El agua del Lago de Sanabria está turbia, amarillenta. En la orilla, donde se acumula la ceniza, es incluso negra. Y está templada. La imagen contrasta con la de hace una semana, o más bien con la de siempre en este paisaje zamorano. La del agua transparente, propia de un lago de origen glacial con una superficie de 350 hectáreas de extensión, el más grande de España. La zona, dentro de un Parque Natural, está acordonada bajo unas estrictas medidas de seguridad y el sonido de las sirenas es constante. También el ruido de los motores de los hidroaviones. Un helicóptero sobrevuela el embalse, envuelto en humo. Desciende, se carga de agua y se dirige a uno de los tres focos del incendio de Porto (Zamora) que aún este jueves están activos.
La incertidumbre recorre los pueblos de Sanabria desde hace una semana. El jueves 14, un rayo cayó en la Sierra de Valdeinfierno, envolviendo a los vecinos de la comarca —muy pocos de toda la vida, muchos veraneantes cuyas familias nacieron aquí o foráneos en busca de un enclave sinigual para el turismo rural— en su propio averno. Desde entonces, todos han estado hasta las cejas de humo, bajo un sol al que podían mirar fijamente durante largo rato por el velo gris y con el desasosiego por ser evacuados en cualquier momento —8.000 personas han sido desalojadas de 12 localidades durante los últimos días—. Siete jornadas en las que han estado sobre todo imbuidos del miedo por las consecuencias de las llamas para el Parque Natural.








