Actualizado a las 12:35h.

Poco antes de llegar a San Martín de Valdeiglesias, un velo de hollín comienza a desplegarse y a ganar terreno. Un manto de ceniza recubre el sotobosque y un ligero olor a humo impregna, quince días después, el entorno. Bajo los pinos, la ... maleza ha adquirido un tono plomizo; la hojarasca se adivina tiznada y las jaras y los tomillos se dibujan, ennegrecidos, sobre la abrasada tierra. Las llamas, caprichosas en su avance, parecieron echar a suertes qué ardía y qué no: algunas copas aún se aferran a su verde habitual. Durante kilómetros, la imagen se repite.

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