Estados Unidos e Irán tienen hasta el 21 de agosto aproximadamente para tejer un proceso de paz que impida una nueva guerra como ésta, que puso contra las cuerdas la estabilidad en Oriente Medio y la economía global, al quedar bloqueado el Golfo Pérsico, una de las arterias del flujo energético mundial. Los riesgos de que descarrile el proceso son muy altos y no solo por el rechazo de Israel a una paz que lo puede alejar de sus objetivos geopolíticos en el Líbano. Las dos partes discrepan en los pasos a seguir para regular el programa nuclear iraní, recuperar la libre navegación en el estrecho de Ormuz o retirar las sanciones que pesan sobre Irán. En este panorama, el presidente estadounidense, Donald Trump, responsable del desaguisado, acaba de afrontar además el repudio del Senado de su país a sus excesos bélicos, lo que le resta fuerza, si no real, al menos sí moral, a su amenaza de reanudar la guerra cuando se le antoje.PublicidadLa nueva fase del diálogo que no debe durar más de dos meses, tras las aceleradas rondas de negociaciones en Suiza y la firma la semana pasada de un memorando de entendimiento, habían tomado buen rumbo con la apertura por parte de Irán del paso de Ormuz, el desbloqueo de los puertos iraníes por la Armada estadounidense, la progresiva recuperación de la exportación del crudo iraní y el anuncio de cierto alivio para las sanciones impuestas a Teherán. Pero todo el proceso de negociación está de nuevo marcado por las amenazas de Trump, que no pierde tiempo en prometer retomar los ataques si Irán impone peajes en Ormuz, algo que no han hecho aún los iraníes, o si no se lleva a cabo el regateo sobre el programa nuclear de Teherán al ritmo que quiere la Casa Blanca y que la República Islámica no está dispuesta a adoptar. Y menos aún a renunciar a ese programa, como reclaman EEUU e Israel, el otro promotor de la guerra de Irán.Cada día toma más fuerza el rechazo al despotismo con el que el presidente ha conducido al país al desastre de una guerraReacción en EEUU al despotismo de TrumpUnas amenazas, las de Trump, que los iraníes se toman con mucha calma, pues ya saben que al líder estadounidense la mayor parte de las veces se le va la fuerza por la boca. Sin embargo, en Estados Unidos, esas amenazas ya sobran y cada día toma más fuerza el rechazo al despotismo con el que el presidente ha conducido al país al desastre de una guerra en la que el prestigio estadounidense ha quedado por los suelos, los daños económicos en el propio país son enormes y que solo ha servido para demostrar que el gigante norteamericano tiene los pies de barro diplomática, económica y militarmente.Y si a Trump las artimañas iraníes en las negociaciones le ponen de los nervios, la decisión tomada la víspera por el Senado de EEUU de votar a favor de la limitación de los poderes del mandatario en la guerra, por haberla lanzado sin permiso del Congreso y por su terrible dirección, le ha puesto contra las cuerdas.PublicidadEsta votación, que es difícil que prospere, pues Trump puede vetarla, es, sin embargo, el mayor castigo legislativo, con apoyo de sus propios correligionarios, que el líder republicano ha sufrido en su despótica e impune estrategia exterior en Irán, Venezuela, Gaza, Groenlandia o en cualquier otro lugar donde ha posado su ávida mirada de oligarca. El varapalo del Senado, que votó este martes a favor de finiquitar la guerra contra Irán, o solicitar la autorización del Congreso para continuarla, con 50 votos a favor y 48 en contra, da un espaldarazo a la decisión que la Cámara de Representantes del Congreso aprobó en junio pasado en contra del desarrollo de esta contienda.PublicidadAdemás, rompe la unanimidad del apoyo republicano y evidencia todas las grietas que han ido creciendo en la mayoría gobernante desde que Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, lanzaran esta guerra el pasado 28 de febrero. Las violaciones por los propios EEUU de la tregua alcanzada el 8 de abril con Irán y el respaldo sin fisuras a la campaña de limpieza étnica de Israel en el Líbano, el segundo frente de la contienda abierto el 2 de marzo, han recibido muchas críticas republicanas, sobre todo por el caos económico que ha supuesto la guerra en el país y por la caída en picado del respeto internacional a Washington.Esta es, por otra parte, la primera vez que las dos cámaras del Congreso, la de Representantes y el Senado, aprueban una resolución conjunta que insta al presidente del país a finiquitar una crisis militar desde 1973, cuando se promulgó la Resolución sobre los Poderes de Guerra de la jefatura del Estado.Los estadounidenses prefieren la pazLa rebelión de los senadores coincide con la difusión de una última encuesta realizada por CBS News-YouGo, la primera con cierta importancia realizada después de que Trump firmara el memorando de entendimiento con Irán. En esta encuesta, los estadounidenses respaldan el fin de la guerra, aunque suponga dejar de buscar más concesiones por parte de Irán.Mientras Trump quiere el fin del conflicto para colgarse otra medalla de gran "pacificador" con intenciones electoralistas, los estadounidenses quieren finiquitar esta guerra porque ha sido un "desastre", tal como indica la interpretación de la consulta por el canal CNN.Así, el 78% de los encuestados apuestan por acabar la guerra ya y solo el 22% quisiera continuar el conflicto "hasta que Irán ceda más". Esto podría apuntar a que los estadounidenses defienden la posición de Trump, pero no es así: solo el 22% de los consultados cree que el acuerdo firmado con Irán favorece a EEUU, apenas cuatro de cada diez votantes republicanos se ha creído que Trump ha negociado una victoria y no una claudicación, y solo el 37% entiende que Irán está hoy más débil que antes de ser atacado.PublicidadUn 68% de los encuestados indicó que el acuerdo de paz no impedirá que Irán amenace a otros países, el 79% consideró que el fin de esta guerra tampoco ha hecho a los líderes iraníes más cercanos a EEUU y, al contrario de lo que prometía Trump antes de la guerra, el 74% de los estadounidenses cree que esta ofensiva no ha dado al pueblo iraní más seguridad y libertad. Aunque el acto de rebeldía del Senado no tenga consecuencias legislativas, sí es una bofetada para Trump en unos momentos muy delicados, en los que el presidente estadounidense insiste en su omnipotencia para hacer lo que quiera, aunque finalmente no acabe haciéndolo, ya sea por sus propias contradicciones o por la fuerza de sus contrincantes, como cuando amenazó con hundir a China a base de tasas y aranceles el año pasado, y finalmente fue EEUU el que salió escaldado.Irán no es el país acabado del que habla TrumpEsta debilidad de Trump se está agudizando en esta crisis, donde el régimen de los ayatolás muestra una resiliencia y una capacidad de negociación que sobrepasa al simplismo del puñetazo sobre la mesa del jefe de la Casa Blanca. Los iraníes han jugado con la ira y la frustración de Trump, y es ahí donde están consiguiendo que esta guerra, aún habiendo supuesto un desastre para la economía y el Ejército iraníes, les haya permitido salir reforzados en Oriente Medio.PublicidadNadie se cree ya las palabras de Trump en su red Truth Social, en las que insiste en que Irán se encuentra "contra las cuerdas" y dispuesto a negociar "casi cualquier cosa" con EEUU. Ahora crece entre los propios republicanos el temor a que esa impopularidad de la guerra, su mala gestión y los daños que ha causado en la economía se plasmen en los resultados de las elecciones para renovar el Congreso que tendrán lugar en noviembre próximo.La carta nuclearPor otra parte, la resolución del Senado puede dar alas a los iraníes en su enroque respecto a ciertas materias en proceso de negociación. La decisión se ha producido de nuevo justo cuando Trump recurría a sus amenazas de volatilizar Irán si el país persa no se atiene a cumplir con la agenda de EEUU sobre el programa nuclear de Teherán. Una agenda que en realidad no tiene ni consistencia ni capacidad de presión, simplemente porque la Casa Blanca desconoce dónde se encuentra el material atómico iraní y cuál es su potencial real en estos momentos, tras los bombardeos de hace un año que destrozaron buena parte de las centrales atómicas iraníes.Irán lo dejó muy claro este miércoles: las inspecciones de expertos del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) en las instalaciones nucleares iraníes solo se producirán tras la firma de un acuerdo final de paz entre EEUU y la República Islámica. Es decir, no antes de dos meses. En cambio, el director general del OIEA, Rafael Grossi, insistió, siguiendo la hoja de ruta estadounidense, que esas inspecciones comenzarán "pronto" y se harán "con la cooperación del Gobierno iraní". Estas declaraciones las hizo Grossi horas antes de que Trump subrayara que Irán había aceptado la presencia de los inspectores del OIEA, aunque en realidad los iraníes lo estaban negando.PublicidadPor si acaso, Trump recurrió de nuevo a las amenazas: si eso no fuera así, las negociaciones de paz se romperían "de inmediato". Una de las decisiones de la Administración Trump, la de levantar las restricciones a la venta del petróleo iraní, estaba condicionada por el comienzo inmediato de la negociación en el ámbito nuclear. También el regateo en torno a la liberación de los activos financieros iraníes bloqueados por EEUU y otros países, depende del tema atómico. Al igual que el acceso al fondo de 300.000 millones de dólares para la reconstrucción de Irán mencionado en el memorando de entendimiento.¿Por qué Irán centra su presión en su programa nuclear?Parece poco lógico que Irán arriesgue tales inyecciones de ayuda en unos momentos tan complicados para su economía. La explicación puede ser, sin embargo, muy simple. Teherán no confía en absoluto en Trump y menos aún en Netanyahu, empeñado en su guerra los aliados de Irán en el Líbano y experto en sabotear acuerdos de paz y treguas. Teherán no confía en absoluto en Trump y menos aún en Netanyahu, experto en sabotear acuerdos de paz y treguas.Ya en 2015, Irán firmó un acuerdo que incluía la supervisión del sector nuclear iraní por expertos internacionales y su coordinación por EEUU. La llegada de Trump al poder en su primer mandato en 2017 llevó al rechazo estadounidense de ese acuerdo un año después. Israel más tarde bombardeó esos lugares de investigación nuclear y en junio de 2025 lo volvió a hacer, esta vez con EEUU. Irán sabe que no puede confiar en la palabra de Trump y que, una vez abierto el estrecho de Ormuz, salvo el volver a cerrarlo, la única tecla de presión que le queda es el factor nuclear y la posibilidad de dejar el uranio enriquecido al 60% del que dispone (440 kilogramos) fuera del alcance de estadounidenses e israelíes, esto es, fuera de la supervisión del OIEA.PublicidadSi antes de esta guerra, el régimen chií pensaba que podría renunciar a la posesión de armas atómicas a cambio de la paz, parecería lógico que ahora solo confíe en la disuasión gracias a un poder, el nuclear, que sí es temido por sus enemigos y aparece como la única garantía de que Irán no volverá a ser atacado. Por eso será tan difícil la negociación nuclear de las próximas semanas entre EEUU e Irán.