Con perplejidadLos dos grandes partidos coinciden en lo fundamental. No digo que sea bueno. Es as�El presidente del Gobierno, Pedro S�nchez.MUNDOActualizado Domingo,

agosto

22:55Audio generado con IATenemos empacho de 1936. La responsabilidad b�sica recae en una izquierda que bautiza cualquier desacuerdo como �fascista�. M�s t�midamente, la derecha, atrapada por guiones prestados, dispara con igual automatismo el calificativo de �frentepopulista�. Objetivo conseguido: fabricar enemigos a los que se niegan alianzas que uno se concede a s� mismo. Fascistas frente a comunistas. Memoria hist�rica en carne viva.La descalificaci�n mediante conjuros hist�ricos del entendimiento de la izquierda es tan rid�cula como la que se hace a los acuerdos entre Vox y el PP. Aunque hay grados: nada supera la delirante �alerta antifascista� de Podemos cuando la derecha, leg�timamente, desaloj� del gobierno al PSOE en Andaluc�a. Comp�rese el frenes� con la tibieza dispensada al genuino golpe de los secesionistas, merecedor de comprensi�n y amnist�a.Pura alucinaci�n. Basta el contraste con la Europa de los a�os 30: milicias armadas; socializaciones frente a sacralizaci�n de la propiedad; consejos obreros frente al pistolerismo patronal; soviets frente a autoritarismos corporativos.Hoy, program�ticamente, la distancia entre los dos grandes partidos se tasa en decimales. Un punto de IRPF, una prestaci�n auton�mica, un matiz sobre financiaci�n; descontada la ret�rica, poco m�s. Ni siquiera el uso del ox�moron -en una democracia sometida al imperio de la ley- del sintagma �impuestos confiscatorios� describe una discrepancia que vaya m�s all� del efectismo. Si hacemos abstracci�n de nuestra situaci�n presente -que es mucho abstraer-, en la que el PSOE parece entregado a una suerte de vivat S�nchez et pereat mundus, en lo esencial los dos grandes partidos coinciden en lo fundamental. No digo que sea bueno. Es as�.Y, sin embargo, un acuerdo b�sico entre ellos resulta inconcebible, precisamente cuando pocas veces ha sido tan necesario. Espa�a necesitar�a hoy una versi�n actualizada de los Pactos de la Moncloa para afrontar la degradaci�n institucional y revisar una deriva que PSOE y PP han compartido durante d�cadas: la cesi�n al nacionalismo.Su manifestaci�n m�s reciente es la fragmentaci�n de la Agencia Tributaria (AT), un desguace del Estado en sentido literal. Como observ� Weber, el Estado se construye sobre la concentraci�n de los medios de administraci�n y de la Hacienda p�blica. La fragmentaci�n de la AT no es una reforma t�cnica, sino una cesi�n de soberan�a efectiva. Lo dem�s, discutir sobre los muebles mientras se derrumba la casa.Una vez m�s donde siempre. Un acuerdo vetado: reforzar las instituciones comunes. Y otro que se acepta como natural: depender de fuerzas que buscan la desaparici�n del Estado com�n. Con esas que, por una extra�a cortes�a intelectual, nadie las llama por su nombre.