La noche del jueves, nuevamente (porque ya pasó el domingo pasado) se anunció que Estados Unidos e Irán habían llegado a un principio de acuerdo para reabrir Ormuz y poner fin al punto muerto en el que se encuentra ahora mismo la guerra entre ambas naciones. La filtración venía del medio Axios, que a su vez citaba a funcionarios estadounidenses con conocimiento de las negociaciones. Solo faltaba, aseguraban, la firma del presidente Donald Trump. Si se hubiera llegado a ese principio de acuerdo entre ambos equipos negociadores, serían buenas noticias. Un acuerdo que reabriera la más importante arteria mundial del crudo, al menos durante 60 días durante los cuales se negociarían el resto de puntos del acuerdo, era la solución menos mala para Estados Unidos, como ya analizábamos en El Confidencial hace unos días, cuando se filtró el preacuerdo por primera vez. Y sin embargo, con Trump es necesario dudar de estos anuncios... porque ya los ha hecho antes. Unas horas después de la filtración de Axios, Teherán afirmó que no existía todavía tal acuerdo. Pero, entre tanto, los mercados subieron y el precio del petróleo volvió a desplomarse ante las expectativas del final del conflicto. La estrategia ha sucedido tantas veces que es innegable el patrón: la Administración Trump vende a los medios una solución del conflicto ("inminente", "próxima", "sellada") que luego no termina de materializarse, y vuelta a empezar. El objetivo es otro. La historia se ha repetido en varias ocasiones. A principios de abril, tras la entrada en vigor de un precario alto el fuego temporal mediado por Pakistán y Qatar, la Casa Blanca se apresuró a presentar la tregua como la antesala a un acuerdo de paz permanente. Trump aseguró que tanto las sanciones económicas como el bloqueo naval estaban obligando a Teherán a claudicar en cuestión de días. No fue cierto. Las negociaciones se han extendido muchos más días de los que a Trump le hubiese gustado e Irán también volvió a desmentir que fuesen a llegar a un acuerdo con la Casa Blanca. En ese momento, la delegación estadounidense abandonó las conversaciones admitiendo que las brechas en materia nuclear y el frente del Líbano eran insalvables por el momento. Sin embargo, Washington volvió a utilizar esa táctica el pasado fin de semana. El método fue el mismo. Filtraciones procedentes de Washington aseguraban que Irán y Estados Unidos estaban "próximos a un principio de acuerdo" que, según esas mismas fuentes, podría firmarse "en los próximos días". Esta vez, el texto contemplaba únicamente la reapertura del estrecho de Ormuz, con el objetivo de poner fin al daño que Irán ha logrado infligir mediante su cierre como instrumento de presión y palanca negociadora. No había, sin embargo, ninguna referencia al desmantelamiento nuclear iraní ni a su programa de misiles. Teherán, por su parte, tuvo que volver a negar que existiera un acuerdo "inminente" y acusó a Washington de utilizar filtraciones interesadas dirigidas a medios concretos para condicionar la opinión pública. Más en estos momentos, a escasos meses de la celebración de las midterms estadounidenses. Las señales no apuntan, de hecho,a que se vaya a producir un acuerdo a corto plazo. Durante este fin de semana, Washington volvió a atacar varias posiciones iraníes en el sur del país alegando "legítima defensa". Un ataque al que Irán respondió este mismo jueves lanzando una ofensiva contra lo que el gobierno ha descrito como la "base estadounidense origen del ataque", situada frente al estrecho de Ormuz. "Están negociando a duras penas", reconoció el propio Trump al referirse a las conversaciones entre ambas delegaciones. "Veremos qué acaba pasando. A lo mejor tenemos que volver atrás y acabarlo. O a lo mejor no", añadió. Desde Israel, estos indicios se interpretan como si Estados Unidos fuera a volver a la guerra abierta en cualquier momento. Una fuente del ámbito militar sostiene en conversaciones con El Confidencial que, en realidad, un alto el fuego de 60 días solo tendría sentido si Irán aceptara previamente renunciar a su material nuclear. En caso contrario, advierte, no existiría un marco real para abrir negociaciones. "Si Irán no acepta previamente entregar el uranio enriquecido, Trump no aceptará iniciar negociaciones durante un alto el fuego prolongado", afirma. La misma fuente añade que Teherán podría limitarse a prometer que no desarrollará armamento nuclear, pero considera que la existencia de uranio enriquecido al 60% hace ese compromiso poco creíble. "Irán puede prometer que no fabricará bombas, pero con uranio al 60% en su poder, según Estados Unidos, es como escribir sobre hielo", apunta. Por el momento, no existe una posición oficial israelí sobre el posible acuerdo y el proceso continúa en una fase preliminar Por el momento, subraya, no existe una posición oficial israelí sobre el posible acuerdo y el proceso continúa en una fase preliminar. En este contexto, los medios iraníes han aprovechado para difundir posibles fórmulas alternativas de negociación, entre las que se encuentran un control compartido del estrecho de Ormuz y una apertura condicionada del tráfico marítimo. Opciones que Washington, sin embargo, ha rechazado tajantemente. Pero ese escenario no significa que Estados Unidos haya descartado completamente la vía militar. Aunque las señales de las últimas semanas apuntaban a que Washington no tenía interés en regresar a una ofensiva abierta, las amenazas continúan y cada vez involucran a más países. El último episodio ha salpicado de lleno a Omán, uno de los principales mediadores del conflicto. ¿El motivo? La publicación de un informe iraní en el que se aseguraba que Mascate y Teherán mantenían conversaciones para gestionar conjuntamente el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz. A la Administración Trump no le han sentado bien esas conversaciones paralelas y Washington habría amenazado con "volar por los aires" el sultanato si no se alineaba con la estrategia impulsada por Estados Unidos y sus aliados del Golfo, especialmente Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Arabia Saudí, cuya retórica hacia Irán se ha endurecido notablemente en las últimas semanas. "Creo que Trump atacará el 60% de una forma u otra", sostiene la misma fuente israelí, en referencia al uranio enriquecido iraní. A su juicio, el presidente estadounidense aún mantiene margen para decidir los próximos pasos, pero el escenario militar continúa plenamente abierto. La fuente considera además que Washington podría estar utilizando este tiempo para preparar una eventual operación mientras prolonga las conversaciones diplomáticas. De hecho, un artículo publicado por el medio israelí Haaretz asegura que las fuerzas israelíes se estarían preparando ante la posibilidad de que la guerra con Irán se reanudara sin previo aviso. Además, el recrudecimiento y el regreso de los ataques israelíes sobre el Líbano tampoco favorecen las negociaciones. Teherán exige en ellas el fin de la ofensiva contra Hezbolá como condición imprescindible para avanzar en cualquier diálogo. Que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, haya vuelto a reanudar los ataques indica que el proceso de negociación está todavía muy alejado de las condiciones exigidas por Teherán. Solo durante el miércoles, el Ejército israelí urgió a todos los residentes del sur del Líbano —donde antes de la guerra vivían más de 800.000 personas— a desplazarse forzosamente más allá del río Zahrani y declaró como "zona de combate" el 18 % del territorio libanés situado entre la frontera y esta nueva línea divisoria. La medida supone, de facto, una ampliación de la zona militarizada en el sur del país.
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