al planeta al desastre.El nuevo pacto deja clara una cuestión: no hay ganadores tras esta guerra y por eso está siendo cuestionado por muchos republicanos. Desde luego no gana Trump, cuyas estratagemas solo han beneficiado a la industria petrolera y gasífera estadounidense, han deteriorado más el nivel de vida del ciudadano de a pie en su país, han desencadenado el recelo internacional por la sumisión ante Israel, han abierto una profunda brecha con Europa y han hundido la pretendida imagen de pacificador con la que Trump accedió al poder en enero de 2025.El efecto búmeran de esta gestión nefasta de una crisis provocada por Trump, pero arrastrado por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aún tendrá un impacto muy duro en las elecciones de medio término que celebrará EEUU para renovar el Congreso en noviembre. Por eso Trump busca una victoria de última hora donde sea, por ejemplo, sobre el régimen castrista. Con el derrocamiento de Nicolás Maduro en mente, confió hacer lo mismo en Irán. Y no lo consiguió. Ahora, en plena huida hacia delante, piensa que Cuba es igual que Venezuela y empuja a su país hacia una nueva trampa, también en el Caribe.Presiones internacionales para alcanzar un acuerdoTrump indicó que el "memorando de entendimiento sobre la paz con Irán" fue abordado en los últimos días con Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin, Egipto, Jordania, Turquía y con el general pakistaní Asim Munir, principal mediador con Irán. El presidente estadounidense también habló con Netanyahu, una pieza clave en esta negociación, pues la cúpula iraní demanda también el fin de la ofensiva israelí en el Líbano, segundo frente en la guerra abierto por Tel Aviv el 2 de marzo, paralelamente a los ataques contra el país persa.PublicidadEl nuevo acuerdo, previsto para ser aplicado en dos fases, prolongaría otros sesenta días la actual tregua que rige desde el 8 de abril, aunque ha sido vulnerada reiteradas veces. También, pese a que Irán sigue enarbolando una postura un tanto ambigua al respecto, reabrirá gradualmente el estrecho de Ormuz y levantará el bloque impuesto por EEUU a los puertos iraníes.Igualmente, el acuerdo permitiría descongelar algunos de los activos financieros iraníes que se encuentran bloqueados en bancos fuera de Irán. También contempla el levantamiento de las sanciones petroleras que pesan sobre el régimen iraní. Asimismo, Teherán reclama el fin de la guerra del Líbano, donde, a pesar del alto el fuego en vigor entre el Gobierno de Beirut y Tel Aviv, el ejército israelí continúa sus operaciones en el sur del país, devastándolo para una posible ocupación y combatiendo a las milicias pro iraníes de Hizbulá.En el punto formal más importante para EEUU de este acuerdo, pues sobre esta reclamación Trump dio la orden de atacar Irán, en un plazo de 30 días continuarán las negociaciones para resolver el espinoso asunto del programa de enriquecimiento de uranio de Irán y se deberá decidir sobre el destino de los más de 400 kilogramos de ese elemento enriquecido que posee Teherán y que Washington considera susceptible de ser empleado para fabricar armamento atómico.PublicidadQuedan muchos flecos por delante para llegar al punto final de esta crisis, en todo caso. Por ejemplo, la apertura del estrecho de Ormuz con las exigencias iraníes de establecer un peaje para su cruce, un punto que no solo rechaza EEUU, sino toda la comunidad internacional. Teherán insiste en que ya nada será como antes de la guerra, por lo que quiere ampliar el control que tenía de esa vía marítima, por la cual circulaba antes del conflicto cerca del 20% del crudo mundial.Sea como sea, si se consolida este acuerdo de paz, Trump suspirará aliviado por el fin de una guerra en la que, ya a los pocos días de lanzarla, se dio cuenta de que EEUU tenía todas las de perder, quizá no en el ámbito militar, pero sí a la hora de obtener ganancias geopolíticas y estratégicas para su país. Solo ganaban las petroleras, frente al descomunal gasto en armamento y el creciente ostracismo internacional de Washington.El éxito de la guerra híbridaLa guerra ha supuesto también una ventaja de la estrategia bélica híbrida de Teherán, que, con muchos menos medios armamentísticos, en parte destruidos en las primeras semanas de la ofensiva, ha logrado aterrorizar a los aliados árabes del Golfo Pérsico con sus lanzamientos quirúrgicos de misiles y drones, y ha disparado esa presión internacional sobre EEUU mediante el cierre del paso de Ormuz y el pánico desatado entre las navieras, aseguradoras y armadores de los buques que transitaban la zona antes de la contienda.Los iraníes se han dado cuenta de que su mera resistencia a los ataques combinados de EEUU e Israel, y su efectiva capacidad para detener el tránsito energético desde el Golfo Pérsico son victorias que nadie les puede negar.Otro de los objetivos iniciales de EEUU e Israel en la guerra, la defenestración del régimen islámico, también quedó en el aire. Aunque los ataques aliados golpearon la cúpula iraní, con el asesinato de su líder, Alí Jameneí, y de numerosos altos cargos, sin embargo, la cadena de mando siguió intacta, con un sistema de resistencia que no esperaban Trump ni sus adláteres. Además, las llamadas del presidente estadounidense a la población iraní para que retomaran las protestas de enero contra la dictadura islámica pronto cayeron en saco roto. Ni hubo insurrección popular ni se la espera de momento en Irán.Pese a todo, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, defendió este fin de semana en Nueva Delhi la campaña militar de su país contra Irán. Rubio explicó que el Pentágono había alcanzado los objetivos previstos, como destruir la Armada iraní, reducir su capacidad para lanzar misiles balísticos y dañar su industria de defensa. Sin embargo, tanto Rubio como los responsables militares de su país saben perfectamente que tales heridas pueden ser restañadas, especialmente en lo que se refiere a la capacidad misilística de Irán, que puede tener, si fuera preciso apoyo tecnológico de Rusia y China, una vez se calmen las cosas.Por otra parte, los iraníes han constatado que la posesión de armas atómicas habría desaconsejado el ataque estadounidense, como ha ocurrido con Corea del Norte desde que Pyongyang hiciera su primera prueba nuclear militar en 2006. Antes de la actual guerra, la cúpula en el poder en Teherán había optado por dejar el tema nuclear como una nebulosa posibilidad. Tras lo ocurrido, la radicalización del régimen no puede ahora desechar así como así esa aspiración a disponer de la mejor forma de disuasión militar ante potencias más poderosas.PublicidadNinguna victoria geopolítica para EEUUEn estas circunstancias, pese a los éxitos tácticos militares, Trump difícilmente puede atribuirse una victoria geopolítica en Irán. El propio Israel ha conseguido más, pues ha sentado los fundamentos para una ocupación del sur del Líbano. En cambio, todas las proclamas de Trump acerca del triunfo sobre Irán están huecas y sujetas también al rumbo que quiera tomar Teherán sobre el futuro de la negociación, con un alto riesgo de ruptura de por medio, pues desde un principio el régimen iraní apuesta por no ceder un ápice en las negociaciones, sabedor de que si lo hace, perderá toda la partida.Y aún perdiendo militarmente la guerra, el régimen teocrático puede quedar reforzado en Oriente Medio, pues su control del estrecho de Ormuz sigue fuerte y sus vecinos árabes aliados de Washington saben qué significa esa estrategia híbrida iraní. Ya saben que no solo mediante una guerra convencional Teherán puede plantarles una tenaza muy peligrosa, ayudándose del llamado Eje de Resistencia de milicias proiraníes que no han recibido un mayor daño en esta crisis, salvo el caso de Hizbulá. Irán lleva preparándose para ello desde que triunfó en 1979 la revolución islámica y sus vecinos, respaldados por EEUU, empezaron a hacer todo lo posible para echar a los ayatolás del poder.Por eso, que los invencibles EEUU que proclama Trump sean cuestionados por una potencia de segundo orden a nivel global puede llevar a que el inestable líder republicano recule en la negociación y retome el camino de las amenazas y los ataques. El problema de Trump es que el tiempo se le echa encima y sus esfuerzos para dominar una crisis prevista para que durara no más de cinco o seis semanas han fracasado una y otra vez, al tiempo que se reduce el número de seguidores que apoyan la guerra. Publicidad“Llevamos tres meses y parece que una guerra que se concibió como una victoria rápida para Trump se está convirtiendo en un fracaso estratégico a largo plazo”, dijo, citado por Reuters, Aaron David Miller, exnegociador para Oriente Medio de la Casa Blanca. Los analistas coinciden en un punto de vista. Lo que está ocurriendo en Irán ha mostrado más la debilidad de EEUU que su fortaleza, desde la toma de decisiones políticas a las propias operaciones militares. Ni siquiera la vergonzosa retirada de Afganistán en 2021, que enterró veinte años de una estrategia estadounidense fallida en ese país, se acerca al revés que significará esta crisis de Irán para la política exterior de Washington, con el prestigio por los suelos en Oriente Medio y Asia, y la creciente ruptura con sus hasta ahora aliados en Europa, a quienes intentó arrastrar a una guerra sin sentido y dañina para todo el orbe.
Irán resiste después de tres meses de guerra y fuerza a Trump a una paz precaria sin los laureles de la victoria
En casi tres meses de guerra, EEUU se impuso militarmente a Irán, pero la batalla de la propaganda y la resiliencia la ganó Teherán, ahora reforzado con el acuerdo de paz en ciernes....















