David Madí (Barcelona, 1971) ocupó diversos cargos en los gobiernos de Jordi Pujol entre 1994 y el 2003, y en Convergència, partido del que fue portavoz, hasta 2010. Es empresario y consultor.¿Cómo ve la actualidad?Pienso que cada día es más feo que el anterior y menos que el siguiente, a nivel nacional, estatal e internacional. Siento que vivimos una época de furia importante.¿Qué causa esa furia?En el contexto de aquí, desde hace una década, más que crónica política tenemos crónica judicial, que absorbe el debate político y lo desestabiliza. La democracia requiere debate y contraste de ideas. En el contexto internacional, los que tenemos una cierta convicción de occidente y de Estados Unidos como referencia incuestionable en tantas cosas, vemos que se ha instalado una política de furia absoluta y es muy preocupante.¿Qué es la política para usted?Es la capacidad, en democracia, de transformar un país con ideas y ejecuciones. No soy ingenuo y conozco las partes bonitas y las feas, pero un país sin una política de calidad tiene un problema gordo.Nuevas políticas“El Estado del bienestar se ha salido de madre; hay que gastar menos y mejor”¿Por ejemplo, si los dos grandes partidos no dialogan?Es aquella frase de Machado de ‘una de las dos Españas ha de helarte el corazón’ y creo que estamos a una vuelta más de esto. La democracia está hecha para el contraste de ideas y hay un mecanismo de mayorías. Europa era un referente y Estados Unidos, pero vamos hacia democracias cada vez con más dosis de iliberalismo, donde lo importante es la controversia, mejor cuanto más violenta.¿Qué futuro augura a Europa?Tendrá que reflexionar. Hay dos problemas graves: la abrumadora regulación burocrática, que frena la competitividad, y un Estado del bienestar sobredimensionado.¿Qué gobierno va a replantear a la baja el Estado del bienestar?Uno de tendencia liberal. Menor presión fiscal y gastar menos, pero mejor, es posible. Este Estado del bienestar se ha salido de madre.¿Cómo ha cambiado la política desde que lo dejó?Hemos construido una política en la que es difícil aportar talento, profesionales que se dediquen un tiempo a lo público y luego se vuelvan, que es muy anglosajón. Aquí los partidos generan una costra y es difícil entrar y difícil salir, por el sistema de penalización.Los partidos son necesarios.No hay democracia sin partidos, en el sentido de gente que defiende unas ideas, un modelo de sociedad que se confronta, que se debate y se resuelve electoralmente.En Catalunya, Aliança podría causar un descalabro. ¿Con Convergència estaríamos así?Era un gran partido, capaz de aglutinar sectores muy diversos. Mucha gente añora el espacio que ocupaba, de un catalanismo soberanista, centrado, constructivo. Confío que los países a veces cometen errores, pero los corrigen.¿Fue un error disolver CDC?Hace diez años. Yo había dejado la política, pero sé las circunstancias y con ojos de hoy son distintas.¿Junts debe pactar con Aliança, o antes perder una alcaldía?No soy partidario de cordones sanitarios, sino de avanzar y puede haber acuerdos con Aliança que funcionen y otros que no.¿Junts debería llegar a acuerdos con los socialistas?Esta legislatura, que tiene pinta de acabar convulsamente en España, soberanistas y socialistas tendrán que analizar por qué es así, si había una oportunidad de construir.¿Por qué ha fracasado?En parte por personalismos y en parte por falta de ambición y por tirarse a la pelea como instrumento político básico.¿Cuánto ha influido el devenir de la ley de Amnistía?Uno de los problemas graves de España es la juristocracia. En los últimos diez años se ha dado a los jueces las llaves del problema para que lo resuelvan y no las quieren perder. La ley de Amnistía es una prueba de eso.¿Echa en falta la política?Yo hago política civil, desde hace mucho, que es, si me gusta el plan, intento ayudar y si no me gusta, no hago nada. De la política activa no añoro demasiadas cosas.Periodista especializada en información política.