Aunque tenía una larga carrera teatral e incluso había dado el tiempo en Canal Sur, muchos descubrieron a Ana Fernández (1965, Valencina de la Concepción, Sevilla) con Solas, de Benito Zambrano, en 1999. Con ella ganó el Goya a mejor actriz revelación y, recuerda, “tenía 33 años y ya me decían que era demasiado mayor para el cine”.Hoy, en la serie Sueños de libertad interpreta a Digna, una mujer madura “que ama, desea y tiene vida”, subraya. En la ficción es la pareja de Nancho Novo, que interpreta a Damián, y su relación es tan comentada en redes que hasta tiene un hashtag propio, #DaDI. “Somos una pareja que se desea; parece que a partir de los cincuenta o sesenta años la mujer ya no tiene sexualidad ni siente deseo, lo cual es absolutamente erróneo”, apunta.En lo personal, su último año ha estado condicionado por la pérdida de su madre, que ha tenido un gran impacto emocional. “La echo muchísimo de menos”, afirma. También reconoce problemas de salud del cansancio acumulado. “He tenido que aprender a escucharme y a dar más importancia a dormir bien”, añade la actriz.A eso se suma su compromiso público con cuestiones sociales como la causa palestina. “No podía quedarme callada”, sostiene, consciente de la exposición que implica. Esto convive con nuevos proyectos, como el reciente estreno de Ancestral, de Pablo Aragüés y Marta Cabrera, una historia de género fantástico que recomienda porque “va más allá, al abordar la historia de mujeres que han sufrido maltrato, pero se empeñan en tener futuro y dejar esperanza a las que vienen detrás”.En ella ha trabajado con Emma Suárez y Almudena Amor. “No había rodado con ninguna y ha sido un placer”, apunta. Y en ella, para interpretar a un fascinante akelarre, ha vuelto a encontrarse con dos cómplices. “Luisa [Gavasa], Consuelo [Trujillo] y yo somos muy amigas, y volver a trabajar con ellas me llenaba de alegría. Y además en una tierra muy cinematográfica, Zaragoza, donde hicimos La novia”, indica.¿Muestra Ancestral la figura de la bruja con perspectiva feminista?Totalmente. Mi personaje, Aurora, es una mujer libre, una curandera que no ha perdido el vínculo con la naturaleza. El patriarcado nunca ha llevado bien que las mujeres sean sabias e independientes. Cuántas veces se ha llamado bruja a una curandera por estudiar las plantas y sacar beneficios para la salud.¿Cree que es importante reivindicar la amistad femenina?Sí. Yo jamás he tenido un problema con una actriz. Se habla de celos entre nosotras, pero no es verdad. Al contrario, hay un enorme compañerismo y cuidado mutuo. Y con las directoras con las que he trabajado, como Laura Mañá o Patricia Ferreira, he entablado amistades profundas. Es necesario reivindicar esto desde las narrativas, que nos veamos en pantalla y nos reconozcamos. Yo no me reconozco en esas historias de mujeres que se ponen zancadillas.Jamás he tenido un problema con una actriz; no me reconozco en esas historias de mujeres que se ponen zancadillasAna Fernández¿Cuál es su experiencia personal?Crecí viendo a mi madre en su tienda en un pueblo de Sevilla y viví la sororidad real. Esas vecinas que se ayudaban, se prestaban dinero y se decían: ‘Ya me lo pagarás’. La complicidad entre mujeres es lo que nos caracteriza y lo que hay que defender. Cuando en la ficción se muestra lo contrario, suele responder a una mirada masculina, aunque también hay mujeres que la tienen. Todos hemos sido educados en el machismo.Menciona a su madre. ¿Cómo recuerda su infancia?Mi madre falleció el 13 de marzo de este año y siento una ausencia muy grande. La echo muchísimo de menos, por eso me vienen tantas imágenes de esa época. En verano nos improvisaba una piscina en un patio que no tenía ni cinco centímetros de profundidad, y ponía jazmines de noche para que no nos picaran los mosquitos; ese es uno de mis olores ya de por vida. Nos cuidaba con paciencia, porque éramos cinco, con amor y un gran sentido del humor, que añoré mucho, y lo sentí mucho por ella, porque este último año tuvo dolor. Ahora, al recordarla, está resurgiendo lo que ella era de verdad, pero aún es duro.¿Cómo se recuerda de niña?Tenía una imaginación enorme, jugaba a crear historias y personajes. Como en mi pueblo no había cine, me alimentaba de la televisión y recreaba las películas. A los muñecos de indios y vaqueros les ponía falditas para que hubiera también mujeres. En el colegio me encantaba interpretar en las fiestas de fin de curso.¿En qué momento decidió que quería dedicarse a la interpretación?Desde pequeña. Con 17 años, un grupo de amigos montamos una compañía amateur llamada La Rueda. Nuestra primera obra fue La casa de Bernarda Alba, con mucha osadía, y nos contrataron en la Caja de San Fernando de Sevilla un verano de gira por los pueblos. Al elegir carrera universitaria, me matriculé en Historia del Arte y Arte Dramático, porque quería hacer teatro. Con los años he desarrollado interés por la antropología y por el trabajo manual, pintar, reciclar… Pero nunca pensé en dedicarme a otra cosa.Lee también¿Hubo un antes y un después de la película Solas?Sin duda. Fue un rodaje complicado de 29 días, sin imaginar lo que terminaría significando. La película tuvo la suerte de estrenarse en Berlín, que le dio un impulso enorme. Después vino el reconocimiento del público y la crítica. La volví a ver hace poco y el tiempo ha pasado muy bien por ella; los temas de soledad y maltrato que toca continúan haciendo daño.¿Cómo vivió recibir el Goya a mejor actriz revelación?Con muchísima alegría, aunque no esperaba escuchar mi nombre. Y, cuando lo dijeron, la cámara ni siquiera me enfocó a mí en un primer momento, sino a la que era pareja entonces de Benito Zambrano (risas). Fue una noche preciosa en Barcelona, donde se celebró aquella edición.La primera vez que la entrevisté, desaparecía su acento andaluz al encender la grabadora. ¿Temía que la encasillaran?Sí. Afortunadamente, hoy se ha democratizado bastante; ya no te limita tanto. Al principio, solo me llegaban propuestas para personajes marginales. Por suerte, Patricia Ferreira confió en mí para Sé quién eres, y he podido encarnar a mujeres andaluzas de las que me he sentido muy orgullosa, y a más personajes de orígenes diversos. En teatro acabo de interpretar a la marquesa de Llanzol en Carmen, nada de nadie, sobre Carmen Díez de Rivera, quien fue jefa del gabinete de Adolfo Suárez. Siendo intérprete, cuanto más amplio sea tu abanico de acentos e idiomas, mucho mejor. Yo nunca he tenido problemas. ¡Incluso daba el tiempo los fines de semana en Canal Sur!A las actrices de cuarenta y tantos años ya les asignan personajes de madres de adolescentes grandes, y con cincuenta pasas a ser abuelaAna Fernández¿Cómo se vive el paso del tiempo en el sector audiovisual?Ves cómo disminuyen las oportunidades de acceder a ciertos personajes. A las actrices de cuarenta y tantos años ya les asignan personajes de madres de adolescentes grandes, y con cincuenta pasas a ser abuela. Considero que esto está mal, pero en este momento de mi vida ya no lo sufro ni lo peleo.¿Qué supone cumplir años para una actriz?Empecé en el cine con treinta y tres años haciendo Solas, y ya oía comentarios de que era mayor. Imagínate cómo estaban las cosas. Pero pude hacer personajes muy interesantes. A los cuarenta, cuando decían que ya no habría trabajo, yo seguía haciendo protagonistas. A partir de los cincuenta hay pocos papeles, aunque empiezo a ver cambios, al menos en este país. Cada vez hay más mujeres maduras como protagonistas.¿La ficción empieza a reflejar la realidad?Tiene sentido porque muchas de las espectadoras son mujeres maduras que quieren ver a mujeres reales e historias variadas. La madurez es algo maravilloso, aunque hay que adaptarse y aceptar los cambios físicos. Este trabajo depende de que te llamen, y si no te llaman, no estás.¿Ha tenido algún parón preocupante?Sí. Recuerdo uno enorme, en el que llegué a dudar de si mi carrera como actriz había terminado. Pero decidí producir un monólogo teatral sobre una mujer empoderada, y me ayudó muchísimo. Me dije: “Soy actriz, y nadie me va a quitar la seguridad de lo que soy porque no me llamen”. Supe que, si no me llamaban, me lo iba a crear yo.Ahora está con la popular serie Sueños de libertad…Sí, una serie diaria con un personaje de mujer madura con el que estoy muy contenta. Mantiene una relación de amor y sexo con el personaje de Nacho Novo. Somos una pareja que se desea, que parece que a partir de los cincuenta o sesenta años la mujer ya no tiene sexualidad ni siente deseo, lo cual es absolutamente erróneo. El mundo de la mujer aún se queda muy corto en la ficción, pero la apertura de espacio para escritoras y cineastas está permitiendo contar historias reales.La actriz tiene un gran compromiso social. Pablo Aragües y Marta Cabrera¿Qué tal se lleva con las redes sociales?No soy muy de redes sociales, pero mantengo mi cuenta de Instagram como un diario público donde comparto obras de teatro, o momentos con gente a la que quiero. Hago lo que me sale del corazón, sin estar pendiente del número de seguidores o de los likes. Sé qué fotos tendrían más repercusión, pero prefiero publicar lo que considero relevante.Suele mostrar un fuerte compromiso social. ¿Cómo gestiona esa exposición?Desde que soy consciente de la situación en Palestina y de las injusticias en otros lugares como el Congo o Venezuela, siento la necesidad de compartirlo para que se sepa, como altavoz. La causa palestina me parece la de la humanidad; es un espejo de lo que nos viene si permitimos la impunidad ante un genocidio retransmitido.¿Ha experimentado consecuencias por posicionarse?Algunas personas de la profesión me advirtieron que podría perder trabajos. Me he sentido muy sola dentro del sector. Incluso me han llegado a sugerir si no estaría canalizando un problema personal. Pero me comprometí a no callarme, especialmente tras el asesinato de Hiba Abu Nad, una poeta palestina con la que tenía contacto y cuyos versos sigo recitando. Voy con la kufiya a actos públicos y en mi día a día.Lee también¿Y dónde encuentra esperanza?Confío en la juventud que tiene conciencia y lucha por los derechos humanos. Aunque el auge de la extrema derecha y el fascismo sea una realidad global y los medios de comunicación tengan una gran responsabilidad, creo que la toma de conciencia actual es el inicio de un gran cambio. Las revoluciones surgen ante situaciones insostenibles e injusticias atroces.¿Cuál ha sido su mayor aprendizaje de vida?Tengo la suerte de ser muy disfrutona de la vida, algo que creo que viene en los genes que me dejaron mis padres. La propia vida me nutre muchísimo y me da alegría. Soy una defensora de la alegría como motor de vida y del humor como síntoma de inteligencia. No quiero renunciar, incluso tras haber pasado años difíciles y dolorosos en el plano personal. La vida es tan hermosa y valiosa que no quiero dejar de disfrutarla.¿En qué pequeñas encuentra alegría y fuerza?Para mí, el disfrute está en lo pequeño: el cielo, las estaciones, sentir el aire, el mar... Y en sentir que el ser humano merece la pena. Me agarro a esa parte hermosa que encontramos en el alma del otro, ya sea en un gesto pequeño entre desconocidos en el metro o en una mirada sincera de amor. Eso me nutre.No me he cuidado como debiera; cuando grabas, comes mal y duermes poco, y el cuerpo al final lo notaAna Fernández¿Cómo se cuida?Intento hacer el ejercicio que puedo, pero estos últimos años han sido complicados. Por el trabajo, lo que más he podido hacer ha sido caminar. Con mi madre enferma, tenía que viajar constantemente a Sevilla. No me he cuidado como debiera; cuando grabas, comes mal y duermes poco, y el cuerpo al final lo nota.¿Hasta qué punto ha afectado el sueño a su salud física?En los últimos meses sufrí un pequeño pico de tensión por la falta de sueño. Duermo poco, unas tres horas y media de media. Me levanto a las cuatro y media casi todos los días que grabo, y a la una o dos y media ya puedo estar despierta. Llevamos casi dos años y medio con la serie diaria y acumulaba mucho tiempo así, con el cortisol por las nubes. Pero el cuerpo es sabio y te avisa. Ahora ya me estoy cuidando y lo noto. Por suerte, ya me dan las vacaciones.