Tecnolog�aProliferan los programas orientados a detectar cuando escribe un chatbot, pero tambi�n las alternativas ante el peligro del falso dopingUna persona utiliza ChatGPT, el chatbot de inteligencia artificial desarrollado por OpenAI.EFEFede Dur�nActualizado Lunes,
agosto
14:31Audio generado con IAUna de las biblias de la actualidad tecnol�gica es The Verge. A pesar de tratarse de un medio centrado en la faceta m�s innovadora de la econom�a, su sede todav�a est� en el bajo Manhattan, lo que otorga al proyecto m�s credibilidad a ojos de una vieja escuela apesadumbrada por la hegemon�a de los reels y los shorts. Esa especie de morri�a gremial explica, desde la esfera medi�tica pero tambi�n desde la acad�mica, la aparici�n de programas dedicados a desenmascarar al autor que recurre a la IA para redactar sus textos. As� es como surgen, apunta la web neoyorkina, diferentes herramientas al servicio de profesores universitarios, editoriales, estudios de publicidad y marketing o peri�dicos. Entre ellas destacan Pangram Labs, GPTZero, Turnitin, Copyleaks, Winston AI y Quillbot. El invento no es nuevo. Antes de la aparici�n estelar de ChatGPT y el consiguiente furor entre estudiantes perezosos y pioneros de la hiperproductividad, las instituciones educativas dispon�an de herramientas ideadas para cazar al plagiador. Es probable que algunos de los fiascos m�s notorios (por ejemplo, algunos pasajes de ciertas tesis de ciertos dirigentes pol�ticos) fuesen identificados de este modo ya en la era pre-IA. Pero unos a�os despu�s, asentado el hurac�n tras los primeros vientos de noviembre de 2022, el copia-pega queda en manos de los chatbots y el paradigma muta: no se trata ahora de levantar la alfombra del pasaje calcado por un se�or vago y rezong�n, sino de averiguar si un texto lo escribi� un software. Ci��ndonos a la teor�a, esta labor rastreadora no es dif�cil. Basta con pasar por el esc�ner (de otra m�quina) el ritmo narrativo, el vocabulario empleado y las estructuras desplegadas. El propio lector habr� vivido en sus carnes la extra�a sensaci�n de enfrentarse a una redacci�n capciosa, enarcar una ceja y rascarse el cogote: las costuras suelen notarse. La gran pega de estos sabuesos para instituciones, �rbitros, jueces de l�nea y editores jefe es que a veces fallan y un fallo arrastra consecuencias casi nunca ligeras. Son varios los casos de alumnos acusados y castigados por sus universidades sin que quede claro si realmente hubo trampas. Uno de los episodios m�s conocidos es el del franc�s Thierry Rignol, matriculado en 2023 en un MBA en Yale (EEUU). Rignol demand� a la instituci�n despu�s de que GPTZero alertase de que uno de sus trabajos hab�a sido generado con IA. Yale opt� por la v�a punitiva y le suspendi�. En su posterior demanda contra la universidad, Rignol cuestionaba la fiabilidad de estos detectores y sosten�a que pueden perjudicar de forma desproporcionada a quienes no tienen el ingl�s como lengua materna. Precisamente, la IA permite romper de manera clara, por primera vez, la barrera idiom�tica entre nativos y extranjeros, ventaja que queda anulada si el software fiscalizador no hila fino.Hay varias formas de solventar la abundancia de falsos positivos. Una, m�s artesanal, consiste en endosar a las obras la etiqueta preventiva de un hecho por personas o libre de IA. Igual que la cajetilla de tabaco alecciona al fumador sobre los riesgos que conlleva su vicio, estos cartelitos aclarar�an lo contrario: se enfrenta usted a un producto sanador fruto del intelecto humano. Otra, orientada especialmente a la educaci�n, pasa por redise�ar la evaluaci�n y permitir m�s ex�menes orales, la explicaci�n en directo de ciertos pasajes o la justificaci�n de determinados giros o recursos literarios. Tan enrarecido est� el clima que incluso Substack, una plataforma para escritores tristemente convertida en red social, ha implementado Pangram, cuya misi�n es la misma que los programas nombrados en el primer p�rrafo. Puede que la verdadera redacci�n se diluya entre productos dedicados al doping, pero tambi�n es razonable ver el vaso medio lleno: quien cultive y conserve esta habilidad gozar� de una tremenda ventaja en un mercado caracterizado por el est�ndar industrial y el hast�o homogeneizador.






