Joan Puigcercós (Ripoll, 1966) fue diputado del Congreso (2000-2006) y del Parlament (2006-2012) y conseller de Governació (2006-2008). Dirige una empresa de educación superior y es militante de ERC, partido que lideró de 2008 a 2011.La experiencia políticaEn el trabajo me dicen ‘nunca te pones nervioso’, y les digo: ‘¡Yo vengo de Vietnam!’¿Cómo ve la actualidad?Es de una gran complejidad, los políticos hoy lo tienen muy difícil.¿Qué idea tiene de la política?Tengo un sentido positivo, la política es el arte de garantizar convivencia y poder mejorar las cosas entre todos y es necesaria. Pero se confunde política con partidismo.Hay desafección, la política ha perdido su capacidad de seducir.Sí, han pasado muchas cosas. La digitalización, las redes sociales, no son culpables, pero han banalizado mucho y han bajado el nivel del debate. El político famoso es el de la frase ingeniosa, y todo eso ha dejado de lado una reflexión más profunda, explicar las propuestas. Todo es de consumo rápido. Eso empobrece mucho la política.¿Podemos corregirlo?Es muy difícil, pero tendría que haber un esfuerzo colectivo de políticos, periodistas, analistas y público en general de valorar las propuestas, analizarlas, explicarlas. Otro problema que veo es la fragmentación política, que es legítima, pero impide mayorías sólidas y tomar decisiones difíciles.¿Qué margen hay para los partidos que quieren negociar?Creo que hay que señalar nombres y apellidos. La actitud del PP y Vox de sabotear cualquier cosa, incluso si habían estado de acuerdo, dificulta mucho la política y en Catalunya es un poco igual, hay una guerra de trincheras. ERC se ha sacrificado para buscar acuerdos y espero que tenga premio.Negociar implica ceder, pero en favor del acuerdo, ¿por qué se vive como una derrota?Hoy en día la valentía es sentarse a hablar y votar algo a favor de otro partido porque parece que tenga que ser un desgaste. Hay una visión de que si pactas o haces coalición te debilitas. Esa actitud viene de lejos y no es buena, pero cambiarla es muy difícil.¿Gestionar una coalición es tan complejo como se ve desde fuera?Yo recuerdo que el primer tripartito en Catalunya ya se veía como una derrota. Si tengo que pactar, deberé ceder en una parte de mi programa. A veces hay cosas muy contradictorias, es de una dificultad extrema, pero es normal, las coaliciones están vivas, una coalición política es un estado de crisis permanente porque no hay dos partidos iguales, o tres, pero nos tenemos que acostumbrar porque vamos a más fragmentación y sin coaliciones no habrá gobernanza.¿La izquierda lo tiene más difícil para movilizar a sus votantes?Hay que hacer una reflexión. Los partidos de izquierda se han quedado la mochila de la lucha contra el cambio climático, la lucha por el feminismo, por los derechos LGTBI, por la integración de la inmigración..., y la derecha no lleva esa carga. La izquierda prohíbe cosas, hace leyes conflictivas, como prohibir fumar en bares o restaurantes, parecía que era el fin de la restauración, ha sido al contrario. Pero sale una opción de extrema derecha que no quiere prohibir nada, que todo el mundo haga lo que quiera. Miremos la carga que lleva la izquierda, eso provoca un desgaste. La desafección hacia las opciones de izquierda, normal. La izquierda es la que ordena y prohíbe y los otros, viva la vida.¿Hay algo que añore de la etapa política?No. Me desprogramé. Yo empecé en la política con 19 años siendo concejal en Ripoll, y me fui a los 45. Y es la mejor decisión porque recuperé mi vida, mi agenda. En el sector privado hay otras reglas. Me considero una persona afortunada y libre, no añoro nada. Siempre digo que miro con prismáticos la política, si me piden opinión la doy, si puedo ayudar al partido, ayudo, pero de lejos.¿Y contento de la experiencia?Sí, claro. He aprendido mucho, a conocer el país, la gente. Y a gestionar un partido, que es como una empresa, tienes que estar legitimando cada día tus decisiones, y a veces en el trabajo me dicen ‘nunca te pones nervioso’, y les digo: ‘¡Yo vengo de Vietnam!’.Periodista especializada en información política.