ForosNuestras madres y abuelas nos criaron como si la muerte estuviera agazapada detrás de cada juego, cada fruta y cada mojada bajo un buen aguaceroEscuchar09 de agosto 2026, 07:05 a. m.Los chiquillos teníamos una sentencia de muerte a cada intento de correr un riesgo. Vivíamos aterrorizados. Aun así, fuimos libres y felices. (Shutterstock/Foto) Ana Coralia FernándezFue directora de las revistas 'Tambor', 'Perfil', 'Hablemos de Niños', del suplemento 'Zurquí' y de varios proyectos didácticos. También fue directora de la emisora infantil Colorín. Desde el 2001 se dedica a narrar cuentos y viaja por el país narrando sus historias e impartiendo talleres para padres y docentes.En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.
Sobrevivimos al boli, el jocote y la chancla
Tuvimos una infancia de alto riesgo... o eso nos dijeron: semillas asesinas, huesos de pollo, pozas peligrosas, chanclas voladoras y la frecuente advertencia de que la muerte llega queditico











