Los viajeros de España e Italia no pueden pagar en los aeropuertos las consecuencias de una disputa ideológica entre sus gobiernosPasajeros provenientes de Italia pasan por controles de la Policía Nacional este sábado en el aeropuerto de Barajas en Madrid.Policía NacionalEl impacto de las imágenes de la entrada masiva de inmigrantes en la playa de Ceuta, hace 10 días, es una munición gratuita impagable para aquellos que tratan de sacar ventajas políticas de la inquietud por la inmigración. Siguiendo este manual, el caso de Ceuta ha servido al Gobierno de Giorgia Meloni para revitalizarse políticamente haciendo una instrumentalización de la crisis impropia de un gran socio de la UE. En lugar de ofrecer ayuda y solidaridad a España ante el ataque a su integridad territorial, Italia decidió pedir la suspensión de la libertad de movimientos que garantiza el tratado de Schengen y luego lideró una vergonzosa campaña diplomática para que 21 países europeos cuestionaran la política de inmigración de España. La UE como bloque respaldó a España en la primera oportunidad, pero el Gobierno de Meloni no piensa renunciar al jugoso relato político que le proporciona atizar el miedo a la inmigración. Italia mantiene desde entonces controles especiales a los viajeros procedentes de España con el argumento de proteger su seguridad.De las decenas de miles de personas que entraron en la playa de Ceuta entre el 30 y el 31 de julio, la gran mayoría regresaron a Marruecos voluntariamente. Aún quedan en Ceuta miles de personas que desbordan sus recursos de acogida, especialmente en el caso de los menores. Pero la ciudad no ha sido invadida. Los protocolos de retorno funcionaron. Además, aunque Ceuta es territorio UE, ninguno de ellos puede viajar al continente, pues es imposible entrar o salir de la ciudad autónoma sin pasar un control policial. Estos datos a lo mejor no sirven para tranquilizar al votante de la derecha xenófoba italiana impactado por las imágenes. Pero deberían ser suficientes para que su Gobierno deje de sobreactuar. Meloni está vendiendo a los italianos una solución imaginaria para un problema imaginario.La hipocresía del Gobierno de Meloni quedó desenmascarada desde el primer momento. La teatralidad de apartar en los aeropuertos a los viajeros procedentes de España para pedirles la documentación es hoy pura obcecación ideológica sin ningún efecto práctico más que el de molestar a ciudadanos que tienen derecho a la libre circulación entre los dos países desde hace tres décadas. Por eso tiene poco sentido la respuesta del Gobierno español al establecer sus propios controles recíprocos, que entraron en vigor el sábado. Meloni ya ha quedado en evidencia ante sus ciudadanos y ante la UE. Infligir a los viajeros de Italia las mismas molestias en los aeropuertos españoles no tiene ninguna utilidad más que legitimar un tipo de respuesta que erosiona la confianza de los ciudadanos en Europa. Justo lo que políticos como Meloni quieren. El Gobierno de España no puede contribuir a la idea de que la libre circulación de personas se puede limitar a capricho en cualquier momento.Resulta preocupante que los gobiernos de España e Italia no hayan podido resolver esta disputa por canales diplomáticos, como si fueran países con recelos históricos. Es cierto que la brecha alrededor de la inmigración es grande. Mientras el Gobierno de España hace bandera de una regularización extraordinaria, el de Italia —que también regulariza de forma ordinaria— intenta aparentar dureza contra los inmigrantes. Pero ambos están obligados a hablar dentro de las instituciones comunes y la diplomacia. Una disputa ideológica, sobre una premisa falsa, no la pueden pagar los viajeros en la cola del aeropuerto en plena temporada turística.Archivado EnOpiniónEuropaUnión EuropeaEspañaItaliaPolíticaFronterasEspacio SchengenGobiernoPedro SánchezGiorgia MeloniCrisis migratoriaInmigración irregular EspañaCeuta